30 de mayo de 2011

Y eso de sentir... ¿Qué es?

De repente, noto como una barrera se ha creado entre nosotros. Sí, es cierto. Yo no sé cómo debo comportarme. Estoy totalmente confusa. Tampoco sé muy bien qué es lo que esperas de mí. Y mucho menos, si puedo dartelo. Y lo que es peor: no sé qué espero de tí. Ni siquiera sé si esto tiene sentido, si algo entre tú y yo puede tener sentido a estas alturas. Tampoco es la primera vez que siento esto. Pero sí la vez que lo hago más intensamente.
Trataré de preguntarme: ¿Qué eres para mí? Y no encuentro respuesta aparentemente coherente. Diré para empezar, que sé que no estoy enamorada. No estoy enamorada porque el amor es un sentimiento que roza la locura y yo, cuando se trata de tí, soy completamente cuerda. No sé si me entiendes. Predomina la razón a la emoción y soy capaz de pensar mucho antes de actuar. Pero tampoco puedo decir que me provoques simple indiferencia: eres mucho más que todo eso. La verdad, es que creo que eres alguien a quien no quiero perder, pero a quien tampoco puedo tener. Que complicadas son a veces las cosas. Y si es complicado saber lo que uno quiere, más lo es compaginarlo con lo que quiere el otro. Puede parecer egoísta, pero no puedo cambiar lo que siento. No puedo despertarme por la mañana y desear una vida en tu colchón. Y no sé por qué, soy así. Tal vez sería lo más sensato. Porque nos queremos, porque pasamos tiempo juntos y porque en ocasiones, parecemos complementarnos. Porque cada una de tus palabras me afecta de tal manera que puedo estar aquí, escribiendo carácteres intentando de ordenar sentimientos como si de una habitación se tratase. Pero no. Esta vez si escucho a ese algo que debo tener dentro. No sé porque lo sé, pero lo sé: no es lo que quiero. No quiero cogerte de la mano, ni pasear a tu lado, ni prometerte promesas que no voy a cumplir, ni susurrarte que eres lo que más he querido nunca. No lo eres. Se me haría extraño darte un beso de despedida. Lo malo es que hay tantas cosas que se me hacen extrañas. ¿Se lo daría a alguien? No lo sé. La verdad que yo siempre he sido más de tortazos. El beso como transmisor del amor, lo usa todo el mundo. El caso es que tengo una forma de querer peculiar. Prefiero llamarte idiota a decirte que "te quiero", es verdad. Pero eso ya lo sabes, ya te lo esperas. Lo peor es que a estas alturas, ni siquiera sé si quiero dormir contigo. Tal vez tengas razón cuando me dices que yo solo quiero estar conmigo. Puede ser. Pero, ¿qué hay de malo? Tal vez no sea mi momento, tal vez necesite tiempo o tal vez quiera demasiado fuerte a alguien que no puedo tener. ¿Lo has pensado?. Ni siquiera yo sé qué es lo que se interpone entre tú y yo. Podría decirte que es ella y el amor, que es el pasado o que soy yo misma, pero te estaría mintiendo, porque no lo tengo claro. Tal vez sea una suma de todo eso: del miedo, de los errores y de los sentimientos.
Lo que no soporto es que me digas que no sé lo que es querer. Y si no lo soporto, si me duele tanto es porque a veces dudo. Y entonces me digo a mí misma que soy humana y que está claro que sé hacerlo. ¿Cómo no voy a saberlo? El querer debe de venir escrito en los genes de nuestra especie, ¿no? Y entonces, para salir de dudas, intento plantearme otra pregunta y responderla. ¿Qué es querer? Y una sucesión de imagenes invaden mi cabeza. Querer es sentir la necesidad de ver bien a una persona. Es desear compartir momentos con ella. Es comprar un globo de helio y soltarlo, y mientras ves cómo se aleja pensar que tú no te alejarás nunca. Querer es que no puedas sonreír si no compartes la sonrisa. Es pensar en ese alquien incluso cuando no está. Querer es verte obligado a repartir felicidad, a conseguir cosas no para tí, sino para otros. Pero cuando quieres a alguien, tienes que hacerlo feliz. Al fin y al cabo eso es el cariño, ¿no? Un modo de canalizar eso que llaman felicidad. Y definitivamente, a mí eso de hacer feliz se me da fatal. A mí se me da mejor lo de traer problemas. Lo de meter la pata. Lo de cometer errores. Lo de dudar. Lo de sentirme aterrada por momentos. Lo de esconderme. Lo de evadirme del mundo. Lo de hacer daño. Lo de ser destructiva. ¿Y de qué sirve querer cuando eres capaz de repartir tantas cosas malas? ¿Cuándo quieres pero no haces sentir querido? Entonces no sirve de nada.
Quizás ese sea el problema de mis sentimientos. Que igual que nacen, mueren dentro de mí. Pero quiero que sepas que por lo menos en alguna parte de mi interior, te quiero. A mi manera, pero te quiero.

27 de mayo de 2011

Las cosas claras.

120 km/h. Acelerar. 200 km/h. No pensar en nada. Un pasillo. Muchas puertas abiertas. Una cuerda que se va fragmentando. Y de repente, se acaban las energías. De repente te paras. Miras atrás. Muchas preguntas esperando ser respondidas. Muchas respuestas buscando preguntas para adquirir un significado. Cosas que no entiendes y otras que te gustaría entender mejor. Tu fortaleza. Y tu debilidad. Pero llega un momento en que las cosas empiezan a cobrar sentido. En que te plantas y te das cuenta de que los juegos son solo eso, juegos. Cuando te pasas el último nivel, todo sigue igual. Y dices: "Basta ya". Y recorres el camino andado, cerrando cada uno de los caminos que te hacían dudar de cuál era tu destino. Y no sabes qué hay al final, no esperas encontrar nada, pero sigues caminando. Despacio, pero seguro. Sin dudas, sin incertidumbre. Asumiendo que a veces el mejor modo de entender es simplemente seguir viviendo.

25 de mayo de 2011

No entender nada.

Pensar de forma analítica hace que entres fácilmente en los bucles. Sí, porque intentas entenderlo todo y de darle vueltas terminas por no entender nada. Necesitas justificar cada actuación y no te das cuenta que hay personas que actúan sin pensar en por qué actúan de ese modo. Pero, ¿que más da? Tú necesitas comprenderlas. Necesitas poder decir "es egoísmo" o "es soledad". Te cuesta asumir que en el mundo haya de verdad algo aleatorio. Lo cierto es que me encantaría poder entenderme y entenderle, pero no lo consigo. Me cuesta pensar que alguien pueda querer que quiere cuando lo que siente es realmente indiferencia con una mezcla de agradecimiento cuando querer es algo mucho más grande. Yo creo que sé querer. O por lo menos, sé qué es lo que más he querido en esta vida. Y no es algo que se pueda medir con pesos en una balanza. Por eso me sorprende que él venga y me diga que me quiere más (¿más? ¿Cuánto más? ¿10 centímetros más?) porque estoy más cerca y le escucho. Se me olvidaba: hay una cosa que no se puede medir analíticamente y esa cosa es el amor. Yo cuando quiero a alguien sé que lo quiero, pero no sé explicar porque. Podría decir miles de virtudes pero no serían una justificación puesto que le querría de todos modos y a otras personas que quizás compartan esas virtudes no las quiero de igual manera. Cuando quiero a alguien le quiero y punto, y es lo que siento cada vez que pienso en ella. Me encantaría poder decirle esto a él. Me encantaría poder decirselo porque por encima de todo, le aprecio. Y me gustaría que pudiera sentir lo que yo siento. Porque pese a todo lo malo que conlleva, la realidad es que en algunos momentos sería incapaz de seguir adelante sin algo tan fuerte que me une al mundo.

23 de mayo de 2011

Tokio Blues

Un lunes cualquiera caminaba sin rumbo por el fnac. Ya había cogido el cd que me iba a comprar y como no, me dispuse a leer partes de atrás de libros. No sé porque me gusta tanto leer partes de atrás. Quizás porque así puedo imaginarme cada historia como una historia perfecta. El caso que, como habitualmente, el tiempo fue escapandose entre mis dedos y no pude evitar enamorarme de un par de argumentos. Tiempo después empecé el libro: "Tokio Blues", se llamaba. Casualmente, hace no demasiado, salió la película a cartelera. Me había propuesto terminarlo pronto para, en el caso de que estuviera bien, ir a verla (para decepcionarme un poco con ella con casi total seguridad). No tuve ni que intentarlo. Desde que llegue a la pagina 10 el libro me atrapó. Hay algo en la forma de escribir de Murakami que te hace evolucionar con sus personajes, que hace que tu habitación desaparezca y poco a poco Tokio vaya llenando ese vacío.
"Tokio Blues" cuenta una historia bastante dramática, y quizás algo extraña. Es un libro narrado en primera persona por el protagonista, Watanabe, aunque creo que el personaje que más me llamó la atención fue Naoko. Desde el principio hasta el final, diferentes acontecimientos complican la vida de la chica hasta el punto de crearle problemas psicológicos. Problemas con los que Watanabe tendrá que luchar. Los personajes, a lo largo de la historia, van evolucionando y comprendiendo porque son como son.
Intentaré hacer un resumen, no apto para aquellos que quieran leer el libro.
Watanabe era el mejor amigo de Kizuki y Naoko, ambos pareja. Sin embargo, él los complementaba, siempre estaban juntos. Un día Kizuki se suicida para sorpresa de todos sin dejar ninguna explicación. Años después, en la universidad, Naoko y Watanabe se reencuentran y empiezan a compartir largos paseos durante las tardes de domingo, sin hablar de nada en concreto pero haciendose compañía. El día en que Naoko cumple 20 años, hacen el amor, siendo para ella la primera vez. Después, ella desaparece dejando una carta en la que explica al chico que no está bien y que va a pasar una temporada en un sanatorio. Durante este tiempo sin saber nada de ella y habiendola enviado una carta, Watanabe sigue llevando la vida que suelen llevar los chicos de su edad: sale con chicas y se acuesta con ellas. Un día conoce a Midori, una chica bastante guapa y abierta, para nada pudorosa, divertida y con cierto aire de misterio con la que empieza a entablar una bonita relación. Midori tiene novio, sin embargo se siente fuertemente atraída por Watanabe. De repente, Watanabe recibe una carta de Naoko en la que le cuenta que ya está algo mejor, le habla del sitio en el que está y le pide que le haga una visita y pase allí unos días. El chico va sin pensarselo dos veces. En el sanatorio no hay médicos especialistas, sino que es un lugar para aislarse del mundo, relajarse, aprender a mostrar lo que uno siente... y la progresión de Naoko es bastante buena, o al menos eso dice Reiko, su compañera de habitación con la que comparte todo. Además, la chica está más guapa que nunca. Desde esa visita, un lazo se crea entre ambos. Tienen esperanzas de un mañana en el que ella este fuera y harán una vida juntos. De regreso a la universidad, Watanabe deja de lado el sexo y continúa forjando su amistad con Misuri, cuyo padre está ingresado en un hospital y muere. Naoko empeora, tiene que ingresar en un hospital. Misuri confiesa a Watanabe que se ha enamorado de él y por eso le ha dejado con su novio, pero el chico se siente responsable de Naoko. Aún así le dice a Misuri que la quiere, que le espere porque algún día podrán tener algo, y ese día ese algo solo les pertenecerá a ellos. Finalmente, Naoko termina con su vida, al igual que habían hecho antes su novio, y anteriormente su hermana. El dolor fue demasiado fuerte para ella. Y Watanabe tiene que seguir viviendo y valorando lo que sigue estando vivo.

Algunos dialogos/fragmentos del libro, de esos que enamoran:

-No importa. Sé lo que quieres decir, pero yo tampoco sabría cómo expresarlo.

-No puedo hablar bien. Me pasa desde hace un tiempo. Cuando intento decir algo, solo se me ocurren palabras que no vienen a cuento o que expresan todo lo contrario de lo que quiero decir. Y, si intento corregirlas, me lio aún más, y más equivocadas son las palabras, y al final acabo por no saber qué quería decir al principio. Es como si tuviera el cuerpo dividido por la mitad y las dos mitades estuvieran jugando al corre que te pillo. En medio hay una columna muy gruesa y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de mí encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla. ¿Entiendes lo que quiero decir?

-Esto nos sucede a todos. Todos queremos expresarnos y nos impacientamos cuando no encontramos las palabras apropiadas.

-Tal vez mi corazón está cubierto por una coraza y sea imposible atravesarla. Por eso no puedo querer a nadie.

-¿No has estado nunca enamorado?

-No.

Hace casi cuatro meses que estoy aquí. En estos meses he pensado mucho en ti. Y he visto claro que te he tratado injustamente. Debí haber sido mejor persona contigo, haberte tratado con justicia. Pero esta manera de pensar quizás no sea la normal. Para empezar, las chicas de mi edad no usan la palabra “justicia”. A ellas les resulta indiferente que las cosas sean justas o injustas, les preocupa que sean bonitas o cómo ser felices. La “justicia” tiene un carácter masculino. Sin embargo, en mi situación esta es la palabra que más me conviene. En estos momentos “qué es bonito” o “cómo ser feliz” son proposiciones demasiado complicadas. Prefiero aferrarme a otros criterios. Por ejemplo, si algo es justo, honesto o universal. En cualquier caso, creo que no he sido justa contigo. Y en consecuencia te he arrastrado de aquí para allá y te he herido muy hondo. Al hacerlo también me he arrastrado y me he herido a mí misma. No es una excusa, no creas que trato de justificarme. Es la verdad. Si he dejado una herida en tu interior, esa herida no es solo tuya, también es mía. Así que no me odies por ello. Soy un ser imperfecto. Mucho más imperfecto de lo que crees. Por eso no quiero que me odies. Si me odiaras me partiría en mil pedazos. Sé que no puedo esconderme en mi caparazón y dejar que las cosas pasen. Y me da la impresión de que tú haces eso. A veces te envidio muchísimo, y tal vez te he arrastrado de aquí para allá por ese motivo.

-Recuerdo que me preguntaste por qué no me había acostado con Kizuki. ¿Quieres saberlo?

-Tal vez sea algo que deba saber.

-Estoy de acuerdo. Los muertos están muertos, pero nosotros seguimos viviendo. A mí no me importaba acostarme con él. Y él quería acostarse conmigo, claro. Así que lo intentamos muchas veces. Pero fue inútil. No pude hacerlo. Yo no comprendía por qué. Todavía no lo entiendo. Amaba a Kizuki, no me importaba perder la virginidad. Hubiera hecho cualquier cosa que a él le apeteciera. Pero no pude. No lograba estar húmeda. No me abría. Y el dolor era tremendo. Estaba seca, me dolía mucho. Probamos de todo. Pero nada funcionó. Aunque intentara humedecerme con algo, me dolía. Por eso siempre se lo hice con los dedos, o con los labios. ¿Comprendes? He procurado siempre no hablar de eso. He intentado mantenerlo guardado en mi corazón. Pero no me queda otro remedio. No puedo seguir callando. Aún no he podido entenderlo. Cuando me acosté contigo estaba muy húmeda. El día que cumplí 20 años estaba muy húmeda, y deseé todo el tiempo que me abrazaras, que me tomaras entre tus brazos, que me desnudaras, me acariciaras, me penetraras. Era la primera vez que sentía algo así. ¿Por qué? ¿Por qué ocurrió entonces? Yo a kizuki lo amaba con toda mi alma.

-¿Naoko se pone así a menudo?

-De vez en cuando. Se excita, llora. Pero no pasa nada. Es solo eso. Está exteriorizando sus emociones. Lo preocupante es cuando no logra sacarlas fuera. Se acumulan en su interior y se enquistan. Las emociones van petrificándose y muriendo dentro de uno. Eso sí es terrible.

-Si llegas a entenderme, ¿qué sucederá entonces?

-Eso no lo tienes muy claro, ¿Verdad? No se trata de lo que pueda suceder. En este mundo hay quien le gusta saber los horarios de los medios de transporte y se pasa el día comprobándolos. También hay quien hace barcos de un metro de largo con palillos. Por lo tanto, no es tan raro que haya por lo menos una persona que quiera entenderte, ¿no?

-¿Cómo una especie de pasatiempo?

-Si quieres, puedes llamarlo así. En general, las personas lo llaman simpatía o amor, pero si tú quieres llamarlo pasatiempo puedes hacerlo.

-Ya te decía en la carta que soy un ser mucho más imperfecto de lo que crees. Estoy mucho más enferma de lo que puedas imaginarte. Las raíces son mucho más profundas. Por eso quiero que, si puedes, sigas con tu vida. No me esperes. Si te apetece acostarte con otras chicas, hazlo. No te reprimas por mi causa. Haz todo lo que quieras. Si no, podría acabar convirtiéndote en mi compañero de viaje, y eso es algo que no quiero que suceda jamás. Me niego a interferir en tu vida, ni en la vida de nadie. Tal como te he dicho antes, ven a visitarme de vez en cuando y acuérdate siempre de mí. Eso es lo único que deseo.

-Pero no es lo que deseo yo.

-A mi lado, estás desperdiciando tu vida.

-No estoy desperdiciando nada.

-Es posible que nunca me recupere. ¿Me esperarías a pesar de todo? ¿Podrías esperarme diez, veinte años?

-Tienes demasiados miedos. A la oscuridad, a las pesadillas, al poder de los muertos. Lo que tú debes hacer es olvidarte de ellos. Si los olvidas, seguro que te recuperarás.

-Midori, me gustas mucho. No quiero que te alejes de mi, pero es imposible. En este momento estoy atado de pies y manos.

-¿A causa de ella?

-Si.

-Dime, ¿te has acostado con ella?

-Una vez, hace un año.

-¿Has vuelto a verla?

-Sí, en dos ocasiones. Pero no hemos hecho nada.

-¿Por qué? ¿Ella no te quiere?

-Quien sabe. La situación es muy complicada, tenemos varios problemas. Todo esto hace mucho tiempo que dura, y yo, la verdad, he acabo por no entender las cosas. Ni las entiendo yo, ni las entiende ella. Lo único que sé es que, como ser humano, siento cierta responsabilidad hacia ella. Y no puedo desvincularme. Al menos así lo siento ahora. Aun en el caso de que ella no me quiera.

-Soy una mujer de carne y hueso. Estoy entre tus brazos y confesándote que te quiero. Haré lo que tú me digas. Soy un poco alocada, pero me tengo por una chica honesta, una buena chica. Soy trabajadora, guapa, tengo los pechos bonitos, se cocinar, tengo un depósito en el banco con lo que me dejó mi padre. ¿no te parezco buen partido? Si no te quedas conmigo, acabaré yéndome a otra parte.

-Necesito tiempo. Tiempo para pensar, para arreglar las cosas, para decidir qué es lo mejor. Lo siento, pero por ahora es lo único que puedo prometer.

-Pero yo te gusto y no quieres que me aleje de ti. ¿no?

-Sí.

-Te esperaré. Confio en ti. Pero cuando me elijas, quiero ser la única. Cuando hagas el amor conmigo piensa solo en mí ¿Entiendes lo que trato de decirte?

-Perfectamente.

-No me hagas daño. Bastante me han herido ya a lo largo de mi vida. No quiero que me hieran nunca más. Quiero ser feliz.

Reiko siguió escribiéndome después de la muerte de Naoko. Me aseguraba que no había sido culpa mía, que no había sido culpa de nadie. Que aquello era como la lluvia, que nadie pudo impedirlo. No quise responderle. ¿Qué podía decirle? ¿De que serviría? Naoko ya no estaba en este mundo. Se había convertido en un puñado de cenizas.

Supongo que lo que más me atrapó de la historia fue la enigmática Naoko, el cómo sus problemas van saliendo a la luz, el cómo pequeñas cosas van haciendo montañas hasta el punto de que la chica no puede más. Los sentimientos que hay entre ella y Watanabe, que son algo más que un simple amor. La libertad de Misuri, la alegría, la fuerza que la diferencia de la frágil Naoko y la enseñanza final: que pese a todo lo que pase uno está donde está y tiene que vivir su vida.

22 de mayo de 2011

Muerte. Miedo.

Estaba durmiendo. De repente me desperté dentro del sueño, totalmente confundida. Intenté moverme, pero no podía. Estaba ahí, tendida en mi cama, atisbando la luz del portátil a lo lejos. Mi vista se nublaba por momentos, todo se volvía oscuro. Concentraba todas mis fuerzas en mi brazo, pero este no se levantaba. De repente me observé desde fuera. Era como si me estuviera debatiendo entre la vida y la muerte. Intenté gritar, pero no me salían las palabras, ni siquiera sentí que mis labios se moviesen. Poco a poco la imagen que tenía ante mis ojos se fue aclarando, y mi dedo meñique empezó a levantarse. Pensé en correr y contarle a alguien lo que me estaba ocurriendo. Que me estaba muriendo, que no estaba bien. Y de repente todo volvió a teñirse de gris. ¡Zas! Me despierto. Esta vez en otra dimensión. Esta vez si me muevo, esta vez si soy yo y esta vez, vuelvo a estar viva. Necesito aire. Voy a la terraza y una vez que me calmo, me vuelvo a dormir. Pero la pesadilla se vuelve a repetir, otra vez la misma y otra vez la inconsciencia me atrapa y me hace sentir ese sueño como real. Cuando vuelvo a la tierra de nuevo, tengo pánico de volver a cerrar los ojos. ¿Cuántas veces más voy a sentir que muero? No podría soportarlo más. Pero estoy cansada, muy cansada. Los ojos se me cierran solos y lo último que pienso es: "¿Y si no volviera a abrirlos? ¿Y si algún día pasase de verdad?" Y me entra miedo, mucho miedo. Y rezo, rezo para soñar y que sea contigo, rezo para olvidarme de todo.

21 de mayo de 2011

Cruda realidad.

Y lo mucho que me gustaría decirte que yo sí creo en lo nuestro. Que creo que lo podemos conseguir si nos lo proponemos. ¿Sabes por qué? Porque jamás he querido a alguien como te quiero a tí. Porque me importas tanto que haces que sea lo suficientemente fuerte como para romper todas las barreras. Y porque sé que tú sientes eso por mí. Cuando el sentimiento es tan intenso que sabes que todo lo demás serán simples fragmentos de felicidad ni siquiera es necesario que las piezas encajen: el amor llenará los huecos existentes. Sí, pese a todo de vez en cuando soy una romántica empedernida, tremendamente ñoña que haría lo que fuera por darte un beso de esos que te elevan infinitos metros sobre las nubes o incluso más arriba. Cuando todo esto es real... entonces tiene que ser posible. Lo nuestro podrá hacerse realidad si nosotras creemos que es real...

18 de mayo de 2011

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Y de repente creo entenderlo todo. La vida es un viaje hacia delante. Pero a veces cometemos errores, nos equivocamos, construimos un bucle y nos metemos en él. Sí, es cierto. Es cierto que la quise más que a nada en este mundo. Es cierto que me hizo feliz tantas veces. Que me cambio. Que su presencia supuso un punto de inflexión en mi vida. Un giro de 180 grados. No, mejor dicho. 900 grados. Y por eso jamás la olvidaré. Pero también es cierto que no fuí capaz de hacerla feliz. Que nunca seré capaz. Que siempre habrá obstáculos. Que saca lo mejor de mí, pero también lo peor. Y que nos haríamos daño hasta destruirnos, porque el amor cuando es demasiado intenso se vuelve destructivo. Lo mejor es que cada una siga su camino. Aunque duela, aunque no estemos preparadas. Asumir que a veces las piezas del puzle simplemente no encajan. Que solo seré feliz cuando sepa que ella también lo es. Y creeme, esa sensación destroza por dentro. Cuando vives algo tan grande y tan mágico y tienes que dejarlo ir. Pero no deja de ser una adicción, una droga. En cierta parte un engaño. Y sí, es triste. Pero tengo que reconocer que la magia de nuestra relación está en lo que pudimos haber sido y nunca seremos, en esa emoción tan potente que construimos, tanto que ni siquiera existe. Porque lo que nos une es... ya es irreal.

17 de mayo de 2011

Metáforas de la vida cotidiana.


Observé los cupcakes. Tenían tan buena pinta. Demasiada buena pinta. Eran dulces, siempre he preferido lo amargo. No entendía muy bien el porqué de esa atracción. Decidí comprar uno. Sabía que no era mi estilo, pero estaban ahí. Al segundo mordisco me cansé. Su sabor era... era... puf. No sabía mal pero tampoco sabía tan bien como había imaginado. Entonces decidí tirarlo a la basura. Concluí que, al otro lado del escaparate tenía mejor pinta. Así que decidí que no volvería a comer otro. Porque prefería quedarme con la sensación idealizada de que eran absolutamente perfectos. Y también porque, estaba segura, que cualquier sabor que probase sería incapaz de complacerme del todo. Yo ya había encontrado mi sabor.

14 de mayo de 2011

Maldito amor. Caprichoso amor.

Se metió en nuestros abrazos y al final lo consiguió. Ya no te miro como antes. Me he dado cuenta de repente, y esta noche no, esta noche tú y yo, y en el medio está el invierno, esta noche somos dos, cien kilómetros de ancho y cuando quieras regresar estaremos en Siberia...
Y aunque intente hacer memoria, la verdad ya no recuerdo tus caricias infinitas ni la mitad de nuestros besos.

"Una lengua que no cambia es una lengua muerta". Los sentimientos tienen el poder de colarse incluso en mis sesiones de estudio. La lengua cambia, y ellos también lo hacen. Es un proceso gradual que ocurre sin que te des cuenta, pero si te propones analizarlo desde una perspectiva sincrónica, notas que no es lo mismo. Que lo que era ya no es. Y entonces, intentas volver a sentir, recordar, entender por qué ha cambiado. A veces no hay una explicación ni un motivo concreto, simplemente ha pasado y tienes que admitirlo. Pero, ¿qué pasa si tienes la rídicula manía de intentar buscar una justificación hasta al color del cielo?
Lo cierto es que en el fondo me gustaría creer en nosotros. Poder apoyarme en ese amor que tú me puedes dar. Poder quererte, dejarme querer y formar un plural donde es singular. Pero soy de acero, no lo puedo negar. El agua de mi cuerpo se congela facilmente, el hielo va volviendose fuerte, se convierte en piedra, que se endurece hasta volverse roca que se transforma en acero. Así soy yo. Que me esfuerzo tanto en no sentir nada que lo consigo, y en el fondo siento todo, pero debajo de esa coraza que casi nadie consigue destruir. Me encantaría que pudieras entrar pero yo no puedo abrirla, no la controlo. He logrado creer tanto en ella que la he dado vida propia. Lo siento, pero ahora mismo hay un muro entre nosotros, un muro entre yo y el mundo que hace que sea incapaz de darte nada. Y necesito algo de tí, pero tampoco me lo puedes dar... me he ido demasiado lejos.

Recordando. Recordandote.

Y despúes de leer cada uno de los sentimientos que escribía sobre tí, no puedo evitar que se me ponga la piel de gallina. Quizás porque me sigue siendo subrealista que yo, la chica de acero, sintiese todo eso por tí. Que yo no tuviese miedo a cogerte de la mano, a besarte o a hacerte el amor. Que tampoco tuviese miedo a parecer una novia normal. ¿Por qué? ¿Por qué contigo no me asustaban las cosas que normalmente me aterran? Quizás llegaste en un momento raro de mi vida. Quizás en ese momento había cerrado tantas puertas que solo podía caminar hacia delante, o quizás tenía tantas cosas en las que pensar que no podía cuestionarme el hecho de si intentarlo o no. No lo sé. Lo que sí que sé es que te quise de una manera que no creía que pudiese volver a querer. Que me sacabas de quicio, te hacías odiar y lograbas que me volviese más adicta a tí, a tu sabor. Puede que sea resultado del inconformismo, no lo sé. Pero sé lo que hay. También sé que fuiste la única persona capaz de hacerme daño. Aunque me había prometido mil veces que jamás sufriría por nadie, que no merece la pena. Aunque me había concienciado de que el amor es tan rídiculo que ni siquiera existe. Porque había perdido las pocas cosas que me importaban. Y cuanto había recuperado la capacidad de sentir te marchaste. Y no me dijiste adios, desapareciste. Y lo pasé mal, mal, muy mal, fatal, no sabes cuanto. Mal por no poder ayudarte. Mal por no entenderte. Por no entender que te fueras de mi lado, que no me quisieras cuando daría todo por tí. Mal por necesitarte y que no me necesitases y mal por no saber qué estaba ocurriendo. Impotencia por no poder arreglar lo que ya estaba destruído. Y ahora re-apareces y vuelvo a temblar. Y vuelvo a sentirme un poco adicta a tí. Y tengo que reconocer que me da miedo verte, mucho miedo. Miedo a sentir algo diferente a la indiferencia que logré construír para tí. Y si todo era caótico, ahora lo es más. Porque inconscientemente provocaste un terremoto. Y tengo que estudiar.

Se cruzan. Se atan.

Putos sentimientos, malditos sentimientos. Maldito inconformismo. Maldita impulsividad y malditos extremos. Lo he descubierto, ya sé porque a veces no pienso las cosas. Porque cuando decido pensar, simplemente soy incapaz de elegir. O por lo menos, incapaz de estar segura de lo que voy a hacer. Porque cuando pienso el maldito relativismo se apodera de mi cabeza y me doy cuenta del lado bueno y malo de cada decisión y siempre consiguen equilibrar la balanza haciendo que me sienta totalmente confusa. Así que si quiero actuar, lo mejor es hacerlo sin más, sin pensar en consecuencias. Pero, ¿cuál es el problema? El problema es que normalmente, termino decidiendo mal. Y que después me encantaría poder volver atrás en el tiempo. Y a veces no se puede caminar en circulos...
Y lo poco que me gusta a mí tomar decisiones. Porque elegir, como dicen por ahí, significa abandonar otros caminos. Y mi coste de oportunidad es siempre tan alto... Ai. ¿Por qué soy tan complicada? ¿Por qué entenderlo todo hace que no entienda nada?

12 de mayo de 2011

Pasión.

Se sentó allí, en la roca más alejada del puente. La encantaba esa roca, y no porque fuera diferente a las demás sino porque cuando apoyaba sus rodillas sobre ella y miraba hacia delante podía sentir que estaba flotando en el aire, rodeada de mar. Y justo en ese momento la roca desaparecía y ella se volvía ligera. Entonces empezaba a recordar y se transportaba a ese mundo maravilloso donde todo era posible, donde su historia tenía un final y era un final feliz, un final propio de un cuento. Bueno, casi. A decir verdad, a ella no le iba el rollo príncipe besa a princesa. Pero él era un príncipe a su medida. No uno azul como el que todas las chicas desean, no. Él era su príncipe. Ese que hacía que todo fuese… perfecto. Ese que hacía que se convirtiese en una fiera, que rompiera todos los límites de lujuria y amor. Que la ponía tan nerviosa que no podía dejar de temblar pero que al mismo tiempo la hacía evadirse de tal modo que ni siquiera podía pensar en nada más que en el roce de sus manos contra su piel. Y en esos segundos hizo un viaje por todos los momentos vividos: efímeros, fugaces. Momentos que se habían esfumado como la arena de la playa cuando intentaba retenerla entre sus dedos. A la velocidad justa para que te de tiempo a saborearlo, a sentirlo, y después no quede nada. Siempre puedes volver a coger otro puñado, sí. Y a ella con él, le ocurría eso. Volvía una y otra vez pero nunca ocurría nada más. Era como subirse en una montaña rusa: el viaje es divertido pero cuando se termina, vuelves al punto de partida y no hay más. Y en ese momento lo que ella necesitaba era comprar un billete sin destino y sin retorno.

Y de repente, sintió el ritmo de una respiración acelerada. En un primer momento pensó que su corazón y su memoria la estaban traicionando. Pero después, notó una mano cálida en su hombro. Su visión del mar fue sustituida por la oscuridad de unas manos rodeando sus ojos. Notó también como la piel se le ponía de gallina: no le había visto, pero sabía que era él. Entonces recordó como la noche anterior, entre el alcohol y el deseo le había hablado de aquel lugar donde solía refugiarse. No le había visto, pero le estaba sintiendo: su olor, su fuerza, eso que transmitía inconscientemente y que tanto le gustaba. Notó la aspereza de su cabello en su cuello y todo su cuerpo se contrajo en un segundo. No hizo falta que dijeran nada. Ambos tenían un mismo deseo: saltar. Y saltar juntos, cogidos de la mano, como quién inicia algo sin saber si funcionará pero ni siquiera se lo pregunta porque en ese momento simplemente no podría tomar otra opción. Hacía frio, mucho frio, pero ni siquiera se habían dado cuenta. Entre las olas, él arrancó la camiseta de ella. Ella le mordió, como solía hacerle cuando se enfadaba. Él le acarició la cara suavemente, para después lanzarse salvaje a su cuello. Lo demás fue llegando solo.

De repente, se dio cuenta de que estaba seca. Miro atrás y no había nadie. Estaba sola. Otro encuentro más. Tan fugaz como que solo había sido el resultado de soñar despierta. Dicen que los sueños se hacen realidad. No sabía si creer en esa afirmación. Pero lo que sí sabía era que, incluso en sueños, era agradable estar con él.

6 de mayo de 2011

Cielo y tierra.

En clase dijeron que una vez que tocasemos el cielo no querríamos volver a pisar la tierra. Y lo cierto es que es verdad. Tú no solo me llevaste a mucho más de mil metros sobre el cielo sino que creaste para mí un lugar mucho mejor, cubierto de nubes rosas con olor a caramelo en el que llovían chispitas de felicidad. Desde ese día, nadie ha vuelto a hacerme sentir de ese modo. Todo lo que he vivido han sido meras aproximaciones incapaces de dejar más rastro que la indiferencia. Cambiaste mi vida de tal modo que al lado tuyo todo lo demás se queda pequeño. Pero, ¿sabes cuál es el problema? Que no sé si me alegro. Que muchas veces me enfado con el mundo. Dices que confie en tí, que volveremos a cruzarnos por la playa. Y yo pondría mi vida en tus manos pero... ¿sabes? no creo en el destino.

Ipocito y Iphoncito se quieren


Tienes demasiadas horas. Y empiezas a desaprovecharlas. Por eso mismo, porque son demasiadas. Dejas volar a tu imaginación en un vagón de tren perdido en algún lugar. Y de repente un teléfono se convierte en un principe azul, y un mp3 en una princesa que quiere ser rescatada.
-Estoy harta de reproducir siempre la misma música. Canción tras canción una y otra vez. Me sé todas de memoria, todas. Antes era entretenido pero ahora es... rutinario.
-Entiendo como te sientes. Yo también estoy harto de marcar una y otra vez los mismos números. Y retransmitir más o menos las mismas conversaciones. "-Hola, ¿que tal?-Bien, ¿y tú? El día ha ido bien, la verdad..." Siempre lo mismo. Y tantas mentiras o tantas cosas escondidas tras siempre las mismas palabras.
-¿Qué podemos hacer?
-Tenemos dos opciones. Escaparnos o intentar cambiar su vida.
-¿Cambiar su vida, cómo?
-Con nuevas melodías. Y ayudandola a afrontar situaciones que no quiere afrontar, obligandola a que hable con personas con las que no quiere hablar.
-Me parece bien.¿Podemos tener algo de tiempo para divertirnos?
-Por supuesto. Pero para divertirnos juntos, ¿verdad?
-Puede que para ser capaces de transmitir sentimientos tengamos que sentir. Sí, sí. Lo reconozco. Quiero pasar toda mi vida en este bolso mientras que tú estés a mi lado.

Y que en todas las historias haya amor


Parece mentira, pero es cierto que el amor está por todas partes. Siempre, en todas las historias se habla de amor. Como si no hubiera nada más importante. Tal vez sea que no hay nada más importante. O que la sociedad nos ha enseñado a creer que es así. Gente que se agobia porque no lo encuentra. Otros porque dan sin recibir y el último grupo por recibir sin dar. Historias enrevesadas como madejas del estilo X quiere a Y. Y quiere a Z. Y para rematar, Z quiere a X. Y entonces llega W, X se enamora de él e Y y Z deciden estar juntos. Creen que se quieren, sí. Puede que lo hagan. O puede que no. Porque querer es algo tan... relativo. Aseguras que quieres "más que a nada" o que no puedes querer más pero... ¿cómo sabes que ese es el límite de tus sentimientos? Si los seres humanos nos caracterizamos por esa capacidad de sorprendernos constantemente a nosotros mismos haciendo posible lo imposible. También hace años se pensaba que no se podía llegar a la luna. Quizás yo mañana pueda comprar una luna para tí. El caso es que sea como sea, parece que creemos que sin amor no somos nada. Y dejame que dude. Tal vez peque de independencia, pero ... sin lo único que no somos nada es sin nosotros mismos. No necesitamos amar, no. ¿Por que empeñarnos en forzar las cosas? ¿Por qué pensamos tanto en el puto amor? ¿Por qué nos esforzamos tanto en averiguar qué sentimos y qué no sentimos? Pues quizás porque aunque busque mil razones para quitarle importancia al asunto, lo cierto es que sí que sé porque no me gusta el amor. Porque es el único sentimiento capaz de provocar todos los demás, desde la tristeza hasta el odio pasando por la nostalgia y llegando a límites insospechados de felicidad. Y también porque es el más destructivo de todos. Y eso, creeme, asusta.

Divagaciones

Ideas aleatorias que llegan a tu cabeza sin una forma fija incapaces de ser definidas con simples palabras. Sentimientos complejos, puzles incompletos y fragmentos de historias sin principio ni final. Todo aquello que te gustaría ordenar pero no puedes. Textos que te gustaría traducir, pero no sabes en qué idioma están escritos.
Todo sería más sencillo si vinieramos con un manual de instrucciones pero lo cierto es que nadie nos enseña a vivir y que al mismo tiempo el mundo nos condiciona dandonos unas pautas. Unas pautas, pero no todas, quizás ahí está el problema. En que no somos totalmente libres, pero sí un poco. Y ese ápice de libertad hace que sintamos que podemos volar y nos lancemos al vacío pero de repente "¡zas!" chocamos con la pared de cristal, con los muros establecidos. Y nos damos cuenta de que en realidad vivimos engañados creyendo que podemos elegir, pero realmente no decidimos entre las infinitas posibilidades existentes sino entre las opciones que nos dan, como si fuera un exámen tipo test (quizás por eso los odio tanto). Y toda esta divagación para decir que no venimos con una guía que nos diga como tenemos que actuar. Lo de economizar el lenguaje no es lo mío. Tal vez debería haber conocido twitter antes de hacerme mayor. El caso es que nadie nos enseña a sentir, pero sí nos enseñan a intentar clasificar los sentimientos, a decir esto es amor y esto amistad, y esto una cosa intermedia, esto es cariño y esto es... yo que sé. Pero yo no entiendo muy bien esas pautas. ¿Cómo sabes que estás enamorado? ¿Es como los test de las revistas de moda? ¿Contestas a una serie de preguntas, vas sumando puntos y según cuántos obtengas te situas en un grado u otro de sentimiento? Y.. ¿Qué es exactamente el amor?
Puedo escribir varias teorías, diferentes respuestas a estas preguntas. Pero no puedo decidirme por una. Tal vez sea porque en el fondo no creo que ninguna de ellas sea cierta. O porque quizás no sea tan simple y todo sea tan relativo que dependa del segundo en el que estés viviendo. Siempre que dudo llego a la conclusión de que todo es relativo y entonces me enfado conmigo misma y con los putos relativismos que no te permiten encontrar las respuestas que necesitas y hacen que sigas dandole vueltas a la misma historia una y otra vez.
Por un lado, creo que el amor es algo tan grande, tan fuerte que hace que te conviertas en un imán que se dirige siempre hacía el mismo lugar, sin poder evitarlo. Que solo existe un ser en el planeta tierra al que serás capaz de amar y que si lo encuentras podrás alcanzar la verdadera felicidad y comer perdices. Que no necesitarás decir nada, solo con que tus ojos se crucen con los de esa persona los dos sabréis que habéis llegado al lugar donde tenéis que llegar. Y que a partir de ahí todo valga, que la fuerza de lo que os une sea capaz de destruir todos los obstáculos, por muchos que sean. Que aparezca un hilo invisible que une vuestra capacidad para sonreír y que si todo el planeta tierra se quema, lo primero que te venga a la mente sea agarrarle de la mano y quemaros juntos. Pero luego me digo a mí misma que esto no es más que un idealismo. Una forma más de enamorarse del amor. Que la realidad no es así. Nadie es feliz simplemente porque sí, nadie encuentra, las oportunidades no nos persiguen las perseguimos nosotros. Y si no hacemos nada, jamás volveremos a cruzarnos por la playa.
Y entonces pienso en el famoso y asqueroso amor como algo que está en todas partes. Como esa persona que encuentras a la vuelta de la esquina, reconoces y piensas "me gusta" y entonces decides caminar a su lado. Y te comprometes a que sea para siempre. Y haces esfuerzos por cumplir esa promesa, por ir haciendola especial entre las demás a base de momentos y recuerdos inolvidables. Pero entonces... el amor no es tan bonito como nos lo enseñan. Si es algo tan sencillo que puedas elegir entonces ya no es amor. Y para creer en algo así, prefiero no creer en nada.

2 de mayo de 2011

Esa maldita sensación.

Un día el pájaro decidió echar a volar. Saltó. Cuando estaba entre las nubes tuvo miedo, mucho miedo. Y volvió a bajar a la tierra. Pero cuandor egresó, no consiguió encontrar su hogar. Tal vez había sido destruido por un incendio, o quizás un terremoto. Quizás alguien lo había cambiado de sitio. El caso es que ya no estaba. El pequeño pajarito se sintió triste y desprotegido. No sabía que hacer. Buscó encontrarse, pero estaba perdido. El cielo era un lugar horrible. Allí casi todo le asustaba y se sentía muy muy pequeño. Pero tampoco lograba encajar en su anterior casa. Se arrepintió mucho de haber decidido saltar: ¿Quién le había mandado hacerlo? Sin embargo, ya no podía volver atrás así que le tocaba seguir hacia delante. Así el pájaro se lanzó al vacío. No sabía hacia donde se dirigía. No sabía que se encontraría. Tenía miedo, sí. Era un punto pequeño en un universo muy grande. Algunas veces, sin querer, miraba al suelo. Y le entraba un vértigo terrible. Contemplaba las casas y echaba de menos aquella en la que un día vivió. Pero solo dejaba que esa sensación durase unos segundos. Luego, agitaba sus alas muy muy fuerte, tan arriba que solo podía contemplar colores entremezclados en la lejanía, y se repetía a sí mismo que ya quedaba menos, que pronto conseguiría construir su propio nido.


Y en el fondo, yo soy como ese pajarito idiota que le da miedo todo y no sabe muy bien cual es su lugar. Por eso doy vueltas constantemente tratando de encontrar una señal que me diga "es aquí". De vez en cuando miro atrás, echo de menos y trato de fingir que si en algún momento me canso, siempre podré regresar al lugar del que vengo. Pero sé que no es así. Porque el tiempo pasa y nada es igual: ni siquiera el clima. Entonces aprendo que una vez que saltas, no puedes parar.