31 de diciembre de 2011

Ahora sí. Propósitos.

1. Ver las cosas desde un punto de vista realista. No construir muros donde no los hay, no crear barreras sino sortearlas, no evitar los obstáculos sino destruirlos. Mi mirada hacia el exterior suele ser negativa. Suelo ver las cosas simples complicadas y hacer difícil lo sencillo, y no quiero que sea así. Tampoco pretendo un exceso de optimismo, no me gusta. No soporto que cuando haya nubes grises alguien diga "va a salir el sol". Solo quiero un término medio. ¿Qué no es fácil? Cierto. Pero imposible, tampoco.
2. Decir más. Porque soy de esas personas que conocen a la perfección el término "lo que no se dice, pero se siente". Y a veces supongo que a todos nos gusta escucharlo. Suplir mi carencia de expresión quizás no con palabras, pero con gestos. Querer más no, pero querer mejor.
3. No ser tan crítica conmigo misma. No castigarme por pequeños fallos, no odiarme por no estar a la altura, permitir tropezarme porque es de seres humanos no estar siempre al 100%. No cuestionar absolutamente todo lo que hago, digo o pienso. Aceptarme. Quererme. Conocerme.
4. No ser tan exigente con los demás. Permitir que también se equivoquen. Aprender a perdonar (Cuando sea posible). Dejar a un lado el rencor. No enfadarme cuando los planes se tuerzan inesperadamente.
5. No tomar decisiones movidas por impulsos. Por lo menos, no hacerlo así siempre. Y cuando así sea, no cuestionarlas después. Mirar hacia el futuro desde el presente y no desde el pasado.
6. No guardarme todo para mi. Asumir que no soy fuerte, dejar de intentar parecerlo porque no hace que las cosas duelan menos, hace que duelan más. Dejar que me conozcan tal y cómo soy. Que me curen las heridas cuando sea necesario. Y llorar. Llorar cuando haga falta. Aunque duela. Aunque sea vergonzoso. Conseguir que no sea así. Dejar de ser una sensible de incógnito y no tener miedo de reconocerme como un ser humano, que también lo pasa mal. No cuestionar mis sentimientos o la ausencia de ellos. Que por lo menos en eso somos libres.
7. Seguir dando pequeños pasos en cuestiones complicadas. No resolverlas del todo pero avanzar en ellas todo lo que sea posible. A mi ritmo, pero sin quedarme parada. Retrocediendo cuando sea necesario, pero sin perder la guerra por muchas batallas en las que no consiga triunfar.
8. Cosas menos trascendentales (típicas y poco probables de cumplir): estudiar todas las semanas (o por lo menos, ordenar apuntes todas las semanas). Ir viendo todas las películas que tengo ganas de ver y siempre terminan quedándose a un lado. Ponerme al día también con las series de la lista en cuestión, y con los libros. No perder tanto el tiempo. Escribir más a menudo el diario, porque a veces necesito expresarme y por pereza, termino haciéndolo aquí, y no es lo mismo.
9. Y resumen de lo anterior, pero centrado en ti. No cuestionarte, no presionarte, no intentar que te conviertas en una copia de mi misma. Aceptar tus miedos e inseguridades y ayudarte a combatirlos sin presión. Estar ahí dispuesta a hacerte feliz, como siempre, como tú también estás conmigo. No dejar que dudes ni un segundo de lo mucho que te quiero. Compartir lo bueno y compartir lo malo. Darte confianza, quererte. Ser más optimista con todas aquellas cosas de las que somos capaces. No creer en los imposibles. Confiar y regalar confianza. Crear más y más recuerdos de momentos que nos dejen sin aliento.


Quizás estos sean unos propósitos poco convencionales. Quizás no se parezcan a las listas que todo el mundo hace, o quizás se parezcan demasiado. Quizás parezcan demasiado sencillos, pero no lo son. Quizás son batallas que solo tienen sentido viéndolas a través de mis ojos. Pero si algo tengo a mi favor es que me conozco bien. Que sé dónde fallo. Que sé dónde estoy, y hacia dónde voy. Y cuando tienes claras esas cosas, solo hace falta caminar.


Feliz año 2012. Y feliz noche. Y a fin de cuentas, feliz-lo-que-sea. Vale con tal de que sea feliz.

30 de diciembre de 2011

Melancolía.

De repente empecé a volverme transparente. Después casi invisible. Y cuando ya nadie me veía, diminuta, insignificante. Entonces te miré a los ojos y te pregunté si era suficiente para ti, si te había decepcionado. En ese momento necesitaba una mentira. No la dijiste. No te apetecía hablar. Hubiera deseado con todas mis fuerzas que de tus labios saliera un "eres tal y como esperaba que fueras". Mi cabeza se zambulle en recuerdos. Nostalgia. Melancolía. ¿Recuerdas cuando nos queríamos por defecto? ¿Cuándo no hacía falta fingir?. Deseé desaparecer. Yo sin vosotros no era nada. ¿Qué sentido tenía todo? Soy una fracción y el denominador está elevado a la enésima potencia. Quizás si me hubieses mirado te hubieras dado cuenta de todo lo que estaba pasando por mi cabeza en aquel momento. Pero nunca lo haces, jamás me miras a la cara. Y eso me desgarra. Ojalá entendieses que soy un ser humano, que esporádicamente me vuelvo débil, que tengo sensibilidad. Que sí, que siempre intento fingir que todo me da igual. Pero en parte es lógico que lo haga, ¿No? cuando a uno le golpean tiene que recurrir a armaduras para mantener alejados a los malos. Pero, ¿quieres que te cuente un secreto? Incluso debajo de todo el hierro del mundo las heridas siguen escociendo. Y más, y más, y más...

Ganas de ti.

Esta noche me desperté así como con frío. Con unas ganas locas de que me abrazases, de comerte a besos, de dejar que me hicieras el amor. Sí, sigo siendo la niña tonta que se ilusiona de repente pensando en tiempos futuros de probabilidad reducida. Tuve que perderme para que me encontraras. Ahora nos merecemos un poco de justicia. Sino, ¿de qué habría servido todo? ¿De qué me sirvió conocerte si no iba a poder disfrutar de ti cada uno de los días de mi vida?

29 de diciembre de 2011

Propósitos de año nuevo.

Hagamos una lista de cosas que no vamos a cumplir. Digamos que estudiaremos todos los días, que comeremos de forma absolutamente correcta, que no dejaremos que las preocupaciones nos venzan ninguna batalla y que seremos lo suficientemente fuertes como para destruir a todos los monstruos. Hagamos sino una lista materialista de cosas. Prometamonos a nosotros mismos tener el valor para finalmente tatuarnos la piel, leer ese libro o ver esa película, juremos que haremos todas las cosas de la "lista de cosas por hacer". ¿Para qué? ¿Y por qué hoy? ¿Qué tiene de especial? Si al fin y al cabo, el calendario podría haber empezado en cualquier otro mes. Sería más novedoso celebrar el 29 de este año bisiesto. Y es que hace cuatro días, mensajes ñoños y felicitaciones absurdas inundaban redes sociales, teléfonos móviles y en el caso de los más vintage, correos postales. Pero después del domingo 25 llegó un lunes 26 y un martes 27 que perfectamente podrían haber sido un miércoles 21 o un jueves 22. No sé si me explico. Creamos días grandes que no poseen grandeza (a no ser que creas en Dios con toda tu fe, que entonces, no te digo nada). Y nos sentimos más fuertes porque el calendario nos dice que debemos serlo. Yo no quiero propósitos de 2012, no. No quiero ponerme hoy metas para los próximos 365 días. Simplemente quiero ser lo mejor que pueda llegar a ser. En todos los sentidos. Y creo que es el mejor modo de avanzar. Corriendo 800km cuando te levantes con fuerzas y quedándote parado cuando ya no puedas más.

25 de diciembre de 2011

Pesadilla en Navidad.

Se sentó en la mesa y notó como las miradas de todos los demás se concentraban en su plato. Sabía que querían que lo llenase hasta arriba, como ellos, y que fuese ingiriendo cada trozo de comida. Eso significaría que estaba bien. Si se hubiese comido cada uno de los entremeses o todos los polvorones de la cesta habrían sido felices. Habría significado que nada importaba. Ella se ruborizó primero. Odiaba ser el centro de atención. Cogió un trozo de queso, lo partió y se metió la mitad en la boca. Dolía. Después, cortó un pedazo de pastel de espárragos. Empezó a escocer. Mucho, muchísimo. Piña. Y su interior se desgarró. Habría llorado, de haber estado sola. Deseó con todas sus fuerzas un momento de pause para ir al baño y vomitar todo excepto la rabia y la soledad. Eso ya sabía que no era tan sencillo de expulsar. Tenía que ser fuerte. Finalmente, la cena terminó. Los comentarios fueron los esperados. Tampoco le importaban demasiado. En realidad, siempre sería demasiado pequeña, habría comido demasiado poco, parecía demasiado poco feliz, no era lo suficientemente simpática... jamás estaba a la altura. Ni iba a estarlo. Pero, ¿a la altura de qué? La Navidad no era más que una fiesta falsa en la que la gente regalaba sonrisas que no sentía, en la que desconocidos se reunían fingiendo ser piezas de un puzzle que encajaba a la perfección y la sangre se convertía en lo más importante, por encima de todas las cosas. Una fiesta en la que la gente se harta a merluza y champán para no tener que hablar, para no tener que mirar y para no tocar ningún tipo de tema trascendental. Y eso no encajaba nada con su forma de ser. Ella, que no sentía a medias, que no quería a medias, que pensaba en cosas importantes las 24 horas del día. Ella, transparente. Incapaz de fingir ser alguien que no era.

23 de diciembre de 2011

Y de repente...

Y de repente estamos ahí, hablando idiomas distintos, sintiendo a ritmos diferentes. Estoy completamente fuera de lugar. Extraña, sola, perdida. Y me encantaría cerrar los ojos y poder cambiar el espacio o el tiempo. Pero no. El tiempo pasa y todo lo que no está muerto sufre modificaciones. ¿Cómo habrían sido las cosas si...? No lo sé. ¿Qué más da? ¿De qué sirve hacer preguntas? Absolutamente de nada. Solo queda adaptarse, respirar y pensar que al fin y al cabo todo vale. Aunque sea para darte cuenta de cómo no quieres llegar a ser.

20 de diciembre de 2011

Noche de insomnio

Abro los ojos y por primera vez en mucho tiempo, no estoy helada. No tengo la piel de gallina e intuyo que mis dedos tampoco están morados. Tampoco hay aire a mis lados. Estás tú, ahí. Tu cuerpo caliente me da calor. Me salva del frío. De entre las infinitas cosas que podría hacer en este momento, solo se me ocurre una. Acurrurcarme en tu pecho y sentir tu respiración mientras miro tu rostro dormido. Podría pasarme así toda la vida. No sé cuánto tiempo transcurre, pierdo la conciencia. La banda sonora de mi noche de insomnio serán los latidos de tu corazón. Y cuando estoy ahí, soñando despierta abres los ojos y lo primero que ves son los míos mirándote fijamente, y lo primero que sientes son mis labios al rozar los tuyos, lo primero que hueles, mi olor. El tacto de mis dedos. Calentamiento de tus cinco sentidos idóneo para despertar. Me abrazas. Y el tiempo pasa, no sé cuánto. Solo sé que es otro modo de soñar sin dormir.

19 de diciembre de 2011

Lo irónico de todo esto

La vida son ironías en forma de capicúa. Nos conocimos un 18 de febrero, cuando ya estaba anocheciendo. No recuerdo que hiciese frío, pero tampoco sentía el calor. Estábamos ahí, tú y yo, lo cierto es que en mi memoria no cabe mucho más. Y el 18 de septiembre, unos cuantos años después, se volvió astromántico cuando nuestros bordes decidieron dejar de encajar. De ese día conservo muchas más sensaciones. Ese día todos los centímetros de mi piel desearon calor. Calor humano. Ese día estaba helada. ¿Qué por qué me parece irónico? Porque tú que me conoces sabes que odio las fechas, que las detesto. Con todas mis fuerzas. Y sin embargo estas, las que tienen que ver contigo, conmigo, las tengo tatuadas en algún lugar de mi cuerpo, con tinta invisible, de esa que solo yo puedo ver. Y se me ha hecho costra porque nunca me molesté en curarla. Y escuece. Y sí. Me has cambiado la vida un par de veces. Entonces y ahora. Me has enseñado lo que no quiero y lo que no quiero, has destruido las fronteras del sentimiento y me has hecho mejor persona. Has ejercitado mi corazón que se estaba muriendo, que era poco más que un órgano inerte. En su momento tuve miedo a perderte, miedo a perder todo eso. Tu que me conoces sabes que me cuesta pasar página. Deseé con todas mis fuerzas que me ayudases a creer cuando perdía la esperanza y que me dijeses que todo era posible, que podríamos con todo. Nunca lo hiciste. Ahora... ahora mi mayor miedo es olvidarte o que me olvides. Que nos alejemos tanto que dejemos de recordarnos. No, olvidar no es un don. Nunca podría ser un don. Que yo lo que soy lo soy en parte por ti y eso nunca va a cambiar. Solo me conformo con que tú te quedes con la mitad. Con haberte hecho la mitad de feliz de lo que tú me has hecho a mi. Solo por eso ya podría sentirme orgullosa. Jodidamente orgullosa. Ah, te quiero.


*Las frases en cursiva son de los créditos de la reedición de 1999 de Santi Balmes (Cantante de Love of lesbian)

Lo que más duele.


Lo que más duele de todo esto es asumir que después de sortear mil obstáculos terminamos tropezando con nosotros mismos. Buscábamos excusas, justificábamos nuestros miedos de forma coherente. Encontramos fórmulas matemáticas mediante las que nuestra definición siempre terminaba siendo una de esas indeterminaciones que no se pueden resolver. Nos esforzamos al máximo en simplificar. Tachamos y tachamos, inventamos reglas y experimentamos con todas las combinaciones posibles. Y al final, ¿qué? Tú y yo ahí. Capaces. E incapaces al mismo tiempo. A la hora de la verdad fallamos. Y fallamos tanto y tan fuerte que no hubo forma alguna de salvarlo. Ojalá el mundo se hubiese caído en aquel instante. Ojalá hubiese pasado algo, cualquier cosa que nos permitiese decir "no fue nuestra culpa". Pero no. Éramos eso. Tú y yo.

18 de diciembre de 2011

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.



- ¿Sabes? Cuando te dije que me iba a ir, agaché la mirada. Cerré los ojos en secreto y deseé con todas mis fuerzas que me pidieras que no lo hiciera. Que suplicases que me quedara.
- ¿Querías quedarte?
- Alejarme de ti me mataba por dentro.
- Entonces, ¿por qué te fuiste?
- Porque estar a tu lado también lo estaba haciendo, aunque no nos diésemos cuenta. Aunque ardiesemos en pasión y deseo, ardíamos. Cuando el sentimiento es tan fuerte e inclasificable cuesta distinguir el bien y el mal. Lo incomprensible es así, incomprensible.
- Soy incapaz de seguirte.
- Si me hubieses dicho que me necesitabas, no habría habido una pizca de esperanza. Habría sabido al instante que ese era nuestro destino: morir de amor, morir de amor juntos. Pero no lo hiciste. Dejaste que siguiera adelante. Y entonces supe que había una posibilidad. Posibilidad que no quiere decir obligación. Los muertos están muertos. Los enfermos terminales aún pueden esperar un milagro.
- ¿Somos enfermos terminales?
- Creo que tenemos metástasis en todo el cuerpo. Pero nunca se sabe. Mientras el corazón siga latiendo cualquier vida puede girar 180 grados.




(Y aunque en su momento odié las decisiones de un segundo que son capaces de cambiarlo todo, a veces la vida depende de eso. De un segundo.)
(Paréntesis que solo yo soy capaz de entender. No os esforcéis.)

16 de diciembre de 2011

Viernes astromántico.

No creo en la suerte, pero si creo en las casualidades. En la casualidad de estar en el sitio idóneo en el momento adecuado. En un cruce de miradas que sea capaz de devolverte la ilusión. En el calor de un cuerpo que consiga que este frío inhumano desaparezca. Y eso es lo que yo deseo, una casualidad. Poder decir en voz alta "antes mis días eran astrománticos". Antes.

14 de diciembre de 2011

Y que no pueda ver el camino para que no pueda dar marcha atrás.

Besos de muerte. De esos que se convierten en mordiscos. Que desgarran. Que hacen sangre. Esposarte en la cabecera de mi cama, atarte los pies y vendarte los ojos. Dejar que conozcas la suavidad de mis dedos y la humedad de mi lengua recorriendo cada uno de tus recovecos. Comerte el alma. Y el corazón. Hacer que visites el paraíso. Y una vez que encuentres tu lugar allí, coge mi mano y llévame. Que no pueda ver el camino para que no pueda dar marcha atrás. Atrápame. Asegúrate de que no me vaya, de que no me coma el suelo. Asegura mi amor. Mi corazón. Mis ganas. Todo lo que pueda darte, todo para ti. Para nadie más.

13 de diciembre de 2011

Encontrar un mundo entre tu pecho y tu vientre.

Quiero tener contigo sexo salvaje. Sí, lo has oído bien. De ese que asusta. Que duela. Sentirte ahí, dándome calor. Que me toques con fuerza, con furia, con rabia. Que consigas que llegue a ese punto en el que uno duda de si está en el cielo o en el infierno. Sentir algo, ¿entiendes? Mezcla entre dolor y placer, porque al fin y al cabo, ¿Existe sensación más adictiva? Y que después me abraces. Encontrar un mundo entre tu pecho y tu vientre. Y me acaricies suavemente mientras yo recupero el aire. Un último deseo. Cuando empiece a respirar, cuando vaya a decir algo que lo joda todo, cállame con tus labios. Y no me dejes de besar hasta que se me cierren los ojos y empiece a soñar. Contigo, por supuesto.

12 de diciembre de 2011

Casi. Pero no del todo.

Siempre pensé que las cosas no funcionaban porque tú hacías que yo diera vueltas y más vueltas. Que si quizás hubieses tratado de que todo fuese sencillo lo habría sido. Pero ahora no estás y el mundo sigue siendo caótico. Así que sí, quizás eso también era culpa mía. ¿Por qué hacer las cosas fáciles cuando es simple complicarlas? ¿Sabes? Cuando pienso en ti lo que más echo de menos es el calor de tu habitación los sábados por la noche. Bueno, también cuando te reías de mi, y cuando me mirabas con esos ojos... tan oscuros. Todas esas cosas que... bueno, ya sabes. Nunca fuiste mi gran amor, pero llevabas algunos de sus ingredientes. Es como ese que adora los bombones, pero se conforma con chocolate. Algo así.

11 de diciembre de 2011

(En)Amor(arse)

-Oye, y tú, ¿Cuándo te enamoraste de mi?
-No sabría decírtelo a ciencia cierta. Supongo que fui enamorándome poco a poco y me di cuenta de repente...
-¿No tienes ni idea? Yo creo que me enamoré aquel día que quise esconderme contigo en el museo de cera, ¿Te acuerdas?
-Sí, claro que me acuerdo. ¿Y por qué lo crees?
-Porque fue la primera vez que deseé con todas mis fuerzas que ese instante no acabase jamás, y no me habría importado perderme ahí, toda la eternidad si hubiera estado contigo. Quizás es ese el modo en que sabemos que lo que sentimos es amor de verdad. Cuando pensamos en un "para siempre" y no nos asusta. Eso no me ha sucedido, jamás, con nadie que no seas tú.

9 de diciembre de 2011

La vida no es estática, es dinámica.

La vida no es estática, es dinámica. Las cosas no suceden porque sí. Esto no es una película, los milagros no existen, metetelo en la cabeza, metetelo bien. Si te quedas dormida eternamente el príncipe desconocido no vendrá a despertarte, tus cabellos no crecerán lo suficiente como para ayudarte a escapar de las torres en las que te encierres y un extraterrestre no va a aterrizar desde el espacio para aliviar tu soledad. Eso es así, y tienes que tenerlo claro. A veces las oportunidades llegan, sí, es cierto. Existe esa suerte, esa pizquita de casualidad, esas chispas del destino. Pero no siempre. He aquí la clave. Ni blanco, ni negro. Gris. Oscuro, más bien oscuro. Todo nuestro mundo avanza, no para de girar, y no podemos limitarnos a soñar con un mañana en que las cosas sean sencillas. Ya sabes lo que pienso. Eso de que el tiempo nos hace fuertes y valientes no es más que otro invento fallido de quizás algún idealista, pero no es verdad. El tiempo nos hace sentir cobardes, nos hace quedarnos quietos, estancados, nos impide avanzar, ayuda a que nos acomodemos en la impotencia, a que creamos que no es necesario nada más. El tiempo es cruel y si bien es cierto que a veces es necesario, puede destrozarnos. La clave es avanzar, aunque sea a base de medios pasos, que no siempre se pueden dar enteros. Y cuando nos quedemos en mitad de un paso de cebra, no tengas miedo. Los coches se detendrán y nos darán el tiempo suficiente para que seamos capaces de seguir hacia delante. Pero no te detengas. La estación está ahí, y el tren puede esperar, puede esperarte porque tú eres su pasajero más importante, porque sin ti, quizás el recorrido no pueda ser el mismo, no con ese hueco vacío que nadie más será capaz de llenar. Pero tampoco eternamente, no. Todo tiene un límite. Y sería una pena llegar al andén cuando ya se ha ido, destrozar un viaje y quedarte sin viajar, al igual que sería una pena llegar cuando ya no tenga gasolina, cuando esté muriendo la ilusión, cuando ya no tenga ganas de emprender esa gran aventura para la que fue construido....

7 de diciembre de 2011

N=7 o como tener sueños de los que no quieres despertar.

Te beso. Me besas. Nos abrazamos y haces caricias en mi espalda de esas que solo tú sabes hacer, con las manos frías pero el corazón caliente. Y cuando estoy descentrada, sumergida en el placer de tu piel rozando mi piel me sorprendes mordiéndome el cuello, y damos vueltas por el suelo congelado que sabe a ti desde esa primera vez de suelo congelado. Como el coco, como las estrellas, como los corazones, como el zumo de naranja con grumos, como tantas cosas. Y yo beso cada centímetro de tu piel, luego tú desgarras mis pezones con tus dientes y detenemos el mundo en un instante.
Me despierto. Soñando las cosas son sencillas, soñando a veces las cosas son tan y como queremos que sean. Soñar es contradictorio, ¿sabes? porque yo hoy estaba contigo y no me quería despertar. No quería que terminase todo eso, y sin embargo, cuándo abrí los ojos, no pude evitar que una lágrima recorriese mi mejilla. Ojalá, pensé, no hubiese sido un sueño. Quizás una pesadilla me habría hecho pasarlo mal pero por lo menos, por la mañana habría pensado "Por fin es por la mañana", con una sonrisa de oreja a oreja por poder salir de ese mundo infernal. ¿Sabes? Creo que accedería a tener pesadillas todas las noches si pudiera verte amanecer cada uno de los días que nos queden de vida.
No sé. Soy una cursi cuando hablo de ti, pero, ¿qué quieres? Mi mundo es pequeño, tan pequeño como mi habitación, y solo entran dos personas. Tú te has instalado aquí. Los demás no pueden pasar del hall, es lo que hay.
Quererte. Quererte sigue siendo fácil y difícil a la vez.

5 de diciembre de 2011

Futuro.

- Oye, ¿tú te imaginas viviendo con una persona, compartiéndolo todo, haciéndole el desayuno, yendo al cine o al teatro, viendo la televisión después de cenar y todas esas cosas?
- La verdad es que no, no me imagino.
Iba a añadir "no me imagino con nadie que no seas tú", pero me lo guardé. Era mejor así.

4 de diciembre de 2011

¿Qué pasa cuando una fuerza imparable choca con un objeto inamovible?

¿Qué pasa cuando una fuerza imparable choca con un objeto inamovible? Dicen que ambas cosas no pueden existir al mismo tiempo. Yo tengo claro que la fuerza imparable existe. Y lo sé porque eres tú, tú eres esa fuerza imparable.. Por lo tanto, si las dos cosas no pueden coexistir todos esos objetos tienen que poder moverse, ¿no? ¿Y por qué siguen ahí? Joder, no puede ser tan difícil. Quererte, y que me quieras, y hacernos felices no puede ser imposible.
Piensas que me conformo, que sé dejarte atrás, piensas que no te quiero y quizás es porque no te lo digo lo suficiente, o porque no te lo demuestro lo suficiente. Pero es que eres la única persona que habita mis pensamientos cuando se cuela en ellos la palabra amor o sentimiento. Lo demás no son más que copias baratas, que intentos de felicidad, que reproducciones perfectas de lo que se supone que tiene que ser, y no son para mi.
Siento no poder hacerte feliz, no estar a la altura, tener miedo... pero, ¿sabes? Si pudiera encontrarte todas las noches en mis sueños no pararía de dormir. Y sigo queriendo destrozar la distancia, colarme en tu habitación, matar monstruos y hacerte el amor hasta el amanecer. Aunque sea incapaz de entenderlo. Quizás sea verdad que existen sentimientos que no debemos cuestionar, explicaciones que no es necesario buscar.

3 de diciembre de 2011

Ningún tiempo pretérito se puede conjugar con tu nombre.

El mundo se tornó gris. Gris indiferencia, gris vacío, gris evasión. Gris de no sentir nada, gris de tumbarse en la cama y ser incapaz de distinguir los colores. Y de repente llegaste tú y el cosmos simbólico, imaginario, se volvió caos. Las cosas empezaron a doler. Apareció ese negro oscuridad, ese negro miedo. Miedo de todo y ante ello miedo de perderte, de perder todo lo que tú sembraste en mi. Miedo a lo real y a lo imaginario, miedo al miedo. Y también ese blanco, y de él emanaron todos los colores. El azul tranquilidad, el rojo pasión, la luz, la naturaleza, la vida. Ningún tiempo pretérito se podrá conjugar jamás con tu nombre. Es algo que creo que nunca llegas a entender del todo. Puedo avanzar, retroceder, saltar, caer, levantarme. Pero siempre, siempre te llevo conmigo.

El dinero mueve el mundo.

Nos engañamos pensando que es el amor, que es la amistad, que es la salud, y no es así. El dinero mueve el mundo. El dinero hoy en día puede comprarlo todo. Por culpa del dinero, la música no es arte, es negocio. Las productoras buscan vender un producto, no una voz, no una melodía capaz de transmitir sentimientos y hacer soñar, sino un ídolo cuya imagen forre carpetas adolescentes y cuyos conciertos, probablemente en playback, agoten las entradas en dos días. El cine tampoco busca creatividad, solo ser éxito en taquilla. Adaptaciones literarias como amanecer que se destrozan simplemente para que no se las considere R, y los niños puedan comprar las entradas suficientes para que pueda decirse que "La película ha sido un éxito". No importa la crítica, importan las ventas. Y la televisión. La televisión es todo lo anterior, magnificado. La televisión no tiene porque decir algo. ¿Para qué molestarse en invertir dinero en una serie de temática social si con un plató y cuatro personajillos pueden hacer sálvame y lo ve mucha más gente? Pero no, claro, no sé qué estoy diciendo. Si en España nadie ve tele cinco y nadie vota al PP. Qué ironías. Y diréis que aún así, el dinero no mueve el mundo, solo controla el ámbito de las comunicaciones. Pero te paras a pensar y, ¿qué hay de las leyes? Las leyes son ignorables para aquellos que pueden saltárselas. En cuatro días prohibirán el aborto, pero si tienes dinero siempre podrás irte a una clínica privada. Para estudiar determinadas carreras se necesita determinada media, pero si no te da y puedes pagar 900 euros al mes, ¡no hay problema! Está listo. Si necesitas ir al médico y no eres rico, sientate a esperar, que a no ser que te estés muriendo, tendrán colas de meses y meses. Si puedes pagarlo, adelante, tu médico privado tendrá consulta para mañana. ¿Qué no te gusta tu cuerpo? Cirugía estética. ¿Y a dónde lleva todo esto? Al materialismo, a la falta de sentimientos, al desinterés, a la pérdida de cultura, al vacío, a un mundo que parece gobernado por maquinas, a lo injusto. A un lugar que a nadie parece gustarle, pero al que todo el mundo se dirige.



(Y hoy no escribo ñoñadas porque no estoy ñoña. Escribo reflexiones, porque estoy reflexiva.)

2 de diciembre de 2011

En ti, solo en ti.

Quererte. Y que me quieras. Y pasar la noche en una cama pequeña, muy juntos, sin que quede espacio entre nuestros cuerpos. Pasión, sudor. Y que me abraces. Rodar por la alfombra, sentir el roce de tu piel y que la mía se ponga de gallina. Quedarme dormida acurrucada en ti y despertarme con esa misma visión: la de tu rostro. Y no pensar en nada más. Y no tener miedo. Porque no hay amor, no hay locura, no hay incoherencia. Solo es una pequeña porción de tiempo en la que pueda dejar de pensar en todo lo demás y pensar en ti, solo en ti.