30 de marzo de 2012

La (In)utilidad de las redes sociales.

Bienvenidos al siglo XXI. Siglo en el que la comunicación está tan avanzada que podríamos cambiar el mundo, si quisiésemos. Pero eso ya es otra historia. Eso ya sería hablar de palabras mayores. Eso sería convertir este post en un post serio, y no lo es. En absoluto. O sí. Depende de cómo queráis mirarlo. Yo más que nada quería hablar del uso o desuso que se da a las redes sociales.
El motivo de esta teoría (que formulo aquí como si supiese de lo que hablo y en realidad, no es más que una simple opinión) es que hace unos días encontré en el facebook de una amiga un reportaje de fotografías con su novio. Algunas me parecieron bonitas. Parecía que se querían mucho. Y de repente llegué a una en la que estaban en la cama. Ella abajo, él encima. Sí, tenían ropa. Gracias a yo que sé quién, no decidieron mostrarnos sus partes más íntimas. Comentándolo con otra amiga, me dijo que muchos de sus conocidos también subían ese tipo de fotos. Debo de estar en una época equivocada, pero no lo entiendo. Quizás es que yo soy demasiado tradicional o demasiado reservada. Quizás es que soy el único ser humano bajo la tierra que piensa que los actos románticos, mejor en privado. Puedo llegar a admitir una manifestación de amor pública en el vagón de un tren (aunque muera de envidia cuando parece real y piense "¡Qué gilipollas!" cuando la veo forzada). Puedo entender las típicas despedidas en plena calle y a gritos de "-Yo te quiero más. -No, no. Que yo te quiero más. -¡¡Que no!! Que te quiero más yo" (aunque me parezcan tremendamente cursis y pastelosas, o quizás es que yo sea una romántica porque pienso que esas cuatro palabrejas no significan nada cuando de verdad es eso lo que quieres expresar). Hasta ahí, vale. Partiendo de la base de que tampoco todo el mundo tiene una casa y una cama donde estar tranquilo. Pero lo siento. A lo de subir fotos metiéndole mano a tu novio a cualquier red social pública no llego.
No sé vosotros, pero cuando estoy con un individuo masculino en una cama, en lo último que pienso es hacer una foto. No voy a negar que en algún momento me hubiese gustado ser un Sim para que algún tipo de ente capturase en imágenes un momento mágico: tus labios rasgando mis pezones, tus manos dibujando corazones en mi espalda, mis ojos clavándose en los tuyos aquella primera vez o lo que sucedía cuando nos decíamos adiós. No voy a negarlo, sería un bonito recuerdo. Pero simplemente, en esos momentos piensas que no quieres que terminen, piensas en lo bien que te sientes o directamente, no piensas. Lo que me lleva a la conclusión de que estas fotos son forzadas. Lo que inmediatamente me lleva a la necesidad de mostrar. De mostrar, ¿qué? ¿Que tienes novio?. Para eso ponte de estado "Hola, tengo novio". Es igual de ridículo y por lo menos, no le cortas el rollo en el momento amor. ¿Que os queréis mucho? ¿Que os acostáis? Eso no nos importa, pero ya lo deducimos.
A mi me gustan las redes sociales (sino no estaría en casi todas ellas) y no lo voy a negar. Y me gusta tener alguna foto cuando me voy de vacaciones, incluso cuando salgo de fiesta. Me gustan las fotografías más absurdas que quizás sólo yo entiendo pero sirven para congelar sensaciones en un trozo de papel, y también esas que después te sirven para recordar a las personas con las que estabas. Me gustan las fotografías inesperadas, observar las caras e intentar pensar qué estaban sintiendo mis amigos en ese momento. Me gusta facebook, porque así puedo ver que hacen mis amigas (las que viven a 600km de distancia) cuando por uno u otro motivo somos incapaces de hablar. Me gusta facebook porque así podemos hacer eventos y planes cuando jamás coincidimos.  Me gusta facebook porque gracias a él mi padre se acuerda de mi todas las mañanas cuando lee "Cris está escuchando nosequé en Spotify". Me gusta facebook para compartir y descubrir música. Me gusta facebook por el simple hecho de compartir en general. Pero, ¿no deberíamos medir qué cosas queremos compartir?.
Después está twitter. Twitter, esa red social que cada uno utiliza a su manera. No voy a negarlo. Yo no utilizo twitter de manera profesional. Yo suelo twittear gilipolleces, de vez en cuando hago RT's interesantes y una vez al mes me pongo tremendamente ñoña. Pero me gusta porque me parece una gran herramienta para compartir (Cuando tienes algo interesante que compartir), para tener sensación de grupo, para encontrar gente con intereses similares a los tuyos y para informarse (Algunos a través de El país, otros a través del mundo y yo os recomiendo a @indiedemierda, porque sí. La inmediatez de la retransmisión de noticias vía twitter es alucinante.
Ahora bien. Ciertos usuarios hacen que twitter, directamente, apeste. Están los que intentan aparentar ser algo que no son. Típico twittero que se pasa el día hablando de sexo cuando su relación más intensa es con la almohada de su cama. Típico twittero que te dice: @flsmdksd Te sigo, ¿Me sigues? :) (Lo siento, pero jamás entenderé eso de los followxfollow. Sigues a quien te interese. Y punto. Que como leí una vez "los amigos de twitter no son como los pokemon, no tienes que hacerte con todos). Los que mantienen conversaciones día tras día y hora tras hora (A los que apetece decirles "Hola, existe una red social para conversaciones privadas. Se llama Msn. De nada.)
Si has llegado hasta esta parte del post, te mereces un pin. Ahora, la conclusión:
Yo creo que el problema de todo esto se basa en los límites. Cualquier tipo de red social te permite mostrar las partes de ti mismo que creas conveniente. Cualquier tipo de red social te permite dejarte conocer en mayor o menor medida. Y a veces parece que no tenemos límites. Lo que puede servir para acercar también sirve para crear una sensación de lejanía. Cuanto más muestras, más irreal parece (como el ejemplo de mi amiga y su novio en la cama). Yo creo que hay qué saber qué quieres compartir y con quién quieres compartirlo. Yo creo que los amigos cercanos deben tener ciertos privilegios. Yo creo que hay cosas que son tuyas y sólo tuyas. Yo creo que, hay sentimientos que si quieres mostrarlos públicamente debes hacerlo a través de un cristal y manchados con polvo. Yo creo que a veces deberíamos pensar más y actuar un poco menos. En determinados aspectos es una opción sensata. Y mostrar menos nuestro amor y hacerlo más.

Hola, tengo 21.

Soy de esas personas a las que les gustan los tatuajes. Aunque a decir verdad, sólo tengo uno y me lo hice hace menos de un año. Por miedo, por economía y porque, si escribo algo en mi piel, quiero que sea algo que de verdad quiera tener para siempre. El caso es que creo que lo más práctico que podría escribir en mi piel sería un: "Hola, nací en 1991".
Soy consciente de que no parezco muy mayor. Mido poco más de 1,60, no tengo demasiado pecho, tengo la nariz llena de pecas y para rematar mis características de nacimiento suelo llevar mochilas de cuero, diademas, zapatos de niña buena y calcetines con lacitos por encima de la rodilla. Pero tampoco es la situación tan dramática como para estar sacando dinero en el cajero de al lado de casa y que el imbécil del camarero del bar me pregunte si en mi colegio hicimos huelga. Colegio. Cuando ya hace tres años que soy universitaria. Y quiero pensar que con colegio se refería a uno de esos colegios en los que uno puede hacer hasta bachiller. Quiero pensar así.
Pero no es sólo eso. Hace una semana, estaba yo muy tranquila un viernes por la mañana, sin clase en mi casa, en pijama y prácticamente recién levantada de la cama cuando alguien llamó a la puerta. Mi compañera de piso se me adelantó, pero salí de mi habitación justo cuando ella abría. La conversación fue la siguiente:
Hombre vendedor de libros a domicilio: Hola, ¿están vuestros padres en casa?
Compañera de piso: No, vivimos solas.
Hombre vendedor de libros a domicilio: ¿Sois mayores de edad?
Compañera de piso: Sí, somos mayores de edad.
Hombre vendedor de libros a domicilio: Pero, ¿trabajáis?
Yo: No, estudiamos. Y sí, somos mayores de edad.
Hombre vendedor de libros a domicilio poco convencido: Lo siento, lo siento... Esto es que es para gente que trabaja, así que de todas formas no os lo puedo hacer.
Y se marchó. Y nos dejó ahí en la puerta. Y encima ni siquiera nos dio la revista de libros (que queríamos leer). Y digo yo, que si el requisito era trabajar, ¿Por qué no empezó la conversación con un "¿Trabajáis o vive aquí alguien que trabaje?". Porque lo mismo daba que fuéramos mayores o que estuvieran nuestros padres en casa.
Situaciones como esta forman parte de mi día a día. Y sí, tengo miedo de cumplir los 30 y que me sigan pidiendo el dni antes de entrar en una discoteca. Y que me sigan dejando pasar sin estar muy seguros de si hacen o no lo correcto. Que no venga el optimista de turno a decirme que cuando tenga 40 años agradeceré que me quiten edad. No lo agradeceré. No. Yo quiero tener mis años y punto. Y ya. Y son 21. Por mucho que tenga voz de pito, que no creo que me cambie a no ser que me ponga a fumar hasta morir, cosa que no pienso hacer. Y ahora que digo voz de pito, me vienen a la cabeza un par de conversaciones telefónicas en las que nada más descolgar el teléfono y sin necesidad de verme la cara me preguntaron si mis padres estaban en casa. Y una última con mi profesor de radio, tal que así:
Cris locutando: -Buenos días, blablablabla...
Profesor de radio: Vale, bien. Tienes la voz muy aguda.
Cris ya sin locutar: Oh. No lo sabía. Menos mal que tengo esta asignatura porque sino, jamás me habría enterado de algo tan importante como eso.

Vamos. Que si queréis que os coja cariño, decidme que aparento 60 años y tengo voz de camionero. Acabaréis con la mitad de mis traumas infantil-juveniles.

El caso es que después de reflexionar un rato, decidí empezar a vestirme de chica mayor. Dejar a un lado las diademas, mochila y calcetines y comprarme un bolso grande de Loewe, unos zapatos clásicos con mucho tacón y una camisa blanca lisa. Pero después me empecé a preguntar: ¿Qué llevan las chicas mayores en las piernas? Porque los shorts, no son muy de treintañera, ¿no?. Y nada. Que no supe responder, entre en crisis y decidí que prefiero ser una niña pequeña con 21 años.

(Lo que puede dar de sí una noche poco ñoña, sin sueño y con aburrimiento...)

27 de marzo de 2012

Para siempre.


Cerré los ojos. Apreté los párpados con fuerza y deseé que fuera para siempre. 
La gente suele querer que una relación dure para siempre. Yo lo que deseé fue que esa sensación no desapareciese. No era el hecho de estar contigo, de despertarme y encontrar tu cuerpo al lado del mío, no. No eran las tardes con sabor a café hirviendo, ni las noches infinitas. No era eso lo que quería retener. Yo quería retener el éxtasis, quería retener las ganas de vivir a tu lado. Quería que jamás desapareciese esa fuerza que ejercían tus labios sobre los míos, que nuestros cuerpos nunca dejasen de necesitarse. Quería que la pasión nunca desapareciese. Quería amarte por las mañanas y hacerte el amor a todas horas. Quería sentirte en silencio y decirte lo que sentía. Quería mirarte y que me entendieras. Quería romper todos tus esquemas, que quisieras seguir despierto cuando llegases a casa después de un día agotador. Ser tu fuerza, tu no sé qué.
 Por supuesto, no sirvió de nada cerrar los ojos, apretar los párpados y desearlo con fuerza. Dejé de creer en que eso pudiera existir y dejé de creer en los para siempres en los que a mi me gustaba creer.

26 de marzo de 2012

Estaríamos allí...

Estaríamos allí y no existiría ese frío que tanto odio.
Estaríamos allí y el cielo se llenaría de estrellas fugaces, pero no nos daría tiempo a imaginar deseos porque estaríamos haciendo el amor.
Estaríamos allí. Tú me acariciarías el pecho, yo besaría tu cuello.
Estaríamos allí y las caricias se convertirían en desgarros.
Estaríamos allí, tú y yo, sin más. No importaría nada demasiado. Sólo el hecho de estar. De estar juntos, ya sabes.
Quizás estaríamos allí si el mundo no hubiese cambiado de repente.
Quizás estaríamos allí si hubiésemos sido capaces de no tener miedo.
Quizás aún estaríamos allí si la palabra confianza existiera, si creyésemos un poco.
Quizás estaríamos allí si el orgullo hubiera desaparecido de repente del mundo.
Quizás seguiríamos allí si hubieses sido un ser empático.
¿Qué le vamos a hacer? ¿Qué más da?
No estamos allí, no es verano, no hay sentimiento, no hay deseo, no hay nada.
Bueno, sí. Hay nostalgia. La nostalgia nunca desaparece.
Creo que, la nostalgia es el sentimiento en que más creo.

25 de marzo de 2012

Así no vamos a cambiar el mundo.

Así no vamos a cambiar el mundo, así no.
Si no crees que algo puede suceder, jamás sucederá.
Pero, ¿cómo se cree?
Yo, a veces, sólo creo que dejé de creer en el amor más o menos cuando dejé de creer en las hadas y en el ratoncito Pérez (lo de los Reyes Magos me duró, incluso, un poco más).
Y, sin embargo, otras veces me descubro pensando que puede aparecer alguien que dispare mortalmente mi atención, alguien que consiga que quiera embotellar su risa para escucharla cuando no esté, alguien que acelere mi corazón, termine con mi apatía y me regale una maleta repleta de caricias. Alguien en quien sexo, amor y pasión formen un equilibrio absoluto. Mariposas en el estómago, mariquitas en el estómago, bichos palo en el estómago, que es más original.
Dudas, contradicción, caos. Lo mismo de siempre.
Así no vamos a cambiar el mundo. Así no.

23 de marzo de 2012

C.


De "mi mundo en imágenes" se pueden deducir bastantes cosas. Que me gusta Audrey Hepburn. Que las paredes de mi habitación están empapeladas. Que me encanta Love of Lesbian (y leo con frecuencia el cuento de "Yo mataré monstruos por ti"). Que también me gusta escribir. Y los monstruos que se convierten en corazones de plastilina. Que soy una chica ñoña. Que meto la pata con frecuencia. Que no se me da bien presentarme. Que mi playa es mi playa. Que me gustan los puzzles. Que soy bajita, morena y con un flequillo que me tapa media frente. Que tengo voz de pito. Que muevo las manos demasiado. Y todo lo que vosotros queráis deducir de él.
Este es un apartado que quería hacer hace mucho tiempo. Un intento de video blog que no terminaba de convencerme en su momento y que ahora quiero hacer bien, aunque no actualizaré con frecuencia. Pero soy de esas personas que, cuando van solas por la calle, siempre escuchan música. Y cuando escucho música, veo videoclips en mi cabeza. No puedo evitar pensar en imágenes. Y pienso que a veces las palabras se quedan cortas. Así que, de vez en cuando, en vez de en palabras actualizaré en imágenes. Y bueno. Hasta aquí. Ya. Sí. Creo.

Creo que ésta es la entrada menos ñoña-depresiva de mi blog en lo que va de 2012...

21 de marzo de 2012

Frío.

Frío infinito. Del que se te mete por los huesos y no deja espacio a nada mas. Joder, ven. Calientame. Calientame antes de que me congele, antes de que vuelva a ser de hielo.

20 de marzo de 2012

Sabía que antes o después iba a terminar sucediendo...


Sabía que antes o después iba a terminar sucediendo. Lo supe desde que abrí los ojos y salí de la cama a pesar de querer seguir durmiendo. No voy a decir que me levanté con el pie izquierdo porque odio con todas mis fuerzas esa expresión, siempre he preferido la izquierda y escribiría con ella si de pequeña no me hubiesen obligado a hacerlo "correctamente". Pero si así os resulta más sencillo de entender, podéis pensarlo así, podéis pensar que me levanté con el pie izquierdo. Sabía que, antes o después, me iba a poner a llorar. Podría dar una larga explicación pero, ¿para qué?. Realmente era mucho más complicado que eso.


19 de marzo de 2012

Caos, caos, caos.

Nunca entiendo la dinámica de las cosas. El mundo va demasiado rápido o soy yo la que se mueve demasiado despacio. Todo sucede y no nos damos cuenta. Nos perdemos cuando aún estamos encontrándonos. Siento cosas que no sé clasificar y cuando me pongo a analizarlas, han desaparecido. Me gustaría que sucediese un milagro y ni siquiera creo en las casualidades. Pido deseos a estrellas fugaces que jamás veo, sólo las imagino. Me despierto en mitad de la noche y no sé si mi último recuerdo ha sido un sueño o si de verdad he perdido la conciencia. Me asusto. Te echo de menos. Te quiero. No te quiero. Te quiero, pero no así. Te necesito. No. Yo no necesito. Me gustaría que estuvieras aquí. Así sí. Así suena mucho mejor. Sigue doliendo. Y pienso que siempre será así. Convivir con el dolor. Sí, eso. Eso es a lo máximo que aspiro. Sigo pensando que ojalá vendiesen pastillas. Pero no existen, no contra eso. Nadie las va inventar. Recuerdo. Lloro. Siento. Dejo de sentir. Cosmos. Caos. Mierda. No entiendo. Ni la dinámica, ni la estática. Nada. Ni a ti, ni a mi. Ni esto, ni lo otro. Joder. Algo sencillo, algo sencillo, algo sencillo. Tiene que ser posible. Hagámoslo posible. Ayúdame a que sea posible. Yo que sé. No sé nada. Sólo sé que jamás había sentido un vacío así. Sólo sé que nunca antes había pensado que una ecuación fuese más fácil de resolver si le añades una variable. Ahora sí lo pienso. Joder. Quiero que seas la variable que me complemente. Incoherencia. Nada. Olvídalo.

18 de marzo de 2012

Como si

Como si el tiempo no hubiera pasado.
Como si hoy fuera ayer y tú y yo fuésemos nosotros.
Como si el olor a leña ardiendo no hubiese desaparecido.
Como si aún algo importase.
Llegas, apuntas, disparas.
Pero no duele.
Ya no.


(Mentira. Mentira. Todo mentira. Y no me lo creo ni yo)

17 de marzo de 2012

44 Virtudes mías.

Yo crecí con Sexo en Nueva York. Entre otras cosas, claro está. Y aunque sabía que todo lo que pasaba en la pantalla pertenecía al género de la ficción, supongo que, de vez en cuando, me tocaba la cabecita y me hacía pensar. Es lo que tiene la televisión, que consciente o inconscientemente, te influye. El caso es que una de las frases que más suelo recordar de la serie es la siguiente:
Admito que es tentador desear a un jefe perfecto, a un novio perfecto o un conjunto perfecto. Pero tal vez lo mejor no sea abandonar, sino seguir en nuestro sitio y combinar lo que tenemos con los accesorios que mejor le vayan.
Supongo que tampoco es necesario ver Sexo en Nueva York para llegar a una conclusión así. Pero a mi siempre se me ha dado mal eso de asimilar los conocimientos y formular teorías coherentes (aunque lo haga constantemente). El caso es que tras pasar media vida buscando la perfección, el equilibrio absoluto, me di cuenta de que no existía. De que podía buscar cosas que se asemejasen, o intentar encontrar la mejor decisión de entre todas las posibles. Pero nunca iba a haber un número exacto capaz de resolver la ecuación. La vida no son matemáticas, las indeterminaciones jamás son números exactos.
Todo este rollo lo suelto porque hace tiempo hice una lista con "100 defectos míos". Tampoco es que sólo vea mis defectos (sólo en ocasiones, como todo el mundo). Quiero decir. Que también tengo virtudes. Así que esta vez voy a hacer una lista optimista con 100 cosas buenas sobre mi. Igual de aburrida que todas mis listas de 100 cosas. Aunque sólo sea por el largo. Y encima voy yo y escribo una parrafada antes cuyo único objetivo es no quedar de egocéntrica ante un universo de desconocidos.

1. Soy sincera. Y quizás esto no parezca una virtud, pero para mi lo es. Siempre he preferido que me digan la verdad, aunque duela.
2. Se me da bien escuchar a la gente. Lo de dar consejos ya es otra cosa, aunque lo intento.
3. Si alguien me importa soy capaz de hacer cualquier cosa con tal de verle feliz.
4. A veces, de vez en cuando, muy de vez en cuando, soy asquerosamente cariñosa. Así dicho suena a defecto, pero puede entenderse como algo bueno desde el punto de vista de que es "exclusivo", sólo ocurre a veces, muy de vez en cuando.
5. Soy constante. Si me propongo algo no paro de intentarlo.
6. Me caigo mil veces. Me levanto otras mil.
7. Soy reflexiva. Quizás demasiado, pero en el fondo me gusta serlo. O no. No sé.
8. Pese a que siempre estoy indecisa casi nunca me quedo parada. Me gusta intentar arreglar las cosas que no me gustan y buscar mi sitio aunque sea a través de caminos llenos de incertidumbre.
9. Me gusta aprender y que me enseñen.
10. No suelo ser radical. Aunque quizás esto sólo yo lo considere una virtud.
11. Se me da bien ponerme en el lugar de los demás y soy capaz de entender otros puntos de vista aunque no los comparta.
12. Si me equivoco en algo, lo reconozco.
13. Creo que soy detallista. Quizás no el tipo de chica que te despierta todas las mañanas con el desayuno hecho, pero sí de esas que hacen algo inesperado capaz de sacar una sonrisa.
14. Hay muchas cosas que me hacen feliz. Cosas simples. Como ir a un concierto, al cine, ver una película, un capítulo de una serie que me guste o simplemente que el modo aleatorio de mi Spotify decida regalarme una de mis canciones favoritas (algo no muy difícil teniendo en cuenta que las listas las hago yo).
15. En el fondo valoro bastante las cosas que tengo (aunque me queje de las que no tengo). Y me siento afortunada y orgullosa de algunos amigos y de mis padres. Sobre todo de mi padre.
16. No quiero con facilidad pero cuando quiero a alguien lo hago con todas las letras.
17. Casi nunca sé poner un nombre a mis sentimientos pero suelo saber explicar cómo me siento.
18. Casi nunca sé lo que quiero pero siempre sé lo que no quiero. Por algo se empieza.
19. Me gusta hacer fotografías y aunque no soy una experta, poco a poco voy aprendiendo.
20. Me adapto con facilidad a las diferentes situaciones. No me asustan los cambios.
21. Nunca olvido a alguien que fue especial. Que ya no lo sea no quiere decir que el pasado sea una mentira.
22. Tengo imaginación. No una imaginación desbordante pero... algo es algo.
23. Mi ordenador está muy ordenado.
24. Se me da bien tomar apuntes en clase.
25. Soy bastante realista.
26. Me gusta hacer posible lo que a simple vista parece imposible pero en el fondo no lo es.
27. Tengo memoria conversacional. Es decir, suelo recordar con frecuencia mis conversaciones con otras personas.
28. Me aprendo fragmentos de películas, series, libros o canciones de memoria y no puedo evitar reflexionar sobre ellos.
29. Me implico en lo que hago. Si hago algo, es para hacerlo bien.
30. Conozco mis puntos débiles.
31. Leo mucho. Bastante.
32. No fumo, no bebo (o por lo menos no habitualmente y jamás en cantidades industriales), hago deporte. Esto puede llamarse defecto porque soy una sosa pero también puede llamarse virtud porque soy una chica sana.
33. Sé caminar en tacones. Aguanto con tacones un día entero si es necesario. Lo que no quiere decir que me pase la vida en tacones. Pero cuando mides poco más de metro y medio, es una virtud con todas las letras.
34. Se me suelen dar bien la mayoría de deportes, mientras que no sean de equipo ni de pelota grande. Es decir, que las pelotas, cuanto más pequeñas, mejor (sin pensar mal, por favor).
35. Se me da bien eso de sentir empatía.
36. Soy flexible porque me pasé la mitad de mi vida haciendo ballet y gimnasia rítmica.
37. Tendría las manos bonitas si no me mordiese las uñas.
38. Cualquier plan me suele resultar atractivo si la compañía es la adecuada. Venga, venga. Vamos a revolcarnos en el barro.
39. No soy lo suficientemente egocéntrica como para encontrar 100 virtudes mías, así que el post se va a quedar en menos.
40. Se me dan bien las matemáticas, la física y ese tipo de cosas. Aunque no me gustan en absoluto. A esto se le llama "virtud desaprovechada".
41. Se me da bien relacionar cosas.
42. No soy nada vaga. Y no me suele dar pereza hacer cosas. Más bien al revés.
43. Sé escanciar sidra. Aunque no me gusta la sidra. Pedazo virtud, ¿eh?
44. No soy de dejar todo tirado por el suelo echo una mierda.

Y bueno. Ahí se queda esto. Que 44 es un número muy bonito.


16 de marzo de 2012

De vez en cuando, sucede.

De vez en cuándo sucede. No de forma clara, y la sensación dura unos pocos segundos. Sólo parece que siento algo. En aquellos tiempos lejanos eso habría bastado para echar a volar. Habría sido suficiente para empezar a imaginar una pequeña semilla que, a mayor o menor velocidad, siempre termina germinando en un gran árbol. En aquellos tiempos habría dicho "Quizás sí, quizás pueda funcionar, ¿por qué no?, Te... bueno. Te... eso, ya sabes. Eso que yo no sé decir..." Y me habría puesto un poco roja, pero no lo habrías notado, porque me habría echado maquillaje antes. Y mis ojos quizás hubiesen lanzado algún destello. Y habría aproximado mi boca a tres centímetros de la tuya, invitándote a hacer el resto. Pero no. Ahora ya no. Ahora ya he metido la pata tantas veces que me he hecho insegura. Ahora, cuando creo que siento algo, dudo que ese sentimiento se desvanezca instantes después. Es lo que tiene. Que ocurre algo cinco veces y ya lo generalizo como regla universal. Me han dicho que es un defecto. O no. Esto de los defectos es muy relativo. Pero defecto o no es así, y no puedo evitarlo.
Tiempo atrás habría hablado sin pensar. Porque yo siempre hago eso, lo de actuar y dejar las reflexiones para después, cuando los errores ya no tienen arreglo y pensar sobre ello no sirve para nada más que para que te sumerjas en interrogaciones infinitas. Pero eso tiene que cambiar. Ya no quiero dar pasos en falso. Ya no. No quiero volver a ser la chica que vive en un estado de confusión permanente. No por lo menos a los ojos del resto del mundo. Porque, al fin y al cabo, yo voy a seguir siéndolo. Siempre.

15 de marzo de 2012

Lo siento,

no quiero odiarte. No me gusta ese sentimiento. Y cada vez hay más cosas que no soporto de ti. Sí, sí. Sé lo que estás pensando. Este no es mi estilo, lo sé. Yo habría hablado contigo de forma individual. Pero, por una vez en la vida quiero saber qué se siente estando de este lado. Quiero saber qué se siente cuando la única información que recibes son unas cuantas palabras ambiguas a través de una red social. Cuando no puedes contestar o preguntar las cosas que no entiendes.
Sé que no se me da demasiado bien lo de hacer lo correcto. Que siempre pienso con la cabeza, siento con el corazón, doy vueltas y vueltas y termino tomando las decisiones equivocadas. Qué le voy a hacer. Soy así. Pero lo intento. Y eso también lo sabes. Sabes que lo último que quiero en este mundo es hacerte daño. Porque me importas, porque te quiero, porque sigues siendo la persona más especial que he conocido, con lo bueno y con lo malo.
Pero estoy cansada de que me juzgues constantemente como si fuese una muñeca de trapo, como si no me importase lo que pienses de mi. Estoy harta de ser la mala de esta historia. Estoy harta de no saber qué es lo que pasa por tu cabeza, de no saber cómo se supone que debo comportarme. Yo antes me desnudaba a tu lado. Ahora hay veces que no sé si debería ponerme unos cuantos abrigos incluso aunque haga calor. El hecho de que yo sea más fuerte, más libre o más madura no te da derecho a lanzarme puñales, por mucho que creas que sí. Además, me sorprende. Tú sabes que en realidad soy la persona más débil del mundo. Créeme, no quiero que esto acabe mal. Pero tampoco me gusta dar explicaciones porque sí, ni justificar cada paso o cada decisión que tomo. Y mucho menos tener que adivinar qué coño es lo que quieres, qué es lo que no te va a ofender. No soy lo suficientemente hábil como para meterme en tu cabeza. Quizás en algún momento de mi vida tuve ese don, pero de ser así, lo he perdido. Estas cosas pasan, que dirías tú.
No sé. Pensé que debías saber todo esto. Por cierto, ¿sabes? Ya sé cómo me siento. Me siento una mierda. Estas cosas no se publican en un blog. Estas cosas no se lanzan como mensajes al aire. Qué le vamos a hacer. Esta vez tiene que ser así. También quiero que tú sepas lo que se siente estando en el lado contrario.

14 de marzo de 2012

¿Qué prefieres?


- Y tú, ¿Qué prefieres? ¿Sentir o que sientan por ti?
- Sentir.
Contestó así, sin titubear, sin dudar un segundo. Con la misma facilidad que hubiera contestado si la hubiesen preguntado su nombre.
- ¿Por qué lo tienes tan claro?
A ella le intrigó más la sencillez con que había respondido que la respuesta en si.
- Porque sentir es bonito incluso cuando no es correspondido. Triste, pero romántico. Porque albergar sentimientos por alguien te hace crecer como persona, te hace feliz. Porque si sientes puedes convertirte en alguien tan maravilloso capaz de hacer que sientan por ti. En cambio cuando no sientes, cuando no te importa... cuando no sientes es como si te convirtieses en una especie de monstruo. No sentir es hacer daño y que ese daño rebote contra ti; no sentir es intentar por todos los medios que las cosas cambien y no poder; no sentir es no estar a la altura. Es fallar, es estar vacío. No sentir es, a fin de cuentas, como no ser. A nadie le gusta ser de hielo.

13 de marzo de 2012

De recordar y olvidar.


Me desperté en mitad de la noche. Por un momento no sabía dónde estaba, ni de dónde venía. De ese estado odioso en el que ni vives ni sueñas, en el que no sientes, o sí, o no. Quién sabe. Extendí los brazos. Estaba sola.
No sé por qué sucedió. No soy de esas que duermen acompañadas todas las noches. Pero de repente pensé en él. Era la única persona en el mundo capaz de darme
ese calor que es mucho más que el calor de un cuerpo humano. Y me di cuenta de que ya no recordaba ni su olor. Unos pocos meses habían bastado para olvidar las cosas más fundamentales. De repente me invadió un miedo terrible.
¿Y si se iba de mi mente del todo?
Joder, qué putada. La gente suele decir que lo que se recuerda en la vida son los momentos buenos. Pues a mi me pasaba justo al contrario. Había sido muy feliz a su lado y su imagen cada vez se tornaba más borrosa. Se difuminaría hasta desaparecer. En cambio, ya habían pasado diez años desde aquella "primera vez". Y jamás se había ido de mi cabeza su aliento, su respiración agitada, el olor a alcohol que salía de su boca, la aspereza de sus manos, el ansia de sus movimientos. Volvía a sentir todo eso cada vez que algún desconocido miraba alguna parte de mi cuerpo. Cuando alguien rozaba mi piel desnuda. Y volvía a sentirme exactamente del mismo modo. Como si fuera una pieza que no encaja o la pistola de un crimen irreversible.





12 de marzo de 2012

Quédate ahí...

tan cerca que pueda olerte. Tan cerca que sienta tu respiración. Tan cerca que, sin tocarme, sea capaz de sentir el calor que desprende cada poro de tu piel. ¡Sh! No digas nada. Quédate quieto, callado, escucha el latido de mi corazón. ¿Ves? Está empezando a acelerarse, va a un ritmo normal. Quiere seguir latiendo, late con ganas de vivir. ¿Escuchas el silencio? ¿No es maravilloso?. Quédate quieto, sin decir nada, porque no necesito nada más que eso. Ahora sí, ahora tócame, acaríciame. No por nada, sólo para saber que eres real. Entiende que tenga mis dudas. A mí no me suelen pasar cosas tan perfectas.

(Chicas que se ponen ñoñas a las 10:46. Chicas que desearían con todas sus fuerzas que ciertas cosas sucedieran)

11 de marzo de 2012

Buscas a tientas el olor a mandarinas.

Tenía miedo. Miedo a que siempre le saliese todo mal. Miedo a engañarse, miedo a engañar. Miedo a tener algo bueno durante un tiempo y destruirlo o dejar que se destruyera. Miedo a jugar por miedo a perder la partida. Miedo. El miedo siempre había sido su mayor enemigo.
Volvió a mirar al espejo. Su rostro estaba pálido, sus ojos de color rojo amor, rojo sangre. Las pecas en la nariz conseguían dar un aspecto dulce a una mirada tan triste. Su subconsciente dio un puñetazo al maldito objeto protagonista de tres cuartos de sus pesadillas y su imagen se fragmentó en mil pedacitos. Así se encontraba ella ahora misma. Era un conjunto de piezas y sentimientos desordenados que no era capaz de ordenar. Quizás, por el camino, había perdido algunas partes.

10 de marzo de 2012

Ya no sé con qué soñar.

Decías que matarías monstruos por mi, que sólo tenía que avisar. Y lo hacía, y lo hacías. Deseaba que llegase el momento de dormir para soñar contigo cuando no podía tenerte, deseaba que mi piel rozase tu piel porque en aquellos instantes no necesitaba nada más. Eras mi dosis de felicidad los días fríos de invierno. Y ahora ya no sé con qué soñar.
Creo que estoy empezando a odiar todo. A odiar los billetes de autobús que congelan recuerdos en un trozo de papel, los poemas que en algún momento te recordaron a mi, lo fuerte que podía llegar a ser, los segundos de debilidad suprema, los post-its de la pared. Tus ataques de celos, mis instantes de pánico.
No espero nada, no quiero nada, no planeo nada. No me queda nada, ni siquiera ilusión.


(Y sí. Estoy harta de escribir en pasado. Como si no existiesen más tiempos verbales)


9 de marzo de 2012

Eh, tú...

...Chico que consigue arrancarme ochocientas sonrisas al día. Chico que sabe que soy débil y aún así, se empeña en hacer que me sienta fuerte. Chico con el que haría cosas que no me plantearía hacer con nadie más. Chico que me escucha, chico que me aguanta, chico que me aprecia. Chico que me hace creer en cosas que ni siquiera sabía que existían. Chico que me ilusiona. Chico que hace que mi corazóncito diminuto se vuelva inmenso. Inventa un lugar para mí. Haz que deje de preferir el singular al plural. Quiéreme, oblígame a quererte. Haz que no exista otra opción.
Eh, tú... chico. Ojalá existieras.

8 de marzo de 2012

100 Defectos míos.

Sí. Me aburro lo suficiente como para ponerme a escribir esta lista. Es lo que tiene que te duela la garganta y mantener una relación de amor y dependencia con el calor del edredón nórdico. Además, tengo el apartado "Sobre mí" algo abandonadillo. Y se me da bien esto de ver los defectos a todo, no sólo a las cosas, no sólo a los demás, sino también a mi. Así que... a ello voy.
1. Hago este tipo de cosas como escribir listas con cosas negativas. Encima, sobre mi.
2. Soy despistada. Despistada nivel a veces no reconozco a mis compañeros nuevos de clase hasta que no se acaba el curso.
3. Meto la pata. Con muchísima frecuencia. En plan: "-Anda, qué guapa sales en tu nueva foto de tuenti. -No, pero si no soy yo, es una cantante china".
4. A veces soy demasiado sincera.
5. Salto con mucha facilidad. De los creadores de "Si me buscas, me encuentras" llega, "no hace falta que me busques demasiado, me encontrarás".
6. Soy de esas personas que siempre termina dando plantones a la gente a su alrededor. A veces por resfriados inesperados, otras veces simplemente porque se me olvidan los planes, de vez en cuando porque se me cruza el cable.
7. Soy impuntual. Siempre llego tarde. Le echo la culpa al tren pero lo cierto es que la culpa es mía.
8. Escucho la música demasiado alta. Creo que mis vecinos se saben mis gustos de memoria.
9. Además, soy muy pesadita. Cuando me da con una canción, la pongo en bucle. Durante un tiempo indefinido.
10. Me ilusiono con facilidad. Me desilusiono con la misma facilidad. Me enfado por ello.
11. Soy de pensar después de actuar. Vamos, cuando ya no sirve de nada hacerlo.
12. Me hago a mi misma preguntas absurdas. Nunca sé responderlas. Sigo intentándolo.
13. Cuando duermo con alguien no puedo evitar convertirme en una especie de lapa. Es solo cuando duermo. Qué le vamos a hacer. Mi yo subconsciente es un dependiente de mierda.
14. Soy ñoña. Cursi. Mucho. Demasiado. Y lo odio. Mucho. Demasiado.
15. No tengo paciencia. Odio lo de "el tiempo lo dirá". El tiempo nunca me habla.
16. Tengo voz de pito. Muy de pito.
17. También estornudo de pito. Según un amigo "Como un patito de goma afónico".
18. No sé sacar la lengua en condiciones.
19. Tampoco sé hacer pedorretas. Cuando lo intento salen sin sonido. Es ridículo.
20. Chasquear los dedos y guiñar los ojos tampoco es mi fuerte.
21. Tengo demasiado culo, cadera, piernas y todas las partes del cuerpo de cintura para abajo.
22. También tengo cara de pan.
23. Siempre dejo la almohada llena de pelos. Así como el lavabo después de peinarme. Vamos, que soy como un gato.
24. Soy bajita.
25. Tengo demasiada frente aunque la escondo debajo de un flequillo sin el cual no podría vivir.
26. No sé hablar sin mover exageradamente las manos.
27. Siempre convenzo a la gente para que hagan cosas que, de no darles la tabarra, no harían. No puedo evitarlo.
28. Soy sosa. Que le vamos a hacer.
29. Me engancho a series malas. Y no puedo evitar verlas.
30. Me enfado cuando las cosas no me salen como quiero que me salgan. Esto es, casi siempre.
31. No soy la compañera ideal para ir a cenar/comer. No me gustan la mayoría de sitios que a todo el mundo le suelen gustar.
32. Cuando voy a tomar algo, tampoco sé qué pedir. No me gusta demasiado el café, y si no tengo sed pedir agua me suele parecer absurdo.
33. Resulto increíblemente atractiva al 95% de los virus que habitan este planeta.
34. De vez en cuando me baja eso que llaman regla, característico de las mujeres. Para mi es algo así como si una Guerra Mundial estallara en mis ovarios.
35. Un par de días a la semana me duele la barriga. Otro par de días a la semana me duele la garganta. Los otros dos días me duele la cabeza. Y el séptimo es el domingo, que es astromántico y me duele el corazón.
36. Se me suele dar mal eso de demostrar mis sentimientos. De hecho las personas a las que más he querido en mi vida me han dicho en uno u otro idioma que no sé querer.
37. Tengo risa de retrasada.
38. No sé mentir.
39. Tampoco sé copiar en los exámenes. Una vez intenté hacer un cambiazo. Me pillaron. Me preguntaron si tenía más hojas. Me puse roja como un tomate. Contesté que sí. Saqué otras cinco de la mochila.
40. Me da miedo casi todo.
41. Soy una orgullosa de mierda.
42. Decir "Te quiero" me parece más difícil que resolver una ecuación de octavo grado. Sí, ya sé que no existen. Pues más difícil que descubrir el modo de resolver una ecuación que no existe.
43. Soy negativa. Por naturaleza.
44. No me entiendo ni yo.
45. Busco cosas que no existen.
46. A veces me pongo objetivos. Los alcanzo. Me doy cuenta de que realmente no me gustan. Los mando a la mierda. Vuelta a empezar.
47. Suelo destruir las cosas que me importan. Sin querer.
48. Me atrae lo extraño. Demasiado extraño.
49. No me gustan muchas cosas que suelen gustar a la gente, así en general.
50. Soy una inculta de la historia. No sé nada. No entendéis hasta qué punto llega la palabra nada.
51. No me importa pasarme un sábado noche en casa viendo películas. Soy una especie de señora mayor en un cuerpo de niña.
52. Físicamente, aparento 16 años. Tengo 21.
53. No sé jugar a videojuegos.
54. Tampoco sé dibujar. Aún así hago dibujines. Todo es un plan para destrozar la vista a todas las personas de mi alrededor.
55. Me creo más fuerte de lo que soy. Me cuesta permitir que otros maten monstruos por mi. A veces no puedo sola.
56. No sé cantar.
57. Lo de limpiar y cocinar tampoco es que sea mi fuerte.
58. No sé peinarme. Sólo se hacerme coletas con huevos. Con muchos huevos.
59. Podría decir que se me dan mejor los animales que las personas. Lo cierto es que tampoco se me dan bien los animales. Tuve una tortuga y la tire por el WC mientras hibernaba porque pensé que estaba muerta. Tuve un hamster y se volvió loco, lo tuvieron que matar. Tuve un periquito y le salió una enfermedad, tenía dos picos.
60. No tengo memoria. No sé retener datos.
61. Soy incapaz de estudiar más de cuatro horas seguidas. Bueno venga, vale. Más de tres. Dos. Venga, dejémoslo en una.
62. No me llevo bien con las puertas automáticas. No sólo es que no se abran cuando me acerco, es que a veces se cierran delante de mis narices.
63. Soy torpe. A comienzos de mi segunda vida universitaria, estaba yo sentada en la cafetería. Vi una tela de araña. Me asuste. Grité. Me tambaleé. Me caí al suelo. Hice ruido. La silla hizo ruido. El resto os lo podéis imaginar.
64. Se me escapan las cosas. En plan "-Bueno, a lo mejor esta clase os resulta un poco aburrida... -Pues sí, la verdad que sí." a un volumen considerablemente alto.
65. Cuando voy a coger agua de una nevera demasiado llena siempre termino derramando algo. Por suerte, mi nevera actual no está tan llena.
66. No soy cariñosa. Nada.
67. No soporto hacer cosas por cortesía o por quedar bien. A veces eso me termina convirtiendo en una borde de mierda.
68. Cuando me aburro hago cosas absurdas. Como escribir poesías. Estilo "Lector, lector, si has llegado hasta aquí te mando un besito en todo el aductor".
69. Soy indecisa. Indecisa nivel que me cuesta decidir incluso qué tenedor coger cuando todos los tenedores son iguales.
70. Tengo una mancha en la barriga y otra en la ingle.
72. También tengo pecas. Y lunares. Muchas. Muchos.
73. Mi pelo es aburrido. Solo mola suelto. O quizás eso sea la combinación pelo, cara. Pero vamos, que eso.
74. Tengo frío 360 de los 365 días del año. Los días de calor también, que por la noche refresca.
75. Cuando hace demasiado calor, también me quejo. Nunca estoy a gusto.
76. Me salen moretones con una facilidad increíble. Cada mañana me despierto con unos cuantos nuevos.
77. Hay demasiadas cosas graciosas que no me hacen gracia. Tengo un sentido del humor peculiar.
78. También me salen sarpullidos. Mi dermatólogo dice que es del frío.
79. Colecciono alergias. Alergia a algunos detergentes. Alergia al polvo. Alergia al mango. Alergia a .... etc, etc, etc.
80. Me gustan las cosas imposibles. Me empeño en que sean posibles. A veces no lo son.
81. Soy excesivamente independiente. Necesito mucho mi espacio.
82. Soy una insensata. Pretendía quedarme en los cincuenta y aquí estoy.
83. Tengo las orejas demasiado pequeñas. Y debiluchas. Un año me dio por ponerme pendientes largos. Puedo atravesar mi agujero actual con cuatro lápices a la vez.
84. A veces me hago mal la ralla del ojo. Haciéndomela todos los días, tiene delito.
85. Soy miope. Me compré lentillas. Casi nunca me las pongo porque tardo milenios y siempre se me terminan cayendo.
86. Siempre se me suele olvidar algo cuando salgo de casa. Según la importancia que tenga: a. Doy la vuelta y soy aún más impuntual. b. lo echo de menos durante todo el día.
87. Pierdo cosas. Estilo: pierdo mi móvil en una mini-habitación de 3 metros cuadrados.
88. Tengo una obsesión con los post-its. Para más información, consultar entradas anteriores.
89. Soy (Des)ordenada. Pero maniática del orden a mi manera.
90. Hay demasiadas cosas que hago a mi manera. Mi manera no suele ser la manera del resto de personas que conozco.
91. No imagino mi vida sin smartphone. Básicamente porque no podría estar desconectada del mundo.
92. Soy rencorosa. A veces.
93. Me cuesta perdonar. Lo intento.
94. Me siento incapaz de todo con frecuencia.
95. Hay palabras que utilizo demasiado.
96. No sé pronunciar Gwineth Patrol. Ni I pages.
97. Marco demasiado las "eses". Para transcribir correctamente mi voz, debería poner "no esss que me intente essssscusssssssar pero sssssssiempre he hablado assssssssí y nunca me quissssssieron llevar al logopeda".
98. No tengo buen pulso.
99. Soy un poco desastre con la informática.
El número 100 me lo reservo para mi.

7 de marzo de 2012

Yo...

Yo, que a veces pienso una cosa y al segundo justo lo contrario. Yo, que creo que todo es posible pero con frecuencia me empeño en ponerle delante el prefijo "im". Yo, que constantemente le echo pulsos a la vida para ganar ilusión y siempre termino perdiendo. Yo, que creo que las cosas pueden funcionar pero me acecha el miedo. Yo, que me digo constantemente que no hay miedo sin esperanza ni esperanza sin miedo. Yo, que no quiero estar sin ti pero no sé si sería capaz de estar contigo. Yo, que dudo de todo, empezando por mi misma. Yo, que quiero expresar sensaciones y no sé cómo hacerlo. Yo, que intento entenderlo todo y termino por no tener nunca nada claro. Yo, que busco un principio feliz, porque nunca me han gustado los finales. Yo, que a veces me tumbo en la cama y pienso, y el tiempo se evapora. Yo, que imagino videoclips cuando escucho canciones. Yo, que no necesito demasiado para sonreír, pero tampoco cien golpes para llorar. Yo, que soy débil y fuerte. Yo, que esporádicamente pienso que no sé querer pero siempre termino llegando a la conclusión de que de alguna manera tengo que llamar a este sentimiento. Yo, que soy un poco ilusa, o tal vez un poco tonta. Yo, que hoy sólo quiero dormir. Pero no sola. No con cualquiera.

6 de marzo de 2012

Cosas que no deberían suceder.

Colgó el teléfono. Su rostro estaba, de repente, congelado. Quería llorar pero no le salían las lágrimas. Era incapaz de asimilar todo aquello.
En unos minutos pasaron por su mente todas las imágenes que habían formado su historia. Los primeros intercambios de sonrisas en la playa. Cuando ella se escondía debajo de la toalla para que él no la viera. Las primeras conversaciones. ¡Cómo le había costado pronunciar las primeras palabras, maldita timidez!. Lo recordó todo. Las fiestas, los juegos, cuando se disfrazaban de personas incorrectas. Recordó cuando, por primera vez en la vida se imaginó vistiéndose de blanco y subiendo, de su mano, al altar. Recordó el último verano. La distancia inevitable que se había instalado entre sus cuerpos. Recordó como la confusión, los celos, la impotencia y la rabia habían hecho lo bonito menos bonito, pero seguía siendo bonito. Todas estas imágenes la hicieron sonreír para, segundos después, romper a llorar.
No, no, no. No podía ser. Tenía que ponerse bien. Tenía que ponerse bien inmediatamente. En aquellos momentos sólo quería abrazarle. Sólo quería decirle que era especial, que era fuerte, que había cambiado su vida, que le había querido. Sólo quería hablar durante horas y horas con él. Volver a pasear por su playa, por la playa mágica. Volver a desear ahogarse para que él la salvara. Volver a sonrojarse cada vez que la miraba. ¿Por qué? ¿Por qué la muerte había decidido echarle un pulso si ni siquiera había vivido treinta primaveras?. Tenía que ponerse bien. Tienes que ponerte bien.

5 de marzo de 2012

Algún día de estos...

Algún día de estos te voy a enseñar lo que es un beso. Pero un beso de verdad, no de esos que se reparten de forma gratuita, no uno de esos que puedes encontrar en cualquier discoteca un sábado por la noche, no un simple beso de cariño tintado de nostalgia y esperanza, no. Un beso de los que ni siquiera tienen lugar en las películas más románticas y pasionales, un beso que no puede describirse con palabras. Un beso que, para entender, tendrás que experimentar con tus cinco sentidos. Un beso de los que marca un antes y un después, uno de esos que hace que las dudas se evaporen, que te muestra que merece la pena arriesgar. Un beso que haga que en ese instante exista el beso, nada más. Un beso del que no vale la pena hablar. Advertido quedas. Te aseguro que, después de ese beso, tú no volverás a ser tú y yo no volveré a ser yo.

4 de marzo de 2012

Sexo.


Me despierto. Miro el reloj, aún son las seis. Te miro. Aún duermes. Te toco. Me gusta la calidez de tu piel, me gusta su tacto entre áspero y suave. Me gustan tus ojos incluso cuando están cerrados. Me gusta contemplar tu cuerpo alumbrado por el amanecer que entra por esa pequeña rendija de la ventana de la habitación, culpable de que yo no duerma, culpable de que me enamores. Caricias. Te beso y sonríes, aún durmiendo. Imagino tu sueño. Me gustaría estar presente. Tu sueño... mi sueño. Soñar lo mismo y volver a hacer el amor una vez dormidos, sí. Me abrazas. Me quedo quieta. Me has atrapado. Ya no puedo salir de la cama hasta que tú no despiertes. Presa de ti, presa del amor, presa del miedo. Presa de un resquicio de realidad que mañana se volverá irreal, cuando despertemos, cuando volvamos a ser nosotros y nos demos cuenta de que todo eso tan solo era el principio de evasión, la necesidad de amarnos sin siquiera conocernos. Dolor. Rabia. Sudor.

3 de marzo de 2012

Mentiras.

Lo cierto es que la mayoría de las personas piensan que el amor es algo así como las matemáticas. La palabra enamorarse realmente no existe. Todo esto consiste en cantidades. Querer más o querer menos. Y cuando el más llega a cierto nivel, tienes derecho a llamarlo amor. Se supone que basta con estar a gusto, con confiar, con querer compartir cosas que no compartirías con otras personas. Lo siento, me han mentido.
Nada de mariposas en el estómago ni fuerzas imparables, nada de irracionalidad o actuar sin pensar. Nada de sentimientos únicos, olvida los "para siempres". El amor está sobrevalorado: Es un sentimiento escaso, pero no es único; te hace fuerte, pero no invencible; te hace feliz, pero jamás serás inmune a la tristeza.
Me niego a pensar que eso sea real. Me niego a pensar que de verdad el amor sea solo eso, porque de ser así, casi sería tan sencillo de analizar como un par de sumas y restas o un cuestionario de menos de diez preguntas. Y entonces se vendrían abajo absolutamente todas y cada una de mis ilusiones. Tiene que existir algo que sea perfecto en el mundo, porque sino, el término perfección no tendría sentido. Y de existir algo perfecto, ese algo tiene que ser un sentimiento. Ese sentimiento. Llamémoslo cada uno a nuestra manera.

2 de marzo de 2012

Quizás sea verdad. Quizás yo no tenga derecho a hablar de amor.

Quizás sea verdad. Quizás yo no tenga derecho a hablar de amor. No te voy a mentir y tampoco me voy a mentir a mi misma. No tengo ni idea de lo que es tener mariposas en el estómago, tampoco conozco las fuerzas imparables ni los magnetismos inevitables, ni el placer más allá de sesenta segundos. Hace mucho que ni siquiera sé si creo en todas esas cosas, pero también sé que, de creer en algo, quiero creer en eso. No soy de esos corazones preparados para querer a medias. Eso no. Yo sólo sé de sensaciones. De sensaciones que jamás consigo explicar.

1 de marzo de 2012




- ¿Te acuerdas...?
- Sí, me acuerdo.
- ¿Cómo sabías lo que iba a decir?
- Tus ojos. Brillaron. Siempre te delatan.
- ¡Mierda!. Eh, ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás triste así, de repente?
- Nada, no sé. Pensaba que... no importa.
- ¿Qué?
- Que ya solo te brillan cuando piensas en pasado.
Ella también se entristeció. Y eso no era lo peor. Lo peor era que todo era más bonito en el recuerdo que cuando lo había vivido. Pero seguían ahí.

Pero todo acabó, y lo de menos es buscar una forma de entenderlo. Yo solía pensar que la vida es un juego... y la pura verdad es que aún lo creo.