30 de noviembre de 2012

Odié quererte.

Odié todo. Odié las palabras que nos habíamos dicho en todos aquellos años. Odié que perdiesen su valor en tan solo unos segundos. Odié los para siempres y los ojalás. Odié necesitarte. Odié los autobuses, los trenes, los aviones. Odié los billetes que, ya borrosos, escondía en el cajón en el que guardo todas las cosas especiales. Odié el olor a coco y a vainilla, odié el sabor a fresa y chocolate, odié los viernes, los sábados, los domingos, los lunes. Odié las historias de amor, las películas, las promesas de futuro, los recuerdos del pasado y el presente sin ti. Te odié a ti. Me odié a mi. Por necesitarte, por tener miedo, por no saber pedirte que te quedaras, que nunca te fueras, por no saber estar sin ti, por no ser capaz de hacerte sentir la persona más especial del mundo. De mi mundo. Y en medio de tanto odio, sobre todo,  odié saber que si te eliminaba de mi vida, me mataba. Porque yo sin ti era yo sin emociones. Y yo sin emociones no valía nada. Y entonces me volví a odiar. Por retenerte. Por haberte arrastrado conmigo a un bucle de masoquismo en el que siempre estaríamos sin estar. Tú seguías sin confiar en mi y yo seguía sin creer en nada.


(Yo no puedo escuchar Domingo astromántico sin ponerme tremendamente ñoña)

27 de noviembre de 2012

Critiquemos la doble moral como si de verdad existieran los principios.

Sobrecarga de datos en el ambiente. Juzguemos los hechos. Interpretémoslos y busquemos resquicios de doble moral. Golpeemos justo en alguna contradicción. Seguro que duele. Como si la vida no estuviera hecha de polos opuestos, como si nunca quisiéramos sin querer. Como si de verdad existieran los principios y tuvieran otro fin a parte de romperse a si mismos. No nos engañemos. No es necesario mirar a nuestro alrededor buscando piezas que no encajan. Todos tenemos grietas. Que tire la primera piedra a quien nunca le hayan traicionado sus propias palabras. Que faltan valores y sobra hipocresía. No es que la doble moral esté a la orden del día. Es que es de humanos equivocarse y de sabios rectificar. Gracias a - inserte aquí ser divino o mitológico, ente u objeto en el que crea con todas su fuerzas - la vida no consiste en ir firmando contratos hasta la muerte. Caminar significa descubrir nuevas rutas que quizás queramos tomar. Siempre habrá un lugar en el que comprar los billetes para un nuevo destino que podremos decorar a nuestro antojo o simplemente, abandonar. Los planes están hechos para cumplirse pero también para romperse. Así que dejemos ya de hablar de sinceridad, transparencia, principios, finales y demás conceptos absurdos que ninguno tenemos. Porque nadie puede asegurar cuál será su próximo movimiento y eso todos lo sabemos. Afirmar lo contrario no es más que ser lo suficientemente cobarde como para no aceptar que el destino no existe y que somos nosotros quienes construimos el mañana mezclando el hoy con nuestras expectativas y experiencias.

25 de noviembre de 2012

Entonces llega el caos y después, todo lo demás.

Me pregunto si puedo ordenar cada una de mis palabras. Si merece la pena entender mis sentimientos y etiquetarlos para que no haya lugar a dudas, aunque esto suponga eliminar quizás los matices más importantes. Establecer un modelo de conducta y cumplirlo a rajatabla. Pero soy incapaz. Por eso me guío por impulsos y enredo los cables lo suficiente como para esconderme en ellos. Juego con fuego hasta quemarme esperando que alguien lo apague antes de que me convierta en polvo. Vivir el momento, solucionar así todo. Yo siempre tan emocionalmente inaccesible hasta que dejo que todo me desborde. Entonces llega el caos y después, todo lo demás.


(Quizás, solo quizás, la vida sin caos no merezca la pena)

22 de noviembre de 2012

Cuando lo consiga, será con matrícula de honor.

Tú querías que escribiera una de esas historias que yo solía escribir. Una de esas historias sin final, ni triste ni feliz. De las que terminan con la sensación de sus huellas dactilares recorriendo tu espalda y dejan en tus labios el sabor más amargo que jamás has probado. Pero yo ya no podía. Quizás se me agotaron las palabras, quizás los sentimientos. Quizás dejé de creer en todo eso o quizás nunca había creído. Quizás soy una escéptica del amor. Probablemente, algún día obtenga el grado en tequieros de verdad. Y cuando lo consiga, será con matrícula de honor. Y entonces podré escribirte todas las historias del mundo. Esas que terminan con el éxtasis de un orgasmo y el sabor de zumo de naranja con grumos al despertar. Y olor a casa. A casa que eres tú, que soy yo, que somos nosotros.



21 de noviembre de 2012

Que te jodan, cari.

Te haré un hueco, querida decepción. Seremos amigas de esas que comparten tanto tiempo que no pueden no quererse. El roce hace el cariño, ya sabes. Pero es normal sentirse decepcionado cuando uno coloca las expectativas en las nubes. Los humanos rara vez nos levantamos del suelo.
Pero es que contigo me equivoque del todo. Jamás pensé que pudieras hacer tanto daño. Que (me) pudieras hacer tanto daño. Consideraba que tenías más madurez, que sabías que el fuego quema, que con algunas cosas no se juega. Ya veo que no.
Y ojalá te ahogues. Y ojalá te pisen. Y ojalá tu doble moral le quite espacio a tus pulmones y te comprima  el corazón: te lo mereces. Pero no porque te odie, no. Es sólo para que aprendas que no cualquier medio es válido para conseguir tus fines: quizás por eso siempre te quedes en los principios. Cometiste el error de subestimarme. Ese error que comete casi todo el mundo. E imaginándome debajo te quedaste atrás. Escúchame bien, no importa cuánto corras: yo siempre voy a estar por delante.


(Que te jodan, cari. Ya he escrito algo de ti. Ya puedes sentirte orgulloso)

20 de noviembre de 2012

Siempre fui más de idas que de vueltas.

Se pasaría la vida corriendo. Siempre yendo, sin volver. Siempre había sido más de idas que de vueltas: en las idas uno llena la maleta de ganas, de ilusión, de expectativas. En las vueltas ya no queda nada, todo es gris, no esperas nada porque ya sabes qué es lo que te vas a encontrar: el mismo suelo, la misma  habitación, el mismo frío, y además un vacío. Sí, sin duda prefiere las idas. Por eso en ese mismo instante decidió que siempre estaría yendo. Aunque irse significase romperse, fragmentarse. No importaba: siempre se recompondría y las grietas podrían ocuparlas los besos dados en ese estado entre la realidad y el sueño. Prefiere las idas, siempre ir. Aunque sus expectativas casi siempre estén por encima de los lugares que visite. Aunque el cielo siempre pueda ser más azul, o el mar más cristalino, o los edificios más altos, o los parques más verdes, o los abrazos más cálidos, o los ojos más penetrantes, o las manos más de esas manos que uno no puede evitar querer que se conviertan en coches para la autopista de su piel. Siempre se va, aunque tenga que volver. Aunque cuando vuelva se de cuenta de que los momentos efímeros le proporcionan una felicidad mucho mayor que cualquier normalidad agradable, pero sin sal, sin azúcar, sin ningún tipo de condimento. Espera encontrar algo, ganar cosas. Ganar seguridad, ganar sentimientos. Quizás lo único que tiene que hacer es perder ambición. Para así poder conformarse, encontrar su sitio y no tener que seguir yéndose. Porque quizás algún día las cicatrices sean demasiado grandes, y los besos demasiado pequeños, o demasiado difusos, o demasiado lentos. Quizás no lleguen a tiempo. Quizás se rompa en mil pedazos y no haya posibilidad de recomposición.


18 de noviembre de 2012

(Nada lo tiene)

Si no hay distancias, las crea. Complica las cosas para justificarse a si misma si salen mal. Nunca reconoce necesitar nada para no tener que admitir sus carencias si no consigue cubrir esa necesidad. Para no sentirse desnuda (desnuda por dentro). Oculta tanto como muestra. Confunde querer y no poder con poder y no querer. Se pierde y se encuentra. Avanza en círculos, despacito, sin parar. No sabe parar. No quiere parar. Mezcla de impulsividad y necesidad de pensar todo constantemente (hasta el infinito y más allá). Jamás obtendrá un diploma en auto-engaño, su quiero y no puedo. Huye de si misma hasta que se da cuenta de que siempre va consigo. Egoísmo emocional. No quiere y no puede evitar. Se rompe, se rompe, pierde fragmentos. (Auto) D-e-s-t-r-u-c-c-i-ó-n. Invisibilidad, amargura, soledad. Indiferencia ansiada, imposible, impasible. No tiene sentido. Nada lo tiene.



17 de noviembre de 2012

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A mi el mundo siempre me queda demasiado grande. Quiero comer un yogur pero a las tres cucharadas empiezo a cansarme. Me enamoro de una camiseta y siempre sobra tela. Comienzo a estudiar una asignatura y o falta tiempo o abundan palabras. Surge un vínculo especial con alguna persona y no puedo dar tanto como el otro querría recibir. Entonces, me agobio. No cojo el yogur porque sé que me voy a cansar, no me compro camisetas porque sé que me quedarán de vestido, no estudio porque no conseguiré leerme ni un 10% del temario y no tengo relaciones porque no quiero no estar a la altura. Experimento continuamente esa sensación de dejar de lado algo por miedo a no poder abarcarlo. No pertenezco aquí. Hace algunos meses escribí que siempre sería esa niña triste que siente las cosas con tanta intensidad que a veces tiene que levantar muros que hacen que confunda ficción y realidad y que, en un intento de engañar a los demás con esa coraza de fortaleza termina engañándose a si misma. Pero el mundo me sigue quedando demasiado grande. Y yo sigo, en algunos puntos, sin avanzar. 
Probablemente no sea mi día. Probablemente esté siendo demasiado clara. Probablemente no debería estar escribiendo esto - como si nadie me fuera a leer-. Probablemente caigo en el error que tanto critico. Eso que siempre digo yo de que las lágrimas de verdad no se lloran por twitter. O probablemente todo esto tenga más palabras, probablemente haya que leer entre líneas. Y darse cuenta de que el más mínimo empujón puede provocar un derrumbe. Que yo siempre me caigo. Que aunque casi siempre termine siendo capaz el "casi" aleja de mi experiencia vital cualquier posibilidad de éxito. Porque yo no sé perder. Y no quiero saber. Yo sólo quiero un mundo a mi medida, un mundo en el que todo sea suficiente y nunca me ahogue (Y nunca tenga la necesidad de buscar un cojín para mis lágrimas o de taparme la boca para no hacer ruido. Nunca más). Yo sólo quiero un poco de algo que no sé qué es. 

14 de noviembre de 2012

Yo, ficción.

A todos nos ha pasado alguna vez. Vemos una película, escuchamos un par de frases, alguien nos dice "Este personaje es igual que tú". Y sí. Nosotros también lo pensamos: es igual que yo. Lógico. Al fin y al cabo, los personajes de ficción (al menos, los buenos) también son cúmulo de miedos, ganas, sueños y aspiraciones. También tienen una ideología. También son moralmente cuestionables y humanamente adorables. Así que voy a hacer una "recopilación/resumen" de personajes de películas/series en los que me he visto reflejada de una u otra manera. ¿Y qué mejor forma de juzgarse a uno mismo que haciéndolo a través de una tercera persona que no existe en realidad?

- Jamie (Con derecho a roce)



En algún momento de mi vida, tuve una relación similar a la que tienen los protagonistas de esta comedia romántica que muchos consideraréis "clásica". Lo que pasa que nos quedamos en el falso final (ya sabéis, ese en el que los protagonistas alcanzan su peor momento y al que, supuestamente, sigue el verdadero final casi siempre feliz que, en mi caso, no llegó). Sea como sea, me sentí bastante identificada con Jamie: chica que no busca compromiso pero que en el fondo necesita cariño y que alguien le diga que puede dar más de lo que piensa. Y es que, como dicen en la película... 

"- ¿Tú cómo es que no tienes parejas?
- Tengo problemas. Estoy emocionalmente dañada. O por lo menos, eso me dijeron. 
- ¿Dañada en qué? 
- Sigo creyendo en el amor."

- Charlotte (Lost in translation)



Quizás sea típico identificarse con cualquiera de los personajes de Lost in translation. Sobre todo porque la película se centra en ellos y en sus emociones. Por lo humanos que son. Por lo común que es sentir que estás en pause en un mundo que va demasiado rápido. Charlotte es la típica chica que desde fuera podría "tenerlo todo" (pertenece a una clase social acomodada, es licenciada en filosofía y acaba de contraer matrimonio con un fotógrafo), pero "desde dentro" no es feliz. Está perdida, no sabe lo que quiere. Sólo sabe que quiere que la encuentren. 

"- Estoy perdida. ¿Eso tiene arreglo?
- No. Sí. Ya se arreglará. 
- ¿De veras? Fíjate en ti. 
- Gracias. Cuanto más sabes quién eres y lo que quieres, menos te afectan las cosas. 
- Ya. Yo es que aún no sé lo que quiero ser. ¿Sabes? Quise ser escritora, pero odio lo que escribo y.... intenté hacer fotos, pero eran mediocres. Todas las chicas pasan por una fase de fotógrafas, y por querer un boli, ¿sabes? Y haces fotos tontas de tus pies... 
- Ya lo averiguarás. No te preocupes por eso. Sigue escribiendo. "

 - Summer (500 días juntos).



"Desde la ruptura del matrimonio de sus padres sólo amaba dos cosas. La primera era su largo pelo negro y la segunda, lo fácil que era cortarlo y no sentir nada"

Si tuviera que elegir un sólo personaje con el que quedarme en conjunto, sin duda sería Summer. Quizás haya que ver la película completa y no baste con una definición. Quizás baste sólo con los primeros minutos. Summer es capaz de tener relaciones, pero no es capaz de enamorarse (al menos, no con el chico protagonista de la película). Es capaz de dar, pero nunca lo suficiente. 

"Mientras escuchaba Tom se dio cuenta de que estas no eran historias que ella contaba a cualquiera. Había que ganarse el derecho de escucharlas. Podía sentir cómo se derribaba el muro. Se preguntaba si alguien más habría llegado tan lejos, y por eso las siguientes ocho palabras lo cambiaron todo: - Nunca le había contado esto a nadie antes.


- Cristina / María Elena (Vicky, Cristina Barcelona).



Antes de nada: no. No me parezco en nada a Scarlet Johansson. Ni siquiera es que haya visto absolutamente todas sus películas. El hecho de que aparezca dos veces es resultado de la casualidad. 
Sí. Ya sé que esta película no ha recibido críticas demasiado positivas. Y yo también soy capaz de verla con un trasfondo promocional/turístico de Barcelona y alguna tierra del norte. Pero me gusta: me gusta la idea, me gustan los personajes y sus puntos de vista. 
Cristina es, una vez más, una chica que no sabe lo que quiere, pero se atreve a probar las cosas que no sabe si le van a gustar. Tiene pocas posibilidades de sentirse satisfecha consigo misma porque siempre busca algo más.
"Cristina esperaba algo muy distinto del amor. Había aceptado a su pesar el sufrimiento como una parte inevitable de la pasión y estaba resignada a arriesgar sus sentimientos. Si la preguntaban qué buscaba al arriesgar así su corazón no sabría qué contestar: sin embargo sabía lo que no quería."

En cambio, María Elena es puro caos. Es demasiado pasional y emotiva. Me quedo con lo que dijo Penélope Cruz hablando del personaje:  "Sufre muchísimo. No le resulta fácil dominar su mente. Todo el caos que genera la desborda. No creo que sea algo que haga para llamar la atención. Es el resultado de estar totalmente confusa en muchos aspectos y muy asustada; y al mismo tiempo de ser muy valiente"

- Effy (Skins)



Probablemente alguno me mataría si no mencionase a Effy en esta entrada. No sabría describirla, ya que al ser un personaje de serie (más capítulos, más tiempo, más interacción en otras historias) es más complicado. Podría hacer referencia al típico diálogo y a la típica frase de "-We can't be together. - Why? - Because I'll break your heart. - Maybe I'll break yours. - No. Nobody breaks my heart", pero... sería demasiado típico. Y poco conciso. Sin embargo, en uno de mis momentos favoritos de uno de los capítulos, es su madre quién lo hace con bastante claridad. 


"¿Sabes? Ella tenía cuatro años la primera vez que me ganó al escondite. La estuve buscando horas. Cuando por fin la encontré, ella sonrió. ¿Conoces su sonrisa? La de "no me conoces y nunca lo harás". Eso es un tipo de magia. Ella es buena disimulando cosas, escondiéndolas, evitándolas. Pero sí que la conozco. Y sé que tiene tanto amor guardado en su corazón que la idea de enseñarlo, de sacar sus cartas, le asusta como la muerte."

- Jesse (Antes del amanecer/atardecer)



Sí, es un chico. Lo raro es que no haya habido más en esta entrada. Yo siempre he dicho que en algunas cosas era muy hombre. Deberíais ver estas películas, si es que no las habéis visto aún. Más que nada porque los dos personajes, la historia, todo merece la pena. Pero me quedaré con la visión de él para intentar resumirle en unas pocas letras, si es que es posible hacerlo: 

"Somos el resultado de todos los momentos de nuestra vida (...) pero mi vida, desde mi punto de vista, está salpicada por el drama, ¿entienden? y decidí escribir un libro que plasmara lo que pasaba cuando conocías en profundidad a alguien. "

- Susanna (Inocencia interrumpida)



A riesgo de que me toméis por loca, no podía quedarme sin mencionar este personaje. No sólo porque sea mi película favorita. Susanna está confusa (como los Pokemon cuando se hieren a si mismos, sí, y como yo el 90% del tiempo), y por una serie de motivos termina en un psiquiátrico, donde conoce a otras chicas con problemas mentales (Tengo que añadir que nunca he visto a Angelina actuar tan bien como en esta película). Susanna no sabe lo que quiere hacer con su vida: escribe y analiza un mundo del que parece a veces no formar parte. Para no variar, una frase:

"Nunca sabré lo que es estar en su piel, pero sí sé lo que es querer morir. Cómo duele sonreír. Cómo intentas encajar lo que sientes, pero no puedes. Cómo te haces daño por fuera para intentar matar lo que sientes por dentro"

Quizás algún día la continúe. Quizás algún día hable de Veronika, de Audrey en Desayuno con diamantes, o de algún personaje que ahora no recuerde. Pero por hoy, suficiente. Y sí. He cambiado el diseño del blog. Yo también me he dado cuenta: ¡Ya no es blanco! (Creo que, es la primera vez que este blog no es blanco). Probablemente pronto vuelva a serlo. Who knows. Últimamente, nunca sé dar un final a una entrada. Y no, no es porque piense que no va a estar a la altura (no en este caso). 



13 de noviembre de 2012

Era como un escalofrío.

Era como un escalofrío. De repente se colaba en mi cuerpo, comprimía mis pulmones, sellaba mis labios. Me congelaba. Y sólo podía quedarme quieta, estática. Esperando un soplo de calor. Esperando que alguien me retirase el pelo de la cara y me invitase a contemplar el brillo de las estrellas. Era casi como morir. Porque en ese preciso instante incluso el dolor dejaba de doler. El tiempo se detenía. No era consciente de cuánto duraba. Simplemente me quedaba así. Y el mundo seguía avanzando, pero yo iba a un ritmo diferente.


(A veces tenía miedo de que cuando volviera a abrir los ojos y me mirase en el espejo, yo ya no fuera yo y nada fuera como recordaba)

11 de noviembre de 2012

Historia con final abierto.

Podría contar hoy una historia. Historia de chica conoce a chica. O mejor: historia de cómo sus ojos en los míos. Hablaría de su manera de reír y de cómo las palabras salían de su boca a demasiada velocidad. Llegados a este punto, los más liberales diríais que es una historia de amor. Otros, por el contrario, preferiríais pensar que hablo de simple amistad. Yo os diría que prefiero no ponerle un nombre, no en esta ocasión. Aunque quizás es un dato que no tiene valor. Al fin y al cabo, yo soy esa chica que prefiere no moverse entre los parámetros del mundo real y esquiva cualquier conversación que implique ponerle un nombre a los hechos o a los sentimientos.  Pero tenéis que entenderme. En este caso no se trata de eso. Se trata de que aún no se ha inventado una palabra. Y yo siempre intentaba buscarlas, sin conseguirlo, hasta que empecé a vivirlo (y quién no lo entienda, que no mire).
El día que conocí a A. no era para mi nada más que la chica del pelo y las uñas oscuras, la del bote de coca-cola en la mano, la que tenía pinta de heavy pero resultó ser fan de la oreja de van gogh. Con el tiempo se convirtió en mis ganas, en mi fuerza y en mi para siempre. Podría contar infinitas cosas de ella: que se peina el flequillo cada cinco minutos, que sonríe de lado, que se enfada con mucha facilidad. Podría intentar describir su voz o la manera de reírse de mi, o hablar de cómo pasa el tiempo cuando está a mi lado. Podría decir que probablemente ya la conozcáis, aunque sea su sombra, entre las letras de alguna de las entradas de este blog. Que el 80% de las canciones me recuerdan a ella. Que siempre la echo de menos y al mismo tiempo, siempre está conmigo. Os contaría que es demasiado "cosmótica", que me saca de quicio su conformismo y que siempre termina poniéndose ropa que antes detestaba. Que cambia de gusto con mucha facilidad, pero nunca temo que llegue el día en que me deje de querer.  Que conoce la mayor parte de mis defectos y que probablemente, nadie la ha herido tanto nunca como yo (pero tampoco nadie la ha querido así). Y ahora volveréis a intentar llamarlo amor o amistad, y yo os repetiré una vez más que no se trata de eso (probablemente no me creáis, pero yo lo repito). Conocerme es imposible sin entenderla a ella. Como una de esas películas que no funcionarían sin uno de los personajes secundarios. Podría buscar un final para este texto. Intentar continuar la historia de chica conoce a chica a través de acontecimientos. Pero lo cierto es que en este caso el flujo de sentimientos dejan a los hechos en segundo plano, y no quiero escribir un final porque sé que no estaría a la altura. Dejémoslo así. Historia con final abierto. No me gustan las historias con final abierto, pero a veces quizás merezcan la pena.


"Supongo que hay cosas que nunca cambian. Simplemente, se magnifican. No espero que sea el texto más bonito del mundo, sólo espero que esté hecho con todo mi corazón"
         

8 de noviembre de 2012

Asuntos universitarios sin nada de palabrería.

Me desperté sin ganas, con frío. Y eso que he decidido no apagar nunca la calefacción: la posibilidad de evitar mi malestar general, debido en parte a la necesidad de mis músculos de vivir en contracción permanente en cuanto empieza el frío polar, no tiene precio. Aún así, y aún habiendo dormido con vaqueros encima del pijama para intentar salir del bucle de hipotermia en el que prácticamente debí entrar ayer, me desperté sin ganas, y con frío. De no haber sido un jueves de asistencia obligatoria (entiéndase por asistencia obligatoria: mi profesor de realización va a pasar lista y tengo que presentar prácticas importantes) me habría quedado en la cama. Pero como resultó ser uno de esos jueves, tuve que abrir los ojos, estirarme y hacer lo propio que uno hace cada mañana (por mucho que se quiera escapar de la rutina, el ritmo de vida hace que seamos rutinarios).
Desde que empecé a estudiar Comunicación Audiovisual diría que el 90% de las asignaturas no se ajustan a lo que esperaba de la carrera. Lo que no quiere decir que no me gusten: me gustan, muchas. Pero no me aportan nada o casi nada en lo referente a mis expectativas profesionales. Las pocas en las que las cámaras y los micrófonos están más presentes que el portátil, el facebook y el Ipages son motivo de emoción. "Realización de ficción" es una de esas asignaturas. Además, la forma de impartirla del profesor, hace que el trabajo sea más real. No es la primera vez que grabamos un corto, pero sí es la primera vez en la que nos dan unos plazos de pre-producción que nos obligan a llevarlo al día e ir avanzando poco a poco, y no hacerlo todo mal y en el último momento, como suele ser habitual cuando parece que tienes todo el tiempo del mundo por delante. Y llegó el día de la presentación de las ideas, a lo que siguió la sinopsis. Y las opiniones. Siempre me han dado bastante miedo las opiniones. Digamos que soy muy de confiar en las cosas en las que creo. Si una historia me parece buena, nadie me va a disuadir de contarla. De hecho, cuanto más imposible me parezca convencer a alguien de algo, más ganas me entran de intentarlo. El caso es que las opiniones fueron "¿En serio vamos a grabar esto? ¿No es muy...ñoño?", "Como literatura, precioso, muy bonito, muy ideal pero... ¿Cómo piensas representar esto en imágenes?", "Es una idea suicida, tengo curiosidad por ver qué sacáis de ahí" y frases similares. Por suerte no había muchas más ideas y bastaba con que un par de personas estuviéramos a favor de seguir con ello. Hagamos en este punto del texto una elipsis temporal que nos sitúa en el día de hoy: día en que, después de haber mandado los guiones y presentado los storyboards al resto de grupos, tenían que hacernos una "crítica constructiva" (deberíais haber visto la cara del profesor cuando clavó sus ojos precisamente en los míos  y dijo a toda la clase "No se trata de escribir palabras bonitas. Se trata de buscar cosas a mejorar, nada de halagos) (Dato informativo sin ninguna relevancia: creo que en el fondo le caigo bien a mi profesor. Pese a que hace un par de semanas coincidió que torcía la esquina justo cuando me quejaba de que no nos hubiese dejado grabar en un aula y de la falta de medios. Incluso habiéndome escuchado gritar y hacer el pavi debido a que justo en el momento en que abrió la puerta del aula en el que estábamos grabando se fue la luz. Incluso cuando no se pronunciar bien su apellido). Pues nada. Que yo hoy esperaba volver a escuchar que la historia era demasiado cursi, que rodarla era demasiado difícil y que nadie más entendería lo que realmente queríamos contar. Demasiado metafórico, demasiado críptico. Y en su lugar escuché cosas bonitas. Comparaciones con "Moulin Rouge" y "Ultimo tango en París". Cosas como que si quedaba bien, no debería quedarse dentro del ámbito universitario. O que Disney probablemente compraría la idea. A mi me dicen ese tipo de cosas y me enamoro.
Creo que por un momento he recordado que en algún momento de mi vida yo tenía claro a lo que me quería dedicar. Y tenía claro que sabía hacerlo bien.


(Después de esta entrada acabo de descubrir también que sé ser no-críptica. Quizás también sepa hacer otras cosas y nunca haya sido consciente. O quizás sí, y las haya olvidado)

7 de noviembre de 2012

No solo tu dolor duele.

Que no sólo tu dolor duele. Que a todos nos duele algo, aunque no sea más que un fragmento. O un cristal que se coló en una herida años atrás, que aún no ha sido capaz de cicatrizar (y tal vez nunca lo haga). No te creas las corazas: no hay nadie totalmente valiente ni totalmente cobarde, y las lágrimas que no se ven son quizás las más reales (las que dañan por el dolor y destrozan porque el dolor está doliendo). Yo también lo necesito. Un antídoto, una pócima que ayude a creer.  Una capa de indiferencia para mi y para los demás. Hacerme invisible por momentos. Explícame el camino de vuelta a aquellos años en los que me caía una y mil veces y no me hacía ningún rasguño. Explícamelo. Ojalá alguien, empujándome, arrastrándome, haciéndome débil, haciéndome fuerte, haciéndome frágil e indestructible. No lo entiendes. No entiendes que ahí arriba no se oye nada más que silencio. Y no entiendes que el silencio también es capaz de matar.

5 de noviembre de 2012

(Des)equilibrio (emocional).


Temores materializados en forma de letras que forman frases. Miedo a que la intensidad del sentimiento aparte de mi cualquier tipo de racionalidad. Miedo a dejarme llevar por un amor destructivo capaz de acabar con todo a mi alrededor. A no necesitar más que veneno. (Des)conocer(te). Si yo me engancho, si yo necesito, si se vuelve serpiente o rata, si me aprisiona, si me destroza, si me hace daño, si logra que haga daño, si me contagia, si me contamino, si camino y no hay vuelta atrás, si me pierdo, si ya nadie puede nunca jamás encontrarme... ¿qué? ¿qué quedaría después? Pero el amor no sirve de nada si no se siente. Caos emocional. Miedo y ganas a partes iguales. (Des)equilibrio. Me lanzo al vacío, pero sólo un fragmento. El otro siempre quedará intacto, indestructible, escondido, fuerte. Y nadie puede ser sin ser del todo. Por eso nunca funciona, nunca funciono. 

4 de noviembre de 2012

( ... )

Siempre le dijeron que tenía que ser una señorita. No decir palabrotas y sonreír todo el tiempo. "No importa lo que sientas mientras no se note, no importan tus defectos mientras que no los muestres". Vomita todo cuánto entra en su cuerpo: comida y miedos. Arráncate la piel, arráncate tus puntos débiles, que así conseguirás ser fuerte. Extirpa la soledad y la desgana; conseguirás el éxito. Aíslate. Nadie te entenderá. No confíes en nadie. Te dirán lo que quieres oír, distorsionaran tu verdad, tratarán de convencerte de que tienen razón (y tú no). Haz todo esto hasta que te des cuenta de que era verdad aquello de que la perfección no es sólo cuestión de control, también hay que saber dejarlo de lado. Que suene en tu cabeza ese "ser moderado en todo, incluso en la moderación".  Haz todo esto hasta que no puedas seguir haciéndolo, hasta que tengas que elegir entre todo y nada. Hasta que te toque asumir que todo aquello eran errores, quizás irreversibles. Quédate vacío. Seguirás siendo débil. Seguirás teniendo miedos pues no se esconden en la piel, seguirás buscando algo, no sabrás qué. Haz click. Siente que has ganado, pero sólo habrás logrado agarrarte a una posibilidad de escapatoria de un laberinto en el que es fácil perderse. Ahora sí: no confíes en nadie. No confíes en tus ojos, no confíes en tus manos, no les hagas caso. No escuches a tu estómago, no escuches a tu corazón, no escuches al cerebro. No seas racional, ni pasional. "Ser moderado en todo incluso en la moderación". Confía. Al final de todo sólo queda eso: confianza. Sentirse capaz, ser capaz. Sentirse capaz, ser capaz. Ten fe. No decaigas. Aférrate a cualquier atardecer, a unos ojos bonitos, a unas manos suaves. Sólo hay algo que no podrás recuperar: tiempo. Pero todo el mundo lo pierde. Siempre. O lo invierte en cosas que no merecen la pena. No te tortures: vives sin ensayo, es normal equivocarse. (Ir)reversible. Piensa en puntos y finales. Aprende a escribirlos. Aprende a terminar aunque no encuentres las palabras de cierre adecuadas. Deja de escribir simplemente porque no quieres seguir escribiendo, porque no puedes seguir escribiendo. No siempre tiene que haber un por qué, ni una conclusión. A veces es la incapacidad lo que nos destroza y nos hace abandonar. No es que no puedas parar: no quieres parar.

3 de noviembre de 2012

Se rompió algo.

Se rompió algo. No recuerdo qué, ni cómo fue. No entiendo por qué sucedió. Sólo sé que de repente sentí algo que no había sentido antes. Tampoco sé si me gustó. Sólo sé que se rompió. Lo noté, ¿sabes? Y quería volver  a sentirlo. Quería volver a romperme. Me habría pasado toda la tarde así, descomponiéndome. Me habría pasado la tarde fragmentándome en pedazos. Hasta entenderlo.


1 de noviembre de 2012

Nos quedamos ahí, parados.

Era el invierno más frío de todos los tiempos y estábamos en aquella estación de color gris y luces amarillas. Nos habíamos quedado anclados en mitad de la nada, ya no paraban los trenes. No sé en qué momento decidimos bajarnos en aquel lugar vacío y oscuro. Lo único que sé es que habíamos destrozado por completo cualquier posibilidad de avanzar o retroceder. Tú y tu conformismo os habíais resignado a esperar. Contemplabais la luna, las estrellas, mis ojos, el atardecer. Yo sólo miraba la vía. Y al cielo. Como si esperase un milagro, un paracaídas o cualquier vía de escape. Incapaz de quedarme quieta recorría cada centímetro del asfalto, tu piel. A veces pensaba en saltar. Quizás eso era lo que debía de hacer. Pero lo cierto era que jamás me atrevía. En el fondo también yo era cobarde y prefería quedarme ahí que jugarme la vida. No arriesgar, no por el miedo a perder sino por el miedo a ganar y no estar conforme con el resultado.