29 de junio de 2013

Como si fueras, pero sin ser.

Aún a veces sigo pensándonos en pasado. Recordando todos aquellos momentos que compartimos. Y por algún motivo, los siento como un libro que ya he terminado de leer y he perdido. Es extraño: ha habido otros finales y nunca he sentido que nos perdíamos para siempre. No como ahora. Y lo peor es que sé que te pasa lo mismo.
A veces, cuando recuerdo esos momentos lloro y no sé por qué. Me transporto desde aquella terraza en la playa hasta el salón de mi casa y te vuelvo a ver en el sofá dejando el hueco exacto para que me tumbase a tu lado. Aunque no haya encendido el ordenador se reproduce en mi cabeza la lista "ñoñadas" y mi nariz se empeña en desechar todos los olores que no se parezcan al coco o a la vainilla. Aunque hace ya dos meses que tiré tu botella de agua y guardé el jersey que te pusiste la última mañana en el fondo del armario sin duda sigues estando por aquí. Nunca te fuiste. Pero mirarte es extraño: es como si fueras, pero sin ser.
No sé muy bien explicarme porque no entiendo este tipo de dolor. Es muy diferente a un corte, a la incapacidad, diferente a no estar a la altura o a romper lo que te importa sin querer. Algo completamente distinto a desear no haber nacido o querer desaparecer. Es más bien como haber matado una parte de mi y saber que no podré recuperarla. Creo que, por una vez, el dolor me duele solo por mi.  A veces odio que siempre haya algo a lo que aferrarse. Sería más sencillo si no lo hubiera.


(No sé por qué vomito palabras cuando no tengo muy claro qué quiero decir)

27 de junio de 2013

Y volviste.

Y volviste. Tuviste que volver para recordarme todas y cada una de mis limitaciones. Mis taras, mis bloqueos, mi capacidad de encerrarme en mi misma. Volviste para alimentar la interminable lista de miedos de los que estoy formada. Para solidificar las corazas de las que estoy hecha desde quién sabe cuando. Para repetirme una y otra vez que siempre todo a mi alrededor se termina rompiendo. Para dejarme aturdida, como sueles hacer. Tú y tus billetes a un pasado que me parece demasiado lejano y aún así no soy capaz de comprender. Para hacerme daño y después, pretender curarme en el momento exacto en el que ya no quiero salvación.


(Hoy las voces de mi cabeza gritaban más que nunca y desde que volviste no se han callado ni un segundo. Gritan tan fuerte que no me dejan oír nada más)

26 de junio de 2013

Cuando el mundo te da por perdido, desapareces.

Cuando hacia natación, después un breve calentamiento los entrenamientos estaban compuestos por series de diferentes colores: azul, rojo y negro. Las azules eran series largas a una velocidad moderada; las rojas algo más cortas y con mayor intensidad; en las negras tenías que dejarte la piel en el agua como si estuvieras en medio de una competición. Aproximadamente dos semanas después del comienzo de una temporada (tiempo requerido para recuperar el tono físico y muscular perdido durante el verano) hacíamos un test que consistía en nadar durante X minutos dando lo mejor de nosotros mismos. Este test se repetía periódicamente cada tres meses. En función de la distancia recorrida y las diferentes velocidades alcanzadas en el mismo se organizaban los grupos y se calculaban los tiempos necesarios para cada persona y cada color. El día del test siempre fue para mi muy importante. Había quien no se esforzaba en absoluto y así después no tenía la obligación de cansarse en los entrenamientos; yo aprendí que sólo dando lo mejor de mi misma y exigiéndome más de lo que podía abarcar conseguiría avanzar, aunque eso supusiera frustraciones constantes. Conseguía estar casi siempre por encima de mis posibilidades mediante el esfuerzo absoluto. Pero todo tiene un límite. Hay un momento en que tus músculos, tus extremidades, tu cuerpo o tu cerebro dicen: ¡Basta!, y no puedes más. Comienzas entonces a caer en picado.
A veces pienso que con los sentimientos ocurre algo muy parecido. Que también existe un límite. Que cuando te arriesgas a algo tan fuerte, tan inhumano, tan incomprensible, tan "mi cerebro no puede soportar todo esto", alcanzas un punto tan alto desde el que sólo puedes caer. Quizás durante un tiempo logres mantenerte ahí, pero se convierte en costumbre y ocurre como cuando te pasas tres meses sin bajar una sola milésima de tiempo: frustración. Y entonces aparece la desgana y el malhumor y comienzas a descender, y te das cuenta de que lo que antes sentías precioso ya ni siquiera te parece bonito. A veces pienso que ese momento siempre llega, quizás más pronto que tarde, porque todos tenemos un tope. A veces creo que subí tan alto que no pude ignorar el vértigo y fui incapaz de evitar la caída: cuando me quise dar cuenta estaba en el subsuelo.
Ahora bien, ¿cuál es la solución? ¿Deberíamos no esforzarnos en el test inicial y no darlo todo de nosotros mismos para no rompernos, para tener siempre algo más que dar? ¿Debemos resignarnos a disfrutar de un sentimiento leve para poder sentir que siempre podría hacerse más y más grande, para que no duela, para, nuevamente, no rompernos? ¿Merece la pena no obtener el éxito con tal de no sentir la posterior frustración? Creo que en asuntos del corazón es incluso peor que en una competición. Porque al fin y al cabo, cuando nadas nadas por ti, y sólo tus errores pueden conseguir destrozarte. En cambio el amor se parece más a una prueba de relevos (siempre he odiado las pruebas de relevos). Y puedes no poder tú o no poder el otro, y sea quien sea el que no puede más duele: por ti y por la otra persona. En el amor siempre ganas y siempre pierdes, y creo que no hay nada más complicado en el mundo que aprender a ganar y aprender a perder.
Pero creo que existe un momento más crucial, más importante. Nos quejamos de que los demás piden mucho de nosotros, pero cuando lo que nos exigen son metas que podemos alcanzar si estiramos un poco el brazo, conseguimos avanzar. Lo peor es cuando estás tan destrozado que todos son conscientes de que no puedes dar más de ti y aparece la resignación, el desinterés. Cuando son conscientes de que sus enfados no servirán de nada, porque jamás lograrán enfadarse contigo tanto como tú mismo. Lees en sus ojos ese "podrías haber sido, pero no lo fuiste". Entonces te resquebrajas. Quién sabe en cuántos pedazos. Quién sabe dónde van. Quién sabe si se pierden diez o trescientos. Cuando el mundo te da por perdido desapareces. O al menos eso pienso. Siempre he sido de las que piensan que no hace ruido lo que cae si nadie lo oye. De igual modo, si nadie te mira te vuelves invisible.

23 de junio de 2013

(Muchas cosas bonitas)

Desconexión mental. Placeres cotidianos. Rayos de sol, felicidad. Sonrisas esporádicas que se vuelven permanentes. Actuar sin pensar y no pensarlo después. Vivir sin mirar el reloj. Tachar cosas de la lista de cosas por hacer. Reflexionar. Ubicar sentimientos. Dejarme llevar. Hielo frío. Anocheceres en el parque (y no necesitar mucho más). Perderme y encontrarme en las páginas de un libro en cualquier vagón del tren. Caprichos veraniegos. Comenzar a entender. Pasar página. Sentirme bien. Tranquilidad interior y ganas de todo.


(Creo que es el primer año en mucho tiempo que no me importa no estar en la hoguera)

18 de junio de 2013

Me quedé inmóvil, víctima de un conjunto de sensaciones que conocía, pero incapaz de averiguar qué las estaba generando. Por mucho que me empeñé en descifrar los códigos de mi cabeza, fui incapaz. Mezcla de rabia, insatisfacción, desconcierto, decepción, miedo. Desde el pecho hasta los pies, pero, ¿De dónde venía? ¿Cómo había llegado hasta aquí? ¿Dónde estaba? ¿Por qué no sabía cómo volver? ¿Qué me estaba sucediendo?
Decidí dejar de intentar contestar a mis preguntas pues no era capaz de conseguir más que agotamiento mental, y eso era justo lo que no quería. Por una vez en la vida necesitaba bloquear todas mis emociones y no supe cómo hacerlo. ¿Y cómo hago para encontrarme, si ni siquiera soy del todo consciente de estar perdida?



15 de junio de 2013

Cajón desastre.

- Una plaga de polillas gigantes ha invadido Madrid. Eso lo explica todo. Por eso, a las dos de la mañana había una ansiosa, esperándome en el cuarto de baño. Y yo me convierto en un ser sin piedad cada vez que veo una: víctima del asco que me producen no tengo reparos a la hora de agarrar el bote de spray contra insectos que me compré el verano pasado y guiarla hasta el suelo, para después pisotearla. Pero estas polillas, pese a su aparente fragilidad son increíblemente resistentes y aún después de esto, fue capaz de volver a echar a volar. A la segunda va la vencida. Todo esto para decir que los insectos, en general, me dan bastante asco, sobre todo en espacios cerrados.

- Detesto cuando le digo a alguien que no quiero tener hijos y me intenta vender motos de que con el tiempo uno cambia de opinión, o de que conocía a muchas personas que decían lo mismo y ahora están felizmente casadas. No niego que quizás, algún día, pueda querer una vida estable en pareja, pero lo que tengo claro es que no quiero tener hijos. No me gustan los bebés, nunca me han gustado, ni siquiera tenía muñecos de bebés cuando era pequeña. Nunca he jugado a mamás y a papás. Llevar un crío dentro durante nueve meses, y tener que aguantar nauseas, mareos más la incomodidad de la barriga en cuestión me parece horrible, por mucho que sea bonito que una vida crezca dentro de ti y bla, bla, bla. Por otro lado no quiero arriesgarme a ser incapaz de querer a alguien que yo misma he creado, a no cumplir sus expectativas, a no saber comprenderle o a que tenga algún problema grave y sea incapaz de evitarlo.

- Cuando tenga un hogar propio y definitivo, o la próxima vez que me mude, me gustaría tener una casa con una piscina enorme, y si fuera rica añadirle una pista de tenis no estaría mal. Es lo más parecido a un sueño que tenía cuando era pequeña.

- Mientras estudiaba historia de España no he podido evitar pensar que no me gusta porque lo único que trasciende son los actos. Me gustaba la literatura, tratar de comprender el pensamiento de personas que no conocía y cómo interpretaban el mundo en sus obras. Sin embargo me resulta insoportable estudiar guerras, corrupción y demás actos motivados en apariencia únicamente por el ansia de poder. Me gustaría pensar que debe haber algo más, que algo en la cabeza de los dictadores y demás no funcionaba bien. Que tenían algún tipo de trauma que explicaba todo eso. Pero eso no suele estar escrito.

- A veces puedo parecer complicada, y reconozco tener momentos prolongados de tristeza infinita y monstruos en los que necesito soledad, distancia y comprensión. Sin embargo, en épocas normales es sencillo hacerme feliz: basta con un poco de música, colores bonitos, libros entretenidos, alguna serie  adictiva, compañía adecuada, buen tiempo y ropa cuqui.


(Este tipo de entradas son resultado de lo mucho que me aburre estudiar)

12 de junio de 2013

Expectativas.

Hace unos días me preguntaron cuál era mi mayor sueño y no supe contestar. Fui entonces consciente de que no tenía sueños reales, ni metas alcanzables. Algunas personas aspiran a formar una familia y conseguir un trabajo que les sirva para vivir; otras, por el contrario, sueñan con dedicar su vida entera a la medicina, el baloncesto o la biología. Yo jamás he tenido ese tipo de metas. Desde que tengo cinco años mi único objetivo ha sido "cambiar el mundo", y actualmente soy consciente de que es un concepto demasiado utópico y poco limitado, por lo que aunque lo siga queriendo no creo que pueda considerarse como una expectativa. Uno de mis propósitos vitales es estar orgullosa de mi misma (y que mi padre se sienta orgulloso de mi), pero es algo casi tan difuso como lo anterior, por lo que no creo que sea capaz de llegar a tacharlo. Quizás por ese motivo de falta de metas me cuesta tanto avanzar en los estudios, y quizás por eso mismo siempre me ha resultado fácil volcarme por completo en cosas como los deportes: me gusta lo que me hacen sentir, me gusta esforzarme por algo por el hecho de estar esforzándome, ser capaz o el dolor que surge del esfuerzo constante. Siento que me estoy entregando a algo, que me estoy desarrollando como persona, y eso me agrada.
Supongo que a priori esto no parece un problema, pero sin lugar a dudas en lo personal choca con una sociedad en la que casi todo el mundo espera/busca algo de los demás. Mi mayor miedo desde que tengo uso de razón (además del miedo al miedo) ha sido no estar a la altura. Quizás porque nunca lo he estado, o al menos así lo he sentido yo, que para el caso es lo mismo. La gente te pone unas metas y si no las alcanzas, fracasas. Exige más de lo que puedes dar. Y lo peor de todo esto no es decepcionar, es ser consciente de que por mucho que lo intentes, es complicado que los intereses de todo el mundo coincidan y es normal tener intereses. Y cuando no los tienes, terminas perdido y sin saber demasiado bien lo que quieres tú. Y es obvio que en eso de perderme y dudar, tengo la licenciatura, el máster y el siguiente título que aún no se ha inventado. Podría seguir escribiendo, pero si me gustan tanto algunas series es porque a veces ciertos fragmentos me explican exactamente aquello que pasa por mi cabeza y que no sé como expresar. 


"- Padre, perdóneme porque he pecado. Hace dieciséis años que no me confieso. 
- ¿Y por qué has venido esta noche?
- Todo el mundo quiere algo de mi, y no creo que tenga nada que ofrecer.
- ¿Qué has estado dando hasta ahora?
- Sexo. Es lo que quiere la gente. De hecho ha llegado un momento en que no sé.... no sé...
- ¿Crees que tienes que mantener relaciones con todo el que quiera?
- En la Iglesia no... vivía en un albergue parroquial, y...tenía unos diez años, y me escapé de mi familia adoptiva porque me dijeron que mi madre estaba en Austin, iba a ese albergue cuando quería desintoxicarse...
- ¿Tú madre era drogadicta?
- Sí.
-¿Has pensando en unirte a una parroquia?
- No... no... no va conmigo. Lo que me gusta de la confesión es que no tienes que verle la cara a la otra persona. No ves lo que les afecta, ni se dan cuenta de que no puedes ser lo que ellos esperan. 
- Puede que haya gente que no busque nada de ti, que sólo quiera conocerte.
- Ya, sí. No he conocido a nadie así. Pero tampoco hay mucho que ver..."

9 de junio de 2013

Summer.

Necesito auto-motivarme para sobrevivir a los próximos días (pre)exámenes. Más que nada porque mi planning intensivo de estudios no ha dado mucho resultado (he cumplido casi todos los puntos, menos las horas dedicadas al estudio) y ahora me toca re-hacer un planning súper-hiper-mega-intensivo de estudios para esta semana. Como poco debería aprobar dos asignaturas, si pueden ser tres mejor, y si resultasen ser las cuatro/cinco (a una aún no sé si me voy a presentar) mejor aún. Sea como sea es difícil pensar en verano con este clima y quizás pueda echarle parte de la culpa de mis días tristes. Joder, si es que, ¿con qué fuerza salgo yo a las ocho de la mañana de debajo de doscientas mantas con este frío y con el único objetivo de coger los apuntes, eh, eh? Por no hablar de que el desorden climático me da dolor de cabeza casi-constante, sumado a mi habitual facilidad para marearme y mi desconcentración infinita y mi dolor intensivo de hombros en momentos puntuales. Además yo debo tener genes de planta, porque el sol me aporta muchísima energía y este año no quiere venir a visitarme. A mi me engañaron cuando me dijeron que el calor de Madrid era insoportable y que podría empezar julio estando morena, o quizás es que algún ser divino me está castigando por pecar más de la cuenta.

El caso es que verano significa muchas cosas:

-Rebajas. La época de rebajas es una de mis épocas preferidas del año (en algún lado tendría que estar mi faceta girly) y la de verano me gusta más que la de Invierno, porque me gusta más la ropa de verano que la de Invierno y me motiva más comprarme vestidos y faldas que jerseys y leotardos.

- Ya me he ido a comprar bikini. Odio el proceso de comprar bikini, porque implica ir a la tienda y aguantar los comentarios de la dependienta rollo "-Tenemos talla más pequeña, ¿eh? - No, no, si es mi talla. - ¿Estas segura? (mirándome fijamente el pecho intentando encontrarlo analizarlo) - Sí, sí, no es mi primer bikini/sujetador (aguantándome las ganas de preguntarle que si le apetece tocar para emitir un juicio más fiable)". El caso que me gusta estrenar bikini. Bueno, me gusta estrenar cualquier prenda de ropa.

- Llevaba días enfadada porque pensaba que no iba a haber trenes Madrid-Alicante en julio, y hoy he descubierto que ya se pueden comprar para el nuevo Ave y a bastante buen precio. Dado que Alicante es mi lugar favorito en el mundo entero y que tengo muchas ganas de Low cost, el hecho de poder ir en tren es un punto a favor, así no me tengo que arruinar en billetes de avión (5 horas de autobús me parecen muerte y destrucción).

- (Re)encuentros, visitas y viajes, sumados a vacaciones. El año pasado no me fui a ningún sitio porque me dediqué a hacer cosas productivas y este tengo bastantes ganas de sol/playa/vestidosblancos (y piel que evoluciona de pálido muerta a blanco nuclear).

- Sol (quiero pensar que vendrá en algún momento para quedarse) y posibilidad de hacer deporte al aire libre = Felicidad absoluta. El calor también implica la posibilidad de comer golosinas congelables (flashes para el resto de mortales), una de las pocas comidas guarris que me gustan y que ksndjsfnjsfdjhbfdg.

- Tiempo para ver series. Este año quiero ponerme con Revenge, Suburgatory, Nana y terminar la tercera temporada de Juego de tronos. Además, la semana que viene vuelve Pretty Little Liars y True blood y eso me hace muy muy feliz porque me encanta True blood (a veces soy tremendamente simple, sí) y el mes que viene salen los tres capítulos especiales de Skins. Este año paso de proponerme ver películas. He llegado a la conclusión de que no aguanto tanto tiempo mirando fijamente una pantalla y ver películas me aburre, y este verano no quiero hacer nada que no me guste. Admito recomendaciones de series (ayer me enteré que mis preferidas se clasificarían como "guilty pleasures", así que si pueden ser de ese tipo, mejor).


[De pensar en todo esto, mientras escribía, me he olvidado de que aún quedan semanas de muerte y destrucción y de que siempre sucede algo que hace que (casi) todos mis planes salgan mal, pero por una noche me apetece ser optimista...]

7 de junio de 2013

(In)capacidad.

"¿Cómo que no eres capaz? Si conozco a alguien capaz, es a ti."

¿Capaz? Capaz, ¿de qué? - me pregunto-. Capaz de fingir. De fingir que todo va bien, de mantener el molde aparentemente estable mientras por dentro todo fluye y se desmorona. Desorden emocional escondido bajo capas de algodón y fibra sintética. Capaz de sonreír con los labios aunque lloren los ojos. De articular palabras y frases coherentes aunque tu cerebro te repita constantemente los mismos juicios de mierda. Capaz de odiarte sin que se note. De aprender teorías que no sabes llevar a la práctica. Probablemente, capaz de sobrevivir.
¿Y de qué sirve eso? Sobrevivir no es vivir por mucho que trates de fingir que sí lo es. Sobrevivir es salir adelante una y otra vez, es aguantar con recaídas constantes esforzándote en alcanzar la felicidad como realidad pero sabiendo que actualmente no es más que un reto. Incluso cuando te aferras a todo aquello que deberías valorar pero que no valoras, porque casi nunca es suficiente. Es fácil encontrar taras al mundo cuando sientes con frecuencia que tú misma eres un error. Capaz de todo y capaz de nada. Hablas de capacidad como si la vida sólo fuese eso, pero es que en verdad lo es. Y te odias a ti misma porque tu día a día no es tan distinto al que en realidad querías tener (no en realidades, sí en las sensaciones referentes a ellas) y aún así, no sabes ser feliz.


(Si el término dolor no estuviese tan manido y masticado, gracias a los nuevos románticos y demás dramaturgos dramáticos, significaría, por entero, lo que quiero expresar)
(La imagen y el texto del paréntesis las he robado de aquí)



6 de junio de 2013

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Rómpeme. Arráncame las expectativas de cuajo hasta que no quede nada. Muérdeme el corazón y sácamelo del pecho, que dice que no quiere latir y yo no quiero que lata tan fuerte que sienta que voy a explotar en mil pedazos convirtiendo en un imposible cualquier posibilidad de reconstrucción. Hazme el daño suficiente para que elimine de mi vocabulario la palabra confianza. Porque tú me enseñaste que existía y que no era la mentira más grande del mundo después de los Reyes Magos y yo me lo creí.
Podría tratar de cerrar los ojos como hace todo el mundo a mi alrededor cuando no quieren ver una realidad que les destroza, pero es que tú también me enseñaste a mantenerlos abiertos y me enseñaste a doler. Y ahora no sé cómo hacía antes para bloquearlo todo. Es como si me hubiera quedado desnuda y desarmada y no supiera cómo defenderme del mundo. No sé dónde está la salida y no sé si quiero encontrarla. Ni siquiera se me ocurren "ojalás" que conjugar. Sólo sé que quiero que el hermetismo sea algo más que una fachada o recibir los golpes suficientes para dejar de pensar. Ahora que soy la persona más débil del mundo podrías plantearte quizás lanzar un puñal más con la esperanza de que aprenda todo aquello que me enseñaste a desaprender: que es mejor ser de piedra y que "sentir" es esa palabra que siempre debemos evitar.


"¿Sabes? Toda mi vida me han dicho que me convertiré en una psicópata si no aprendía a sentir. Dime una cosa, Chery, ¿qué coño tiene de bueno sentir? ¿Por qué cuando me dejo llevar siento que me han arrancado el corazón?"