29 de abril de 2013

Cicatrices.

No intentes enterrar el dolor: se extenderá a través de la tierra, bajo tus pies; se filtrará en el agua que hayas de beber y te envenenará la sangre. Las heridas se cierran, pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles que volverán a molestar cuando cambie el tiempo, recordándote en la piel su existencia, y con ella el golpe que las originó. Y el recuerdo del golpe afectará a decisiones futuras, creará miedos inútiles y tristezas arrastradas, y tú crecerás como una criatura apagada y cobarde. [...] Si yo hubiera llegado a Cat de otra manera, como una hoja en blanco, como un lienzo por pintar, si no arrastrase tras de mi casi veinte años repletos de borrones y tachaduras, quizá lo nuestro hubiese funcionado. Si hubiera caminado hacia ella con los ojos cerrados desde el punto de partida ella habría podido abrirme los labios y cerrar mis heridas. Pero Mónica ya había dejado de ser una herida: se había convertido en cicatriz, y por tanto, imborrable, no podía deshacerme de ella.
Beatriz y los cuerpos celestes.

Decís que el tiempo lo cura todo. Como si fuera algo más que un concepto, como si de verdad tuviera algún poder. Como si las cosas fueran a arreglarse así, por arte de magia, sólo con tiempo. Decís que el tiempo lo cura todo y nos quitáis valor. El tiempo no hace que algo que está desordenado se vuelva a ordenar. El tiempo, como mucho, te proporciona la perspectiva de la lejanía, convierte un dolor vivo en un dolor latente. El tiempo es necesario, sí, pero no necesariamente es bueno. 
Con el paso del tiempo podemos hacernos más valientes o más cobardes. Podemos salir a flote o hundirnos más. Con el paso del tiempo podemos deshacernos de nuestros fantasmas o aprender a convivir con ellos. Hacerles un hueco en un mundo paralelo y esperar a que vuelvan a colarse en nuestro sueño y en nuestra realidad. Con el paso del tiempo a veces llega la resignación. La debilidad. El sentimiento de incapacidad alimentado por la repetición de los mismos errores una y otra vez, por la inmutabilidad de ciertos aspectos pese a la evolución de otros. 
Corres, te caes. Te haces una herida. El tiempo puede curarla, pero si no lo consigue, si el remedio no llega a tiempo, si el corte se hace profundo y la sangre consigue dejar su huella a través de los años... aparece la cicatriz. Y siempre estará ahí. Alimentará tus miedos, te recordará el dolor de la caída y escocerá cada vez que alguien te golpee en ese lugar exacto. Cada vez que alguien la descubra. Y nunca, nunca jamás podrás librarte de ella. 

27 de abril de 2013

"Al final nadie está"

Leí las últimas páginas que había escrito. Eran tan tristes que me dieron ganas de cortarme con el lateral de las hojas. Como si tuviera que hacerlo en ese mismo momento y ni siquiera tuviese tiempo para buscar una cuchilla o algo que se le pareciera. Escribí que quería hacerlo. Me había acostumbrado a escribir las acciones, a convertirme en personaje, porque sobre el papel los cortes no duelen, porque así las cicatrices quedarían atrapadas en una hoja en blanco que nadie más podría leer. Cerré fuerte los ojos. Como si por apretar mucho los párpados el mundo fuese a ser diferente al abrirlos de nuevo. Como si las cosas fueran a cambiar. Como si simplificarme a mi misma fuera tan sencillo como cerrar fuerte los ojos.
"Tú nunca te dejas ayudar". Era tan fácil decirlo. Pero es que siempre que pido ayuda termino estropeándolo todo. Haciendo daño. Haciéndome daño. Entrando en bucles de (auto)destrucción en los que no quiero (nunca) volver a entrar. "Cuando estás viva la gente puede hacerte daño. Es mucho más fácil encerrarte en ti misma y alejar a los demás. Pero no es más que una mentira". Las palabras del libro golpean como puñales. Recuerdo lo que sentí al leerlas por primera vez. Y aunque la perspectiva ha cambiado, sigo sintiendo algo parecido. O quizás es que la perspectiva no ha cambiado tanto. No sé si es el destino, la suerte, el azar, Dios, Buda o el Karma. Lo que tengo claro es que actuamos según nuestro historial vital. Y a veces basta con que algo no funcione un par de veces para concluir que no va a funcionar nunca, y veinte tropiezos con la misma piedra nos llevan a pensar que seguiremos tropezando siempre. No es tan fácil cambiar algo a lo que uno está acostumbrado desde donde puede llegar a recordar.
Ojalá ignorar un problema hiciera que éste desapareciera. Ojalá fuera tan fácil como querer desear algo con todas tus fuerzas. Ojalá no hiciesen falta los ojalás tan a menudo. Joder, joder, joder. Ojalá se callaran las putas voces de mi cabeza que últimamente no paran de repetirme que nunca seré suficiente, que siempre seré presa de los mismos fantasmas y me invadirán los mismos recuerdos, que mi felicidad quedará reducida a las mismas unidades, que los "querer y no poder" estarán presentes cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día del resto de mi vida.
Necesitaba pensar con claridad y no se iba de mi cabeza. Y tenía miedo a luchar por si ganar significaba matarme. Por si no había otra forma de ganar.

24 de abril de 2013

Vaciarme.

Vaciarme por dentro. De todo. De ti, de mis sentimientos, de incapacidad, de mi. Siempre conseguía vaciarme de todo, menos del miedo. Me asusta lo mucho que me gusta rendirme a mis debilidades, dejarme caer cuando parece que todas las señales me llevan hacia la misma dirección que no debo seguir. Pero es que es tan fácil tropezar cuando el suelo se tambalea. Más si eres capaz de rendirte al asfalto estando de pie. Y yo siempre he sido cobardía que se cree valiente, que quiere sentirse capaz. Duelos perdidos de antemano, de las que fingen luchar cuando ni tan siquiera les importa ganar. Pero es que no sé cuál es la victoria, ni en qué consiste el premio. Ojalá fuera tan fácil como construir un puzzle de doce piezas, pero últimamente ni las palabras me ordenan. Quizás incluso ordenarme me da miedo, por si no me gusta el resultado final. No merece la pena arreglar algo que nunca funcionó bien. Hay días en los que solo quiero dormir.


16 de abril de 2013

Corría.

Corría. Corría sin saber a dónde iba, pero sabiendo que volvería al mismo sitio de siempre. Sino, ¿dónde iba a volver? Corría, tratando de ser lo suficientemente rápida como para que nadie la viera. Corría con la intención de desaparecer. O de que fuera el mundo el que desapareciera. Cuando corría, todo parecía mucho más bonito: no le daba tiempo a admirar los defectos de la naturaleza que la rodeaba y su cabeza recomponía los pequeños detalles que no era capaz de retener, idealizando los paisajes y congelando incluso los pensamientos aleatorios que surcaban instantáneamente su cabeza. Corría hasta que no le quedaban fuerzas para pensar. Corría hasta que deseaba parar, y justo ahí alcanzaba el clímax. No conocía placer mayor, ni siquiera el sexo o las noches de verano: no existe sensación comparable a la de desfallecer y seguir pudiendo. Cuando corría se sentía capaz de todo. Corría hasta que las piernas no le pesaban, corría hasta sentir que volaba, hasta automatizarse. Y entonces la recompensa: esa mezcla de libertad y ligereza. Y por un segundo no había nada más en el mundo. Y por un segundo, todo iba bien. 





Valores que sólo existen de nombre.

A mi no me volváis a hacer sentir culpable por ser tan egoísta como el 99% de vosotros. Que es muy fácil hincharnos la boca hablando de valores que sólo existen de nombre, porque a la hora de la verdad nadie es nunca tan justo ni tan honesto como dice ser. Que cualquiera es capaz de regalar lo que le sobra, pero a veces es necesario entregar lo que te falta. Pero no nos vamos a engañar: todos somos el astro rey en nuestro sistema solar, y queremos que todo gire a nuestro antojo. En cuanto algo se desordena, nos descolocamos. Y tratamos de echarle la culpa a los planetas, como si ellos tuvieran la obligación de describir órbitas circulares. Como si ganaran algo por eso. Como si tuvieran que darnos las gracias por emitir calor, cuando ni siquiera podríamos evitarlo de no querer hacerlo. Así que vale ya de exigencias. Exijámonos a nosotros mismos coherencia y un poco de honestidad, unos gramos de valor y toneladas de valentía para ser capaces de mirarnos al espejo y observar cada defecto sin querer arrancarnos la piel a pedazos. Que juzgar a los demás es muy sencillo, pero parece que no nos hayan diseñado para condenarnos a nosotros mismos. Como si tuviéramos miedo a rompernos al chocar con la realidad y necesitásemos inventar fantasías que nos idealizaran hasta el punto de creernos superiores al resto para no sentirnos tan mal.


"Escondemos las miserias camuflándolas en la mejor historia que jamás escucharás"


3 de abril de 2013

"El éxito es obtener lo que se desea. La felicidad, disfrutar lo que se obtiene"

"- ¿Cuál crees que es el verdadero carácter de la belleza?
- Paso - respondí con brusquedad. 
- En la vida hay cosas que pueden realizarse y otras que no. Las que se materializan las olvidamos enseguida. Sin embargo, las que no podemos realizar, las guardamos eternamente dentro de nuestro corazón como algo muy preciado. Este es el caso de los sueños y los anhelos. Me pregunto si la belleza de la vida no residirá en nuestros sentimientos respecto a aquello que no se ha cumplido. Que no se haya realizado no quiere decir que se haya malogrado inútilmente. Porque lo cierto es que ya se ha materializado como belleza"
 Como un eterno bucle en el que las mismas fases se repiten una y otra vez. Como un maratón infinito de esas películas que tanto detesto en las que ya sabes el final antes de empezar. Predecible. Imaginable. Aburrido. Tiras, aflojo. Aflojas, tiro. Nos quedamos atrapadas en ese no-lugar perdido. Yo y mi incapacidad de querer cualquier cosa que sea capaz de obtener. Siempre quiero estar doce pasos por delante. Y doce pasos por delante no se sienten los abrazos, ni emocionan las caricias, ni se me ponen duros los pezones cuando me follas el alma - que ya sabes que en corazones yo no creo- y me dejas sin ganas de nada que no seas tú.


(Acércate despacio, y quédate sólo unos segundos. Que si duran más los sueños dejan de ser sueños, y quiero tener un lugar al que escapar cuando me abrume la realidad y decida cerrar los ojos. Que a veces me canso y dormir sin encontrarte... no puede merecer la pena)