30 de septiembre de 2012

Enredémoslo todo.

Enredémoslo todo. Hagamos nudos cada vez más y más complicados. Que no quepa nada más en esta habitación. Desordena mis miedos hasta que no los pueda distinguir. No me importa no ver nada más allá de tus ojos. Tiraré mis sentimientos por la ventana, todos los que no necesitamos. Tiraré mis sentimientos en algún lugar para que no sea necesario que te quedes lo suficientemente lejos como para no ver cada una de mis partes erróneas. Para que te puedas acercar, para que no tengas miedo, para que confíes en mi. Para ser plenamente consciente de que puedo hacerte feliz. Para que seas plenamente consciente de que quiero hacerte feliz. De que quiero sentirme capaz de hacerte feliz.


(De que deseo hacerte feliz)



27 de septiembre de 2012

Así es como funciona la magia.

No me pidas que pregunte a mis manos si van a querer tocarle hasta que se le deshaga la piel. No pienses que mis ojos pueden saber si van a desear desvestir su cuerpo lentamente. No intentes entender las cosas antes de que sucedan, porque no tiene sentido. Debes saber que yo nunca planeo nada. Que me gusta dejar que fluya la improvisación. Que no puedo preguntarle a mi cuerpo si va a querer acercarse al suyo lo suficiente para no dejar espacio a los miedos. No sabrá contestarme. No hablamos el mismo idioma. Cuando siento con fuerza mis extremidades no responden, pierdo el control. Te contaré un secreto: nunca espero nada de los momentos porque no quiero forzarme a actuar para cumplir unas expectativas. Así es como funciona la magia: sucede lo inevitable y no sabemos explicarlo.


(Deja que mi cabeza esconda algunos secretos. Es mejor que sea así)

23 de septiembre de 2012

Si no funciona...

A mi no me digáis que no merece la pena. Ni se os ocurra intentar meterme en la cabeza la idea de que el amor evoluciona y termina convirtiéndose en estabilidad y rutina. Que no escuece, que no pica, que no quema. Que no destroza todo, empezando por tus principios. No me intentéis convencer de que amar es conformarse y tomar la decisión de quedarse quieto aunque no te vuelva loco ni te deje sin respiración. Quitadme lo que queráis, menos mis ideales. Creo saber por qué pensáis todas esas cosas. Quizás es porque nunca os habéis visto reflejados en sus ojos al despertar. Ni habéis querido hacer "¡chas!" a las cinco de la mañana para darle las buenas noches con las manos. Nunca habréis sentido el placer del dolor que te consume, ni habréis sacado lo peor y lo mejor de vosotros mismos en tan sólo un segundo. Si habéis sentido todas esas cosas sabréis como yo que merece la pena. Que siempre merece la pena.


(Yo te abrazo en sueños y el mundo se para. Si no funciona, se arregla)

19 de septiembre de 2012

Nada más.

Que aparezcas y consigas que no sepa definir qué es lo que siento, qué pienso, qué necesito. Que me descoloques de tal manera que el deseo de perderme en tu cuerpo sea comparable al de acariciar tus pupilas con mis miradas de reojo. Que no sea necesario entenderlo porque baste, simplemente, con sentirlo. Que llegues y que te quedes ahí, que me quede aquí. Que nos rindamos a la estabilidad del caos de tus sentidos en mis sentidos. Nada más.


(Que nunca haya más miedos que ganas)

16 de septiembre de 2012

Quizás, algún día.

Quizás, algún día. Quizás algún día lo entienda.
Entienda por qué nunca quisiste entenderme. Por qué jamás te preguntas de qué manera me afecta, o cuál es el motivo por el que nunca querré ser como tú. Que intentes darte cuenta de qué es lo que me hace contraerme y sentirme diminuta constantemente. O que te plantees la posibilidad de que de vez en cuando lloro y no puedo evitarlo, aunque nunca me hayas visto hacerlo.
Quizás algún día sepas todas esas cosas, sepas que no soy más que un montón de miedos y ganas enlatados.  Sepas que me has hecho más daño del que podrías imaginar. Más daño tú que nadie. Porque de los demás podía esperarlo. De ti jamás me planteé la posibilidad de que no te quedaras a mi lado, de que no quisieras protegerme. Simplemente pensaba que me entenderías y susurrarías un "te quiero" a medias. Pensaba que me elegirías y dejarías a un lado todas las demás opciones. Y siempre hacías justo lo contrario. Me situabas a mi en el último lugar.


(Y en el fondo, siempre voy a ser esa chica que envidia profundamente tu arte de pasar de todo y que desea por encima de casi todas las cosas en el mundo ser suficiente)

14 de septiembre de 2012

.

Arrancarme la piel a pedazos. Para que duela. Para sentirlo. Hacerme diminuta hasta desaparecer, invisible. Invisible para no ser todo eso que no me gusta ser, para no existir. Y perderme.


(Hasta darme cuenta de que si me pierdo, no podré sentirte. No podrás verme. Si no existiera no podría tocarte. Y decidir entonces que merece la pena volver a encontrarme. Y encontrarte.)

10 de septiembre de 2012

Indiferente.

Ser así, de verdad indiferente.
No importarle a nadie, (pero que todo me importe).
Ser indiferente para poder hacer y deshacer a mi antojo,
sin hacer daño (pero que me hagan daño).
Que me hagan todo tipo de daño, pero no sentir nunca jamás que destrozo todo lo que toco,


(sin proponérmelo siquiera).


6 de septiembre de 2012

Echémosle la culpa al momento.

No eran todas las acciones que nunca llegabas a ejecutar, ni todas las palabras que morían incluso antes de llegar a mis labios. No era esa opresión en el corazón ante la más mínima discusión, por pequeña que fuera. No era tampoco la distancia entre nuestros cuerpos o entre nuestras manos, ni cómo los miedos ocupaban el espacio existente entre el "quiero" y el "puedo". No fue culpa nuestra. No nos echemos la culpa de algo que habríamos evitado de haberlo podido evitar. Fue culpa del momento, eso es. Echémosle la culpa al momento. No soy yo, ni mis complicaciones, ni el hecho de no estar a la altura (probablemente por el miedo a no estar a la altura). No eres tú, ni fue nadie nunca antes. No es cuestión de querer y no poder, ni de poder y no querer. No es todo lo que no me gusta de mi, ni lo que te gusta de ti, ni lo que cambiaría si fuera posible (pero no lo es). La culpa es del momento. Digamos que "no es el momento" y que pase el tiempo. Y si nos ahogamos, será culpa de que no era el momento de sobrevivir.


(Maldito frío de Septiembre, joder)

4 de septiembre de 2012

No es sentimiento si no destroza.

Indescriptible. Adictivo. Arrollador. Locura, pasión, deseo. No lo entendía entonces, no entendía por qué me desordenabas tanto. Sigo sin entenderlo. Tú, motor de mis impulsos, interruptor de mis ganas. Tú, mi punto más bajo y también mi punto más alto. Joder. No sabía qué hacer con todos esos sentimientos, no sabía dónde meterlos, cómo utilizarlos. Nunca fui capaz de conseguir que no me mataran (ni de dolor, ni de placer). Débil. Me hacías débil. Me dabas miedo. Me daban miedo todos los ojalás que podía conjugar con tu nombre, todos los planes de futuro que hacían que el futuro sin ti pareciera no merecer la pena. Perder la cabeza. Perder el cuerpo, perder el alma.Perder mis principios establecidos de antemano o todas aquellas reglas que prometí cumplir aquella noche. Perder quizás todo, pero no perderte a ti. Todo, yo lo habría perdido todo, lo habría perdido todo y más con tal de estar contigo. No podía funcionar. No podía funcionar porque tú sentías exactamente lo mismo. Dolía por mi, dolía por ti, dolía el daño que me hacías, dolía el daño que te hacía a ti. Te iba a destruir, me iba a destruir. Fue lo más intenso que he sentido jamás. No sé ponerle un nombre, no sé etiquetarlo. No sé si me gustaba, no sé si podría haberlo soportado más tiempo. No sé en qué momento la cordura se apodero de aquello, no sé por qué pudimos decidir, no sé si las ganas dejaron de ser suficientes o si en realidad nunca lo fueron, no sé muchas cosas que me gustaría saber y no conozco muchas respuestas que quizás no existan. Sólo sé que me alegro de haber descubierto la manera de no sentir constantemente que termino con todo lo que me importa, aunque eso implique tener a veces la sensación de que no es sentimiento si no destroza. No  tenía sentido. No hay que darle vueltas. Todos somos felices cuando nos empeñamos en serlo.


2 de septiembre de 2012

Septiembre.

- Me hubiera gustado sentirlo contigo.
- ¿El qué?
- Lo que siento ahora.
- Ah, ¿si?... ¿Por qué?
- Porque eres especial. Y me hacías feliz sin proponértelo siquiera.
- ¿Y por qué no lo sentiste entonces?
- Supongo que porque cada mañana me despertaba con miedo de que ya no estuvieras ahí. Y cuando te dejaba en la puerta de tu casa, veía cómo te alejabas y pensaba que quizás fuese la última vez que tenía el placer de observarte buscando las llaves durante horas y subiendo las escaleras corriendo. ¿Qué pasa?...
- Que a mi me pasaba justo al contrario. Me gustabas porque todo salía sin que necesitásemos intentarlo. Y cuando me despertaba y te veía ahí, dormido, pensaba en lo mucho que te echaría de menos cuando todo aquello terminase. Y pensaba también que si esa era la última vez quería que fuese tan mágica como la primera.


(Septiembre y sus principios que se convierten en finales antes de darse cuenta de que eran principios)

Eh, voy a hacer propósitos de Septiembre. Poquitos y "cumplibles". Y los voy a poner aquí para tomármelo más en serio: 
1. Ver dos películas de esas que no son mi estilo a la semana. Este era mi propósito de verano, pero no lo cumplí. Castigo: no ver el capítulo de la semana de alguna de las series que sigo.
2. Levantarme 30 minutos antes para desayunar y llegar a tiempo a clase. Castigo: no tomar yogur líquido en toda la semana. 
3. Faltar a clase como máximo una vez cada dos semanas. Castigo: un día sin ordenador. 
4. Estudiar por lo menos una vez al mes. Castigo: no leer en todo el mes. 

Y ya. Que tampoco es cuestión de pasarse....