30 de noviembre de 2011

N=6

¿Quieres que te cuente un secreto? El 99% de mis pensamientos siguen siendo para ti. Tres cuartos de las paredes de mi habitación te siguen perteneciendo, y las canciones más bonitas llevan tu nombre escrito entre líneas. Ya sabes, todo esto son formas materialistas de decirte que sigues poseyendo el 95% de mi corazón. El 5% restante me lo quedo para mi, no te ofendas. Pero a base de algo tengo que vivir.

29 de noviembre de 2011

Sentimientos que derivan en pasión.

Si estuvieras aquí, delante mío,te comería a besos. Por un segundo me olvidaría de todo y te destrozaría, me abalanzaría sobre ti y te haría el amor hasta que no te quedasen fuerzas para respirar. Te daría todos los besos que debí dar y no di y estaría diciendo “te quieros” hasta la eternidad. Todos los que sentí y que se ahogaron en mis labios. Caos de sentimientos, nunca mejor dicho. Porque de repente siento tantas cosas que necesito canalizarlas, enviarlas a algún lugar, que no mueran dentro de mi. Echar de menos, lo vivido y lo que nunca se vivió, lo que nunca se vivirá. Volver a preguntarse esas preguntas que no tienen respuesta, volver a encontrar respuestas para preguntas que no existen, caer en lo mismo. Vueltas y vueltas, bucles, espiral. Un espejo que se rompe, una cifra odiosa, palabras desordenadas, suspiros, amor. Amor que muere si no lo pruebas tú. Amor confuso, amor ciego, amor prohibido, perdido. Amor que no sabe si es, amor que no es y al instante vuelve a ser. No lo sé. Solo sé que en estos momentos necesito comerte hasta el aliento.

27 de noviembre de 2011

Diccionarios Cris.

Me gustaría que entendieras muchas cosas. Que entendieras que a veces cuando digo "Sí" quiero decir "No". Que entendieras que cuando contesto con un "Supongo" te estoy diciendo "Claro que sí, pero no te lo creas demasiado". Que mis "si, ya" se traducen como "tendrá que ser así pero no me lo termino de creer". Que "estar ñoña" significa que hoy, solo hoy me gustaría pasarme la noche comiéndote hasta el aliento. Y sobre todo que cuando digo "idiota", "que te jodan" o "vete a la mierda" estoy gritando que TE QUIERO entre líneas.

Piezas que empiezan a encajar.

No es lo mismo amar que querer. El amor mata. Es demasiado intenso para compartirlo. El amor nos hace ser incoherentes y una relación no puede llevar incoherencia sin que sea destructiva. Ahora lo entiendo. Cuando se vuelve necesidad, cuando amas tanto que dejas de ser el protagonista de tu vida, cuando atravesarías el planeta solo para hacerla feliz aunque te fueses descomponiendo por el camino, cuando quema y duele y no te importa, cuando te quemarías tú si hiciese falta. Pasión. Sentimientos que empiezas a desconocer y uno no puede compartir aquellas cosas que no sabe clasificar. Amor que lleva a locura. Amor que antes o después termina cansando. Amar es temporal.
Y entonces aparece el querer. El querer, de verdad. No un querer aleatorio, sino lo que es querer, y saber que puede durar eternamente. Un sentimiento que sí entiendes, preguntas que sí sabes responder. Algo que puedes dar, algo que recibes, algo que te hace sentir especial. La eternidad entre sus brazos. Las ganas de comerte su boca hasta dejarle sin aliento. El construir algo, y pensar, pero pensar lo justo, porque tampoco es necesario darle vueltas a la cosa. Ese querer que te hace feliz, el querer que te mantiene en un mundo semi-ideal. Te hace volar, pero te deja dentro de la atmósfera, te permite respirar. Y solo respirando puedes ser y hacer feliz. Está permitido perder el control, pero siempre y cuando seas capaz de volver a recuperarlo.

(Chicas que después de pasarse media eternidad odiando cierto texto del señor Coelho, empiezan a entenderlo...)

Texto

Invierno.

Nevaba. Y hacía mucho frío. Pero ella había decidido salir sin abrigo. Quería sentir algo. Necesitaba con todas sus fuerzas sentir algo, cualquier cosa. No soportaba más esa pasividad, no soportaba que la vida pasase ante sus ojos así como así, que nada le afectase, que el mundo le diese igual. No había nada más horrible que ser inmune al dolor, a los golpes, al sufrimiento. Y allí, entre la nieve, era como una persona muerta en vida. Caminaba, de haber habido alguien en la calle la habría tomado por loca. Tenía la piel de gallina y los ojos llorosos. De repente, se vio reflejada en el suelo. Y contempló como las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, ahora pálidas, que en su día habían sido rosadas, preciosas, adictivas. Contempló también sus ojos, los que antaño hablaban por sí solos y ahora no decían nada. Vacíos, como ella. Y el rimmel negro, emborronando su rostro, emborronándola. ¿Que más daba? Ojalá lo hiciesen. Ojalá la cubriesen de polvo hasta desaparecer. Vivir no tenía sentido si era incapaz de emocionarse. Había encontrado la unidad capaz de medir su felicidad, y sabía que era imposible llegar a los números negativos, las únicas cifras que serían capaces de hacerla sonreír. Se quitó la camiseta y se tumbó en el suelo. Comenzó a temblar más aún. El blanco nuclear se convirtió en negro y después morado. Y mientras lloraba se proyectó en su cabeza la película de su vida, los momentos felices, los momentos en los que por aquella misma ladera se había tirado en trineo, las guerras de bolas de nieve, los muñecos que construía, sus botas de agua rosas, aquellas que tanto le gustaban. El abrigo azul que le habían regalado por su décimo cumpleaños, sus amigas, las fiestas, las piñatas, los pasteles. Su familia, esa que ya no existía. Él. Él y todas las promesas de futuro que jamás habían llegado a hacerse realidad. Todo se volvió oscuro y de fondo sonaba su canción favorita. Una luz iluminó la oscuridad reinante en su cabeza. ¿Se había muerto? ¿Estaba en el cielo? Abrió los ojos. No. Eso no era el infierno. Era una habitación de hospital. Por un momento, tuvo un sueño muy raro. Estaba él, ahí, él que la había encontrado y había corrido para salvarle la vida. Él que aún la quería. Él, que le había prometido amor eterno. Su príncipe azul. Pero no. Estaba sola.
-¿Quién me ha traído?
-Un hombre te encontró en la nieve. Ya se ha ido. ¿Qué hacías ahí tirada? No hemos encontrado drogas ni alcohol en tus venas.
-Estaba... estaba ... no lo sé. No me acuerdo qué estaba haciendo. ¿Nadie ha venido a por mi?
-No, nadie. Hemos revisado tus fichas. ¿Quieres que avisemos a alguien?
-A mis padres.
-Tus padres.... esto. Tus padres están muertos. Murieron hace dos meses. En un accidente de coche. ¿No lo recuerdas?.
Y recordó. Recordó por qué había caminando entre la nieve, buscando sentir la muerte como ellos la sintieron. Estaba allí porque la vida le había arrebatado todo. A su familia, en un accidente de coche. A sus amigos, que no habían sido capaces de acompañarla rumbo al infierno. Y a él, que no quería estar con una chica con problemas psicológicos, con una chica que tendría que derramar muchas lágrimas antes de poder dar amor. Estaba sola. Sola. Sola. Sola. Y sola no valía la pena ni siquiera estar triste.
-Quiero morir.- Dijo. Y lo dijo en voz alta. Sin que le temblase la voz ni el pensamiento. De verdad quería hacerlo, quería morir. No quería continuar con eso, siendo cada vez más infeliz. Aquella noche, en el hielo, la película que pasó por su cabeza había sido una película feliz. ¿Para qué continuar acumulando imágenes en blanco y negro? Consideraba que era mejor dejarlo ahí. Había tenido mucho. Podía darse por satisfecha.
La médico notó la sinceridad en cada una de sus palabras, leyó en su rostro ese deseo de pasar al otro mundo. Pero tampoco titubeó al contestarle:
-¿En serio? ¿En serio quieres morir? ¿Desperdiciar la oportunidad que tienes de seguir siendo feliz? ¿La oportunidad que tus padres no tuvieron? La vida no es justa. Nos da cosas y nos las quita. Nunca sabemos cuánto tiempo permanece el brillo de una estrella. De repente se apagan, por mucho que las necesitemos. Como una partida de pocker. Cada uno tiene unas cartas y a veces no son las mejores. Sin embargo, luchamos por conseguir la mejor combinación posible. - La frialdad de sus palabras, la rabia, se convirtió de repente en melancolía. - Tenía una hija de tu edad. Hace dos meses, el día anterior a la muerte de tus padres, dejó este mundo. Tenía leucemia. Llevaba luchando contra ella siete años. Y era la persona más fuerte que jamás he conocido. Y lo mejor que me había pasado. ¿Sabes lo mucho que ella hubiese querido formar una familia, tener hijos, conocer gente, salir de fiesta, estudiar una carrera? Soñaba con ser médico. Quería especializarse en oncología infantil o psiquiatría. Quería descubrir curas para su enfermedad, ayudar a los que la padecían. Quería mejorar el mundo y no pudo, porque el mundo decidió expulsarla de él. Decidió destruirla. Yo también me sentí tan vacía como tú, también pensé en tirarme al lago helado, en zambullirme, en atarme una piedra a los pies y quedarme allí para siempre. Pero no, no sería justo, para nada lo sería. Quizás te parezca una tontería. Pero una noche, decidí dormir sin taparme. También quería sentir algo. Y lo sentí, vaya si lo sentí. Soñé con ella. Apareció mientras dormía para decirme que en unos meses me encontraría a alguien a quién salvar. Que solo por eso merecía la pena que siguiera adelante. Que si yo me iba, no la encontraría, pues el cielo realmente no existe. Y que por mi culpa se echarían a perder muchas vidas. Quizás tú seas esa persona. Esa persona a la que tengo que salvar. Esa persona que mi hija creía que merecía la pena.
No pudo decir nada. Pero sintió, vaya si sintió. Quizás fuese ella o quizás no. Pero por primera vez en la vida se supo afortunada por vivir. Tener la muerte cerca te hace darte cuenta de lo que vale la vida. La vida que consideramos algo esencial, algo por lo que no debemos preocuparnos. No dejó de echar de menos. Nunca se deja de echar de menos. Pero consiguió que los recuerdos no la atormentasen. No se trataba de olvidar el pasado, sino de caminar hacia el futuro llevando consigo todo lo que había hecho que fuera lo que era.

26 de noviembre de 2011

Te echo de menos.

No puedo querer a medias. No a ti, por lo menos a ti no. Fuiste tú quién me enseñó a hacerlo todo al 100% y siempre ha sido así. No puedo darte lo que necesitas. No puedes darme lo que necesito. No conseguimos hacernos felices. Nos hacemos daño, nos destruimos poco a poco. Nuestros cuerpos se van consumiendo. El sol llega y se va, y nos dormimos. Y otro día más, otra noche más intentando poner tiritas en las heridas más profundas del mundo. Nos vamos a desangrar, ¿lo sabes?. No quiero dejar de quererte, no quiero. Pero, ¿por qué seguimos ahí? Prometo que algún día será el último día que te eche de menos. Pero hoy no. Aún no.

25 de noviembre de 2011

Del Invierno.



No quiero hablar de ti. No quiero pensarte si voy a perderte. No quiero ser esa niña tonta que se ilusiona. Ya está. Puedo sola, ¿vale? No necesito de nadie. Si te mueres no sufriré. No te necesito. ¿Te queda claro? Eso sí. Te odiaría. Te odiaría mucho, por irte, por dejarme, por olvidarme. Porque los muertos no recuerdan, ¿no? No creo que puedan hacerlo. Los muertos están muertos y punto. Pero bueno. Que he dicho que no quiero hablar de ti. Hace frío. Mucho. Pero no importa, no necesito que me arropes antes de dormir. Yo también puedo hacerlo. ¿Sabes? Soy fuerte. FUERTE. Mucho más fuerte de lo que imaginas. Y si nieva encontraré cobijo en algún lugar atechado, si llueve deambularé entre los paraguas de los demás transeúntes de la calle. Y si en algún momento te echo de menos inventaré tu recuerdo para tenerte conmigo.



(Nada de realidad. Por lo menos, no de realidad actual. Simplemente la canción de Zahara me tiene enganchaica, y aunque me imagino que no van por ahí los tiros, a mi me hace pensar en algo asi.)

23 de noviembre de 2011

Cuando estar lejos significa estarlo de verdad. Ahí, justo ahí es cuando empieza a doler...

Hoy es un día de esos en los que mis dedos desprenden nostalgia. Soy incapaz de pensar en nada que no seas tú. ¿Sabes? Quizás la única forma de avanzar sea borrar todos los caminos que te permiten retroceder, que cuando ese deseo aparezca no quede otra opción que la máxima abstención. Quizás solo dure un segundo y luego desaparezca. No sé. Sea como sea lo que no puedo es decirte adiós y ver como te vas.
Siempre decíamos que estábamos lejos. Que nos separaban miles de kilómetros insalvables, que no podía hacerte feliz por ese abrazo inexistente que jamás te pude dar en tus días de soledad, que no serías capaz de hacerme sonreír por esos besos ausentes cuando yo tenía ganas de llorar. Lejos. No sabíamos lo que era la distancia. Ahora empiezo a saberlo cuando de verdad me cuesta atisbarte, cuando siento que estoy pasando a ser el último de tus puntos suspensivos o un pensamiento que solo aparece cuando no tienes absolutamente nada más en lo que pensar. Te echo de menos, ¿sabes?. Y te sigo necesitando. No diré nada que no sea cierto. Eres la persona más especial que he conocido.

22 de noviembre de 2011

Donde dicen que hay peligro de derrumbe.

Me gustaría que pudieras entender mi mundo con solo mirarme a los ojos. Así no sería necesario explicártelo. Me gustaría escribir una carta de presentación encabezada con un letrero de peligro, algún tipo de advertencia que diga "no sabes donde te estás metiendo". Porque a veces siento que por mucho que diga "es complicado" tu cabeza no llega a entender cuanto de complicado es. Me gustaría que me escuchases cuando te digo que te voy a hacer daño y que quizás yo no merezca la pena. Pero aún así te quieres quedar a mi lado y yo no puedo decirte que no. ¿Por qué? Simple. Porque me gusta tu compañía, porque al rozar tu cuerpo me evado del mío, porque me haces sonreír y porque una parte de mi aún cree que cuando uno encuentra el modo de conseguir algo, es solo cuestión de tiempo.

Amor.

Un beso fugaz que dura eternamente. En un segundo puedes descubrir mucho más que en toda una vida sin que tu boca pruebe ese sabor. Esa sensación de que a tu alrededor todo se acelera mientras tú disfrutas ese momento maravilloso de tus labios fundiéndose con los suyos.
Una caricia, el leve roce de su mano con tu piel, y ver las estrellas. Desear con todas tus fuerzas que sus manos no se olviden de ningún centímetro de tu cuerpo.
Un olor. El olor del aire, olor a incienso, olor indescriptible que se cuela por tus fosas nasales, olor brujo que de ahora en adelante será capaz de transportarte a ese momento infinitas veces.
Y una voz. Su voz. Una voz que habla sin querer, que susurra te quieros que ni siquiera necesitan ser pronunciados en voz alta.
Amor.


(Una, que hoy se levantó con ganas de ponerse tremendamente ñoña)

20 de noviembre de 2011

Yo mataré miedos por ti.

A noche volví a tener cinco años. Escribí mi diario y leí un cuento debajo de la manta alumbrada por una luz tenue, y volví a creer en las hadas. No suelo comprarme cuentos infantiles pero este, de Santi Balmes (Cantante de Love of Lesbian), llevaba por título "Yo mataré monstruos por ti", una frase de una canción a la que tengo especial cariño por diversos motivos. Pongo aquí los fragmentos que me hicieron pensar:
-¿Cómo serán los monstruos de grandes? Yo, en comparación a una hormiga, soy una gigante, pero, ¿y si el monstruo fuera tan grande como tú? ¿Qué podría hacer yo?
-Llamarme- le dijo su padre- Escúchame. Yo mataré monstruos por ti.
-¿Cómo? -Dándote una idea para que no tengas miedo, Martina. El tamaño de los monstruos dependerá del miedo que les tengas. Si te sientes valiente, verás el monstruo pequeño y cobarde.


-Escucho a esa niña ruidosa, pero no sé cómo es. ¿Y si fuera tan grande como tú? ¿Que podría hacer?
- Llamarme.- Dijo su padre- Yo mataré miedos por ti. ¿Sabes? El miedo es elástico, como un chicle. Se hace pequeño, hasta desaparecer, cuando tú creces.


Puede ser cierto. Quizás el miedo sea algo que podemos controlar. Al fin y al cabo las cosas tienen la importancia que nosotros les damos. Para algunas personas comer es un infierno y para otras un placer. Hay quien se derrumba con un suspenso y quien piensa que la vida sigue. No todos estamos hechos de la misma pasta. Esto lleva a pensar que sí, que es cierto que los monstruos son tan grandes como nosotros permitamos que sean. Pero el miedo no es sino un sentimiento más. ¿Pueden los sentimientos controlarse? No sé contestar esa pregunta. La lógica y las reflexiones anteriores me llevarían a responder con un claro sí. Sin embargo, una parte de mi subconsciente se empeña en que no. Los sentimientos, positivos o negativos, cuando son reales te agarran, te arrastran, te salpican, te atrapan, te destruyen, te vuelven loco, cobarde, preso. Si sientes, sientes y no hay más. Quizás por eso siempre tengo miedo. Porque en el fondo de mi corazón me dejo llevar, por mi incapacidad de control y de decisión. Siempre seré diminuta al lado de un monstruo. Pero intento crecer, crecer para ser más grande o pedir ayuda para que alguien mate miedos por mi. Y así, confiando en los demás, creyendo en los polvos mágicos porque no me queda otra opción, consigo creer en mi. Y pensar que la respuesta a la pregunta anterior es que quizás, todo depende. Pero si depende, yo elijo que en mi caso pueda controlar mis miedos y sea posible que maten monstruos por mi, y matarlos también por mi misma.

Hablemos de política.

Dejando a un lado los sentimientos, hablemos de política. No sé por qué estoy escribiendo esto y tampoco sé muy bien qué pinta aquí. Supongo que básicamente, esta entrada se debe a que llevo media mañana indignada, reflexionando a cerca de los comentarios, twits y comportamientos de algunas personas.
Supongo que todos nos acordamos del famoso 15M en el que un colectivo bastante numeroso de personas se reunían en plazas de las diversas ciudades españolas para defender la libertad de voto, promoviendo ir en contra del bipartidismo y defendiendo los partidos pequeños, entre otras iniciativas que se fueron uniendo a la causa. Hasta ahí todo bien, apoyo el movimiento. Yo tampoco soporto que el gobierno vaya del PP al PSOE y viceversa, ya no por el hecho de que no esté de acuerdo con la ideología de ninguno de los dos partidos, sino porque considero que los presidentes de ambos ni siquiera saben defender lo que quieren, no saben ser buenos, solo saben ser mejores que el otro para ganar, hecho que quedo bastante claro en el debate de hace unas semanas. Y nosotros permitimos eso, permitimos que no nos gobierne alguien bueno sino alguien menos malo. Sin embargo, lo que no entiendo en absoluto es el comportamiento de algunas de esas personas a día de hoy, comportamiento que me lleva a pensar que se manifestaban exclusivamente por sentir la indignación, por acampar, por hacer botellón con sus amigos o por aparentar estar haciendo algo por el mundo, pero sin saber ni siquiera qué se estaba haciendo.
Y lo digo porque veo comentarios del estilo de "Vota a Pacma, ellos nos sacarán de la crisis" (comentario con toques irónicos, por si alguien no se ha dado cuenta). ¿No era eso lo que se defendía, el hecho de que existen más partidos al margen de los grandes? Pensaba que sí. Todos sabemos ya el resultado de las elecciones nos guste más, o menos, pero aún así, el sufragio universal que tanto nos costó conseguir nos permite elegir lo que queramos, y creo que es el único modo de quejarnos después. Defender lo que realmente nos parece mejor. Porque son aquellos que votan al PSOE para que no salga el PP, o los que votan al PP porque el PSOE lo hizo mal los que están generando ese bipartidismo, entre otros.
Por otro lado, tampoco entiendo muy bien a gente que se manifestaba aquel 15M al sol y ahora no va a votar, bien porque su voto no sirve para nada, bien porque era demasiado complicado pedirlo por correo (tan complicado como ir un par de veces a una oficina y rellenar unos papeles, perder un total de 4h para construir nuestro futuro), bien porque hace frío y llueve (ni que fuéramos gremlins, ¡coño!). Pues eso, que si no te votes luego no te quejes, pero no te quejes de nada. Ni de que se nos anulen derechos, ni de la crisis, ni del paro. De nada.
Y ya por último, tampoco entiendo en absoluto a los que critican la radicalidad pero después, si estás en contra de su partido, se sienten ofendidos. No estoy de acuerdo con la ideología del PP, como ya he dicho arriba, pero tampoco me parece bien que aquellos que defienden al PSOE pongan verdes a todos los que no piensan del mismo modo que ellos. Libertad es libertad, y si hay quien cree que el PP puede salvarnos de la crisis y considera esto más importante que otros temas como el matrimonio gay, la ley del aborto, etc. adelante. En realidad todos tenemos nuestras ideas pero tampoco somos adivinos para saber lo que va a ir ocurriendo.
Creo que no es un misterio que esta vez la derecha se hará con el poder. Puede que retrocedamos unos cuantos siglos y que se anulen derechos que en mi opinión son necesarios, pero si que es cierto que en la situación actual es más sensato pensar en paro y economía que en matrimonios, pues por mucho que el dinero no de la felicidad, sin un mínimo tampoco podemos ser felices. Ahora bien, en temas de política no soy nada optimista y tampoco confío en que Rajoy nos vaya a salvar de esta, es más, estoy prácticamente convencida de que necesitaremos ayuda exterior. ¿Por qué va a ganar la derecha? Los motivos en mi opinión son tan claros como el hecho de que va a ganar. Va a ganar porque la izquierda está desunida, porque la gente está desencantada con el PSOE y los votos de este partido se dividen entre los que optamos por otros minoritarios, los que apoyan a IU y los que deciden confiar en UPYD.
Con el final de esta entrada, que no deja de ser una extranjera colada en este blog, que no suele tener toques políticos en absoluto, no estoy para nada defendiendo al PP. Yo hoy estoy indignada con casi todo el mundo porque veo que en general falta determinación y responsabilidad. Simplemente pienso que, ya que va a ganar, habrá que intentar ser optimistas, aguantar estos cuatro años mientras que nos joden y, para las próximas elecciones, intentar ser un poco más consecuentes con todo, manifestarse por lo que creemos pero manifestarse bien y apoyar con hechos lo que defendemos con palabras, pero con hechos que de verdad sirvan, cuándo y dónde de verdad son necesarios.

19 de noviembre de 2011

Las cosas simples siempre parecen demasiado complicadas.

Y de repente estás tú, ahí, a mi lado, y estoy a gusto y no me importaría pasarme la noche entre tus brazos. Puede parecer absurdo, ridículo, extraño viniendo de mi. Yo que eso de sentir lo llevo jodidamente mal. Y es que no sé si me gusta o me asusta. ¿Cómo se pueden diferenciar esos sentimientos?.
Me asusta estar contigo porque supone dejar a un lado mis miedos, mis fantasmas y mis monstruos. Porque supone enfrentarse a cosas guardadas en un corazón alicatado. Porque implica abrirme a ti y dejar que me conozcas. ¿Y si no soy capaz de estar a la altura? ¿Y si nunca consigo darte lo que mereces? ¿Por qué hacer que te adaptes a mi peculiar forma de entender una relación si quizás no sea capaz de hacerte feliz?
Pienso demasiado. Lo sé. Tal vez sea cierto que las cosas que parecen complicadas pueden ser sencillas si creemos que lo son. Porque al fin y al cabo, el mundo es del modo que nosotros lo veamos, los sueños reales son aquellos en los que creemos y la magia existe si dejamos que entre en nuestra vida.

15 de noviembre de 2011

Dudas, dudas y más dudas.

No pido tener las cosas claras en todos los aspectos de mi vida, pero si me gustaría saber lo que quiero y confiar en mí, por lo menos en uno de ellos. Tengo miedo al pasado, al presente y al futuro. ¿Cómo elegir una carrera? Siempre me ha costado eso. Yo sabía lo que no quería (que no quería ser médico, ni abogada, ni ingeniera, ni fisioterapeuta), sabía las cosas para las que la cabeza no me daba (jamás hubiera llegado a filósofa, historiadora, geógrafa) pero jamás he tenido claro qué era lo que me gustaba o para ser más exactos, qué era lo que se me daba bien hacer. Porque sí, uno puede amar pintar por encima de todas las cosas, pero cuando te cuesta dibujar una casa con dos ventanas, olvídalo. Que sí, que una parte se consigue con esfuerzo, pero otra forma parte del talento. Lo cierto es que siempre he pensado que el tiempo iría simplificando las cosas, pero no. El tiempo, como siempre, me parece un enemigo. El tiempo, como en tantos otros asuntos, me hace sentirme cobarde.
¿Por qué estudio CAV? Para contestar a esa pregunta, nombraré un fragmento de mi diario, el 1 de Septiembre de 2009 "Empiezo mis estudios de comunicación audiovisual con la meta de cambiar el mundo, ejem, de escribir o dirigir películas que (me) hagan pensar y conocer (me) pero sin tener claro qué me espera el día de mañana (¿de verdad alguien puede tenerlo?)". Pues eso. Podría ampliar mi respuesta diciendo que me gusta el cine en general, y podría decir que en el año y medio que llevo de carrera, he descubierto que me interesa el montaje (una de las pocas cosas que he aprendido, ya que antes nadie me sacaba de hacer vídeos con fotografías de las vacaciones) aunque sea tremendamente lenta, y mencionar también el mundo de la fotografía en general, que me parece apasionante. Pero, me sacas de ahí y... ¿y qué? Todo es complicado.
Algunas veces pienso que me equivoqué cuando dejé artes escénicas. ¿Por qué lo dejé? Porque pensaba que la universidad sería diferente, porque me volví diminuta en un mundo enorme y me acojoné. Otras veces pienso que ahí, elegí correctamente. Que quizás me equivoqué cuando abandoné ADE. Y puede parecer absurdo plantearme esto, porque no me gustaba la carrera. Pero lo cierto es que tampoco me disgustaba, en absoluto. No me veía de contable, ni de empresaria, ni de nada, pero los problemas me entretenían y se me daban bien, y aunque en algunas asignaturas fallara, lo cierto es que en general conseguía sacarlo casi todo con un cuarto del esfuerzo que me supone aprenderme tres temas de historia. A lo mejor no se puede pedir tanto y hay que pensar un poco más en labrar un futuro. Que una carrera no te tiene que apasionar, sino simplemente dar de comer. ¿Quién sabe? El mundo es tan complicado.
Y después, retrocedo más y me digo a mí misma: ¿universidad? ¿y por qué universidad? Si hay miles de alternativas para la gente que no encuentra su futuro con nombre de grado. Módulos, cursos u otros medios de formarte para hacer lo que realmente quieres hacer. Pero la verdad es que casi todo eso quedó descartado en el momento en que supe que, si no era universitaria, jamás iba a estar a la altura de las expectativas que habían creado para mi. Y aunque pueda parecer ridículo, la decepción en los ojos de alguien a quién quieres también pica, escuece, quema y duele. Así que no me puedo quejar.
¿Qué hacer? Pues seguir adelante y confiar que aunque jamás llegue a estar del todo segura, aprender aprenderé y lograré encontrar mi lugar en el mundo, aunque sea a base de caminar. Porque cuando uno elige un camino, puede cambiar, pero llega un punto en el que dentro de las alternativas posibles hay que elegir la que más te atrae y confiar en que a lo largo del sendero las flores irán adquiriendo tonalidades más vivas.

Pedazos de momentos felices salpicados con gotas de optimismo.

Es sencillo simplificar los problemas cuando no nos pertenecen. Solucionar vidas ajenas, crear universos paralelos o sumergirse en los que grandes artistas han creado para evadirse del propio. Sin embargo cuando uno ve las cosas negras, ¿dónde quedan las gotitas de optimismo? En ningún lugar. Cuando estás a mil metros bajo tierra, eso es lo único que puedes ver: oscuridad. Sin embargo, de repente comienzan a llover recuerdos de momentos felices. Gotitas de esperanza. Y poco a poco, gracias a esas gotas de lluvia, el pozo se va llenando hasta que estás más cerca de la superficie. Quizás muy poco a poco, quizás ni siquiera veas que hay algo arriba. Pero entonces te toca tener fe y creer en ello.
Cuando todo es tristeza, cuando el miedo te gana una y mil batallas, cuando solo quieres encerrarte en ti mismo, son los pequeños detalles los únicos capaces de salvarte, porque serás incapaz de interpretar los grandes o te sentirás demasiado insignificante como para merecerlos. Detalles como una canción, un libro con final feliz, un concierto mágico o la historia que alguien invente para ti. Condimentar el presente para conseguir llegar al futuro. Motivación. Algo que haga que tengas ganas de que llegue mañana. Seguir soñando para tener la obligación de seguir viviendo, aunque solo sea para hacer esos sueños realidad.
Y no. No soy sincera si digo que pienso que todo es sencillo. Pero sí lo soy si digo que hoy, la letra de una canción me ha hecho sonreír. Sí digo que aún quedan muchas respuestas que buscan preguntas que aún no han sido formuladas y muchas dudas que esperan ser resueltas. Si digo que poco a poco los imposibles de mentira pueden ser destruídos. Poco a poco.

13 de noviembre de 2011

Vacío, soledad y unas gotitas de amargura.

Ante sus ojos una página en blanco y su mano apretando con fuerza un bolígrafo que no conseguía escribir ninguna palabra coherente. Siempre le había gustado escribir historias con finales felices y cuando ponía punto y final se imaginaba todo lo que venía después. Sin embargo ahora ya no estaba él. Ya nadie hacía que sus dedos temblasen, nadie era capaz de elevarla al cielo con solo respirar. Nadie era capaz de hacerla sentir y eso era lo que más miedo le daba: su indiferencia. No esperar nada, no soñar nada, no desear nada. Simplemente pasar las páginas del calendario, mojarse bajo la lluvia pero no abrir el paraguas, intentar resolver puzzles sabiendo que faltaban piezas, que algunas no encajaban . Muchas veces había odiado los sentimientos. El echar de menos o la rabia que provocaba en su cuerpo cada vez que se alejaban. Cuando sus labios eran incapaces de articular los “te quiero” de su corazón o cuando no podía hacer que él supiese lo importante que era. Odiaba a sus miedos cuando quería comerle los labios y terminaba dándole una bofetada. Odiaba la contradicción que le producía tumbarse en la cama a su lado, sabiendo que acabaría cediendo a los deseos de él cuando para ella no consistía tanto en disfrutar, sino en cumplir. Odiaba despertarse por la mañana y contemplarle intentando clasificar emociones difusas. Pero todo eso había quedado atrás. Ahora buscaba respuestas pero no conocía las preguntas. Indiferencia. Había traspasado la línea y estaba en ese lugar en el que nada importa. Ese lugar en el que podía cortarse la piel y morir desangrada sin enterarse. El paraíso de las sonrisas fingidas, de los abrazos fríos… su paraíso. Siempre había permanecido ahí. Hasta que había aparecido él, y había desatado huracanes, convirtiendo su tranquilidad en un caos absoluto, destruyendo su fortaleza y construyendo su debilidad, convirtiendo su independencia en la incapacidad de ser feliz sin su droga particular, sin sus besos, sin sus caricias, sin su compañía. Calentándola dentro de su frialdad. Y, ¿qué quedaba de todo eso? Nada. Recuerdos. Recuerdos que llegaban con el sonido de aquellas canciones que le hubiese gustado cantarle, de esas otras que habría deseado que le cantase o de las que hablaban de su historia. Recuerdos que se respiraban con el aire de olor a coco y vainilla. Recuerdos de fotografías oscuras perdidas en el disco duro de algún pc antiguo. Recuerdos de momentos perdidos, de instantes que no volverían a recuperarse. Recuerdos tan lejanos que ya costaba recordar. Recuerdos de momentos en los que había esperanza. Y la había perdido. Y, ¿qué queda cuándo se pierde la esperanza? Absolutamente nada. Vacío, soledad y unas gotitas de amargura.

Despedidas.

Decirte adiós siempre ha sido morir un poco por dentro. Olvidar una parte de mi a 800km de distancia. Saber que tendría que volver a contar las horas que faltaban para ser plenamente feliz. Pero esa era mi receta de felicidad: exactamente tú. Sin embargo yo creo que el dolor que nos producen las despedidas es ... amargo, pero delicioso. Como uno de esos zumos con grumos que escuecen en la garganta y no puedes dejar de tomar. Sin embargo, las despedidas que más joden son las que no duelen, aunque parezca contradictorio. Cuando al decir adiós ya no te tiemblan los párpados, cuando no tienes ganas de llorar, cuando te resulta indiferente. Esos son los adioses que de verdad son para siempre. Cuando no solo te alejas físicamente, sino emocionalmente. Cuando se rompe la conexión entre mentes, cuando desaparece la magia. Cuando traspasas la delgada línea que existe entre sentir rabia y no sentir absolutamente nada...

12 de noviembre de 2011

Baile de máscaras sin disfraz.

Allí se sentía como en un baile de máscaras, pero sin disfraz. Todo el mundo fingía ser quién no era, mostraba sentimientos que no sentía y sonreía en esos momentos en los que se debe sonreír. Ella no era así. Ella era de esas personas que matan con las miradas, de las que no les importa decir "no me importa lo que me estás contando" si de verdad no le importaba. De las que prefieren estar solas que mal acompañadas. Ella hacía todo tal y cómo lo sentía, aunque fuera incorrecto. Podía congelar el tiempo en un beso eterno o decir "te odio" si era necesario.

9 de noviembre de 2011

Sueña...

Sueña que te despiertas a mi lado, que somos felices y que tenemos todo lo que nunca tuvimos. Sueña que te despiertas con olor a coco, con besos cálidos y caricias frías. Sueña que no existen obstáculos y que todo es sencillo. Sueña que algún día, conseguimos que todo lo que creímos real se haga palpable. Sueña, sueña, sueña...

8 de noviembre de 2011

Puntos de luz en la oscuridad.

Dicen que después de la tormenta llega la calma. Y que tenemos que aprender a sobrevivir bajo la lluvia. Yo creo que es verdad. A veces todo el universo se apaga y nos sentimos solos pero, ¿quién no ha caminado a oscuras alguna vez?. Cuando era pequeña y se iba la luz, solía pasar miedo. A veces incluso lloraba. Pero me quedaba quieta, en una esquina el tiempo suficiente como para volverme valiente, ponerme de pie y caminar hasta encontrar una mano que me guiase, o hasta que volviese la luz. Supongo que en la vida ocurre más o menos lo mismo. Parece que nada va bien y de repente una persona o un conjunto de casualidades aleatorias (ui, casualidades aleatorias. ¿No son aleatorias todas las casualidades?) hacen la función de esa luz, o de esa mano.
La verdad es que no sé cómo ha sucedido, pero sé que hace una semana no encontraba un motivo o una razón y de repente, parece que algo está cambiando, que he hecho click, que creo que todo puede ir a mejor. Que tengo ganas de que llegue mañana, y pasado mañana, y el siguiente. Ganas de experiencias, ganas de momentos... ilusión.
Quizás la luz se vuelva a apagar, quizás solo dure encendida unos minutos pero, ¿qué importa? Habrá que disfrutar de ese instante en el que podemos ver, que hay mucho mundo bonito por contemplar.

7 de noviembre de 2011

Perderme para encontrarte.



Suena nuestra canción. Ahora quiero que recuerdes conmigo.
Olor a pólvora mezclado con coco. Cansancio. Oscuridad y mi boca susurrando "te quieros" en tu oído, contándote historias que quizás no te importaba escuchar. El cielo. Las estrellas. Miles de estrellas. Aquellas que siempre serían las mismas, que siempre te harían pensar en mí. Recuerda todo. Sigue recordando. Recuerda mis enfados, mis caricias, mis abrazos, mis besos. Recuerda el sabor de aquel helado extraño, la brisa del mar, recuerda incluso el dolor de tus piernas aquel día en que no te dejé parar de caminar ni un instante. Recuerda las patatas fritas, las vírgenes de la habitación, recuerda incluso aquello que nunca pensaste que te podría gustar y dime que conmigo no era todo diferente. Recuerda el zumo de naranja repleto de grumos y de amor. ¿Amor? ¿He dicho amor? Bueno, repleto de eso, de aquella magia.
Sigue conmigo. Recuerda cuando dentro de mi fortaleza descubriste mi debilidad, cuando te comprometiste a matar monstruos por mi. Pero no quiero que recuerdes solo lo bueno. Recuerda los enfados. Las veces que te hice llorar, que me hiciste llorar. Recuerda cada vez que me comporté como una niñata de mierda. Recuerda cuando te destrocé, cuando pasé de ti, cuando mandé todo a la mierda intentando demostrarme a mí misma que era más dura que el mundo. Recuerda que no pensé en ti, que solo pensé en mi porque a veces soy una egoísta. Pero al fin y al cabo, ¿quién sino iba a hacerlo? Tú. Tú en ese momento, pero yo no quise verlo. Estaba demasiado ocupada mirándome el ombligo.
Recuerda cuando me derrumbé y recuerda lo que sentiste. ¿Por qué volviste a aparecer? Si quieres te confieso que aunque no te buscase, te encontraba siempre en mis pensamientos nostálgicos, o en esos huecos en mi corcho que tú deberías ocupar, y que sin ti estaban vacíos por mucho que hubiese otra foto ocupando ese lugar. Hasta el corcho te echaba de menos.
Recuerda aquel verano en el que ya solo quedaba amistad y mis labios decidieron buscar los tuyos, pretendiendo encontrar respuestas a esas preguntas desconocidas, pretendiendo disipar la niebla de mi corazón, tratando de sentir algo diferente al dolor y al miedo. Y poniéndote a ti en peligro de nuevo. Recuerda mis numerosos intentos de hacer mi vida lejos de ti, y también las veces que parecía que lo iba a conseguir. Pero cuando encuentro una salida, tú apareces, es así.
¿Quieres seguir recordando? Pues recuerda los inviernos fríos, tus besos en mi nariz, el suelo frío de tu habitación, los masajes en la espalda, mi rincón de pensar. Recuerda la brisa del mar, y dime que mientras leías todas estas ñoñadas dejaste de sentir ese olor a coco. Dime que no te has echado lipsmacker ni una sola vez, que no te has chupado los labios. Strawberry taste.

Sabes todo de mi. Quizás mucho más que nadie. Me has conocido a través de palabras, y a través de acciones. Incluso mis partes más detestables. Sabes que tengo miedo a todo. Sabes que con frecuencia me ahogo. Que por mucho que te quiera siempre habrá una parte de mi mente empeñada en odiarse a mi misma. Sabes que me pongo insoportable con frecuencia. Que soy incapaz de dormir la mañana. Que siempre estoy fría. Sabes que a veces me meto tanto en mi mundo que no sé ver más allá de las cuatro paredes de mi corazón. Que me cuesta reconocer las cosas en voz alta y que no sé decir "te quiero". Que cuando una conversación se vuelve demasiado ñoña, digo alguna gilipollez para restarle importancia. Sabes que en una frase puedo decir seis veces la palabra idiota, que me encanta que te rías de mi, y que paso de desear pegarte a querer comerte a besos. Sabes que, esporádicamente, te puedo soltar la primer ñoñada que se me ocurra y dejarte KO. Sabes que no soy bruja, pero tengo muchos poderes y uno de ellos es ese de ser "el motor del caos". Sabes que soy cambiante, impulsiva, que siempre termino haciendo lo que quiero, pero después no puedo evitar pensar en ello. Que a veces miro tanto hacia atrás que no veo lo que tengo delante. Sabes que en el fondo, no puedo evitar buscar caminos que me lleven a sitios que no seas tú. Sabes que a veces creo en lo nuestro y otras no. Sabes que me planteo rendirme constantemente. Y sabes que en mis momentos de tristeza, ni siquiera tú puedes hacer que salga el sol, quizás sí ser una pequeña lucecita brillando en la oscuridad.

¿Sabes? Me gustaría saber qué piensas tú. Pero qué piensas de verdad, no qué piensas después de saber lo que pienso yo. Pero sé que nunca lo sabré, siempre terminó hablando primero. Lo que me pregunto es... ¿merece la pena? ¿por qué tú? ¿Por qué yo? ¿Por qué seguimos estando ahí si en realidad no paramos de hacernos daño? Y no sé contestar... Impotencia, rabia. Forman parte de nuestra historia. Y no sé si es normal, no sé si vivo engañada por los cuentos que me contaban de pequeña. ¿Sabes? A veces sueño con quedarme dormida hasta que venga mi príncipe amarillo (sí, amarillo, siempre amarillo, que a mi lo típico no me va) y me despierte. Y seamos felices. Y comamos perdices. No, eso no. Y comamos lechuga. Y tengamos gatos. Y una casa pequeña, con una cama diminuta que no nos deje respirar.... Y aún así, aún sintiendo todo eso, tengo la sensación de que si algún día te viera al otro lado de la calle, no dudaría ni un segundo en cruzar, aunque pasaran miles de coches a toda velocidad, aunque eso supusiera perderme.... perderme para encontrarte. Para encontrarnos.

6 de noviembre de 2011

Fechas.

Hace un año tú y yo nos cruzamos en una calle repleta de gente. Dos puntos perdidos que paseaban justo por el mismo lugar. ¿Crees en las casualidades? Yo no lo sé. Lo que sí sé, es que hace un año te necesitaba. Necesitaba alguien en quién confiar, alguien que me conociese, alguien con quién tuviera una historia, por pequeña que fuera. Necesitaba tus besos, tus abrazos, tu compañía. Necesitaba hacer cosas contigo. No sé cómo lo conseguiste, pero creo que si te quise tanto fue porque en el fondo, a tu lado todo era mejor. Solo por eso no puedo odiarte, por mucho que te comportes como un gilipollas. Porque eres pasado, y de eso se da cuenta uno cuando aprende a recordar. ¿Quieres que te diga algo que te haga sentir bien? A ti te gustan esas cosas. No desharía nada de lo que hice contigo. Aunque siempre seas un beso sin rumbo y yo ese corazón sin respuesta. Me hiciste tocar el cielo pero no me importabas lo suficiente como para destrozarme. Dentro de mi frialdad, conseguiste calentarme. Desafiaste alguno de mis miedos y me enseñaste cosas como aquel "descubre lo que quieres y aprende a pedirlo". Me dijiste que no sabía querer, y así me hiciste entender que sí sabía, pero no sabía quererte a ti. Es curioso. Creo que eres un imbécil, pero aún así me gustaría que fueras feliz. Lejos de mi, pero feliz. Aunque me haré la misma pregunta eternamente, ¿Qué fue realmente lo que sentiste por mi?. No me gustan las fechas, pero la verdad es que algunas, contigo, se han quedado grabadas sin proponermelo. Del mismo modo en que sucedió todo contigo, sin querer.

5 de noviembre de 2011

Imagina...

Cierra los ojos.
Nota mi respiración. No la escuches, siéntela. Despacio, sobre ti.
Ahora, el tacto de mis dedos deslizándose por tu espalda... mis manos frías dibujando corazones en cada parte de tu cuerpo.
Mis labios rozando suavemente tu cuello.
Mi boca mordiendo la tuya, destrozándote...
¿Sabes? Me quedaría besándote hasta el amanecer, te llevaría al cielo si supiera cómo hacerlo.
Pero no quiero mis mejores noches si no me das tú los buenos días.
Es todo lo que tengo. Nada para nadie. Sentimientos vacíos para llenar huecos insoportables. Intentar no pensar en nada para no pensar en ti. Una cama pequeña en la que sobra mucho espacio, mucho frío, y muchos "te quieros" que van a morir si no llegas a sentirlos de verdad.

4 de noviembre de 2011

Matar monstruos por ti.

Te prometí que lo haría, que mataría monstruos por ti, ¿te acuerdas? Pero últimamente me siento demasiado débil, incapaz de matar libélulas. También me he dado cuenta de otra cosa. Creo que soy el mayor de todos tus monstruos...

Y sí. Me gustaría poder hacerte feliz, y que me hicieras feliz. Que dejásemos de ser números primos gemelos. Que dejases de ser esa droga tan adictiva, que te hace tanto bien y a la vez tanto mal. Me gustaría que supieras que jamás eres un obstáculo. O quizás sí, pero si eres una piedra en mi camino, merece la pena tropezar. Porque ninguna caída me ha hecho nunca tan feliz como esa...

Lluvia.

Llueve. Llueve y me doy cuenta de que tú y yo nunca tuvimos un momento bajo la lluvia. Todos los recuerdos bonitos salpicados por el agua son lejanos. Cuando las cosas van bien, me gusta esa sensación, me gusta inspirar el olor de la tierra mojada, transportarme tres años atrás, sentirme ahí, sentirles aquí... recordar. Sin embargo, en días como hoy la lluvia me produce nostalgia. Hoy es uno de esos días que borraría del calendario y no cambiaría nada. Uno de esos días en los que no me importaría que lloviese hasta que el agua cubriera toda la tierra y me ahogase. Uno de esos días en los que dormiría hasta que volviera a salir el sol.

2 de noviembre de 2011

Un solo motivo.

Intento encontrar un solo motivo por el que creer en mi misma, en mi capacidad para sortear los obstáculos, en mi habilidad para conseguir mis propósitos. Pero no lo consigo. Al fin y al cabo, siempre fracaso. Creo que voy a empezar a romperme.
Soy incapaz de dar un paso adelante, y la tentación de darlo hacia atrás es fuerte. Quizás me estuviera matando pero no me daba cuenta de ello. El dolor en la inconsciencia no duele. Era insensible, indestructible. Pero de repente alguien, algo hace que salgas de ahí. Que asumas que tienes un problema. Y piensas que todo va a ser sencillo, pero no lo es. Todo es cada vez más imposible, más doloroso, más oscuro.
El problema de la dualidad es precisamente ese. Que una parte de ti dice sí y la otra dice no, y una de las dos nunca está conforme. Que cuando una está satisfecha, la otra llora. Y si intentas buscar el término medio, terminas así. En un estado insoportable de decepción. En un estado en el que por momentos te apetece terminar con todo, exterminar el árbol por la raíz. Y siempre hay un motivo por el cuál no lo haces pero... ¿y si la ceguera vence la batalla y no ves ese motivo?

Descontrol.

De repente se despierta. Tiene miedo. Miedo a volver a dormir y tener pesadillas. Miedo a despertarse y salir al mundo real. Todo, absolutamente todo, le asusta. Las personas vienen y van, por eso lleva toda su vida mentalizándose de que no puede depender de ellas. Pero al mismo tiempo, necesita de los demás para ser feliz. Necesita que estén ahí, que la quieran, que la respeten. Pero ella tiene miedo a casi todo. Miedo a no estar a la altura, miedo de sí misma, miedo de que llegue un momento en el que caiga y no sea capaz de levantarse. Es cierto que es negativa, por naturaleza. Entre la lista de rasgos que heredó de su madre no se encontraba el del optimismo. Ella jamás piensa que quizás llegue un día en que no vuelva a caer. Solo piensa en el "no levantarse".
El espejo está ahí. Se mira y se queda ahí parada durante unos instantes, sintiendo asco, rabia, asco, rabia, asco. Le dan ganas de pegarle un manotazo y romper la imagen en mil pedazos para que se fragmente como sus pensamientos y sentimientos, que cada trocito se esconda en un rincón de su habitación. Se destesta y detesta detestarse, pero no sabe cambiarlo. Puede hacer un esfuerzo durante unos segundos por ver a través de los ojos de los otros pero esos segundos siempre terminan pasando y vuelve a ser ella, esa persona que odia cada centímetro de su piel. Es fácil dar consejos, es fácil decir que no tiene motivos para querer autodestruirse a sí misma, es fácil pensar en cifras y cálculos matemáticos. La teoría es sencilla pero, ¿De qué sirve conocerla si no es capaz de hacerte feliz? Solo quiere desaparecer. No es cuestión de gustar a los demás, necesita gustarse a sí misma y es incapaz de hacerlo. Jamás suele escuchar a la gente. Es compleja. No puede evitarlo. Y entonces recuerda aquel día, siete años atrás en que apareció alguien que era capaz de hablar más alto entre las demás personas, alguien que cambió todo su mundo. Y recuerda aquella promesa que jamás fue capaz de cumplir. Recuerda cuando asumió que no podía prometer cosas que escapaban de su control. Control. Se había obsesionado tanto con el control que había terminado completamente descontrolada.

1 de noviembre de 2011


La sensación de el viento golpeando su cara, del frío recorriendo cada centímetro de su piel. Se va congelando poco a poco. Primero, sus extremidades se inmovilizan. Sus dedos no responden. Después son sus piernas las que se anclan al suelo. Y en ese preciso instante cierra los ojos e imagina....

*Imagina que empieza a nevar. Su pelo queda adornado por los diminutos copos que caen del cielo. Escucha una risa a lo lejos. Un niño pequeño desciende en trineo por la colina, se abalanza sobre ella.
-Vamos a jugar, vamos a jugar.- Dice. -He ganado, te he derrotado y tienes que hacer lo que quiera.
-Vale, vale. - Ella se pone esta vez sobre él- Pero no te confíes, pequeñajo. Ahora soy yo la que tiene el poder.
Se levanta y corre ladera arriba, con el niño de la mano.
-¡Eh, chicos! Es la hora de comer. - Un hombre mayor les llama desde una pequeña cabaña que podría ser un restaurante.
- Cinco minutos más. -Dice el pequeño. Y ambos reemprenden la carrera. Fatigados y cansados, llegan al sitio donde está el hombre mayor.
- Ya estamos, papá. - Exclama el niño.
- Venga, ¡para dentro!
Ella se acerca a un chico que más o menos tiene su edad y le da un beso en los labios, suave, cálido.
-¿Te estás aburriendo demasiado?
-Para nada.
-Y mi madre, ¿te ha hecho muchas preguntas? Puede resultar agobiante pero...
-No, no. Tranquila. Tu madre parece estar controlándose. - Ambos ríen. Se sientan en una mesa en la que hay más gente. Ella se acerca al que parece ser su padre y le da un beso en la mejilla.
-¿Todo bien, hijina?
-Por supuesto. - Se sientan en la mesa y comen bocadillos, haciendo un descanso en el agotador día de juegos de nieve. Los mayores dialogan, los pequeños alborotan y ellos, simplemente, se quieren.



Vuelve a la realidad. Siempre ha deseado una vida normal pero lo cierto es que jamás podrá conseguirlo del todo. Hay demasiadas cosas que siempre estarán ahí, demasiados secretos que le cuesta dar a conocer, demasiados miedos, demasiados motivos para avergonzarse de si misma y el mundo que la rodea... demasiados obstáculos entre ella y la realidad. Demasiadas razones que hacen que a veces tenga la sensación de que nunca llegará a ser más que un pequeño punto perdido en un universo gigante.