31 de enero de 2014

Que le jodan.


Que le jodan. Que le jodan al exceso de confianzas, a los que insisten y a los que hacen insistir. Que le jodan a subestimar a los demás, a la prepotencia, a la gente sin carácter, a la falta de ganas. A las camas demasiado grandes, a los sentimientos pequeños, a los que llaman amor a follar. Que le jodan a la cobardía, al no poder o no saber enfrentar los miedos. Que le jodan a juzgar, a hablar de más y preguntar de menos. Que le jodan a las distancias, a los cuerpos que no saben erizarse la piel pero siguen juntos por pánico al frío, a la necesidad, al conformismo. Que le jodan a todos aquellos que no dicen lo que piensan ni expresan lo que sienten, a los que se esconden en máscaras para no quedar de menos. Que le jodan al "que me llame él" cuando estás deseando escuchar su voz, al orgullo, a los protocolos, que les jodan a todos los estereotipos, a las putas que se disfrazan de princesas, a los que callan y a los que jamás cierran los ojos cuando besan. Que le jodan al invierno, a la magia que ya no hace efecto, a los que nunca sonríen y a los que aprietan los ojos para que no se note que están deseando romper a llorar. Que os jodan a todos, pero sólo hoy, que me he cansado tanto de la gente que sólo quiero alguna persona que no sepa que lo es, pero que lo sea.

23 de enero de 2014

Primera carta, tercera catástrofe.

He decidido escribir(te) para apagar mis ganas de llorar. Sé que es una tontería, sobre todo para mi que no creo en la suerte, pero no me la has deseado esta mañana, y tampoco la semana pasada. Y resulta que mis padres también se han olvidado, aunque luego se hayan disculpado por ello. Pero yo que sé. ¿Te acuerdas cuando te dije que no necesitaba a nadie? Quizás mentía un poco. Quizás.
Me he puesto a pensar y me he dado cuenta de que ya no nos decimos buenos días al despertar, ni siquiera con uno de esos besos comunes que se dan a todo el mundo. Que nos hemos acostumbrado tanto a las ausencias que parece que no importan. Y me está entrando uno de esos miedos horribles a convertirme en una desconocida más, un recuerdo del pasado o la nostalgia hecha persona, miedo a dejar de conjugarnos en presente o a que olvides cómo me quisiste a mi y no sepas qué contestar si la próxima también te pregunta "¿Pero más que a ella?". Sé que suena egoísta, y quizás debería desear que pudieses contestar un "Sí, mucho más", pero no estaría siendo sincera. A mi ego le gusta que titubees y no puedas responder, pero sepas con seguridad la respuesta. Supongo que en el fondo es lo que tenía que pasar. Eso de no saber de ti, que no sepas de mi y que no nos importe que alguna vez leí en algún sitio. Que sólo son días en los que me levanto un poco rota y me da por leer las cosas que me escribiste alguna vez y dejarme doler. Lo poco que sé del dolor lo aprendí rascándome en las heridas y disfrutándolo, entendiéndolo como se entiende un sentimiento, aguantándolo. El dolor nos hace fuertes. Igual por eso hoy me he puesto a mirar nuestras fotografías, pero sólo aquellas en las que salimos sonriendo, y he sonreído llorando, ya sabes. Y después me he puesto a escribir estas tonterías, que no son un "vuelve", ni un "quédate". Son más bien un modo de decirte que echo de menos todas mis primeras veces contigo. Solo eso. Nada más.

15 de enero de 2014

Invisibilidad.

Invisibilidad. Desaparecer por unos momentos. Sólo cuando el mundo parece asfixiarte. Cuando incluso los susurros se escuchan de forma muy fuerte en tu cabeza y las caricias ahogan. Cuando el contacto físico quema. Invisibilidad, volverme diminuta hasta dejar de existir cuando el mundo crea que conocer a alguien es simplemente verle sonreír. Si pudiera elegir un súper-poder creo que, sin duda, elegiría ese.

6 de enero de 2014

Queridos Reyes Magos...

Primero de todo, perdonad que sea tan poco original. Sé que últimamente todo el mundo os utiliza de excusa para contarle al mundo qué es lo que quieren ser, pero no se me ha ocurrido otra cosa mejor, así que tendré que empezar de este modo. Podría ser un poco hipócrita y pediros que acabéis con toda la pobreza del mundo; no digo que no me gustaría, pero no puedo pedir algo en lo que sólo pienso cuando ocurre algún tipo de catástrofe, así que no voy a pediros eso. También podría elegir como regalo terminar con toda esa gente que vive en las calles de Madrid; ahí sí, ahí sí me parto un poco cuando paso por su lado, pero para qué mentir, podría invitarles a mi casa y como mucho les doy un misero euro, dos a lo sumo, y casi siempre es para no sentirme culpable por ignorar las desgracias que me rodean. Voy a pedir algo para mi, porque como ser humano que me ha tocado ser, soy egoísta. Traedme un saquito de ganas para salir a buscar todo aquello que quiero encontrar. Ganas de ser valiente, ganas de ser capaz, ganas de entenderme a mi misma, ganas de tener ganas. Un saquito del que pueda tirar si en algún momento me faltan las fuerzas, me asusto y ni siquiera quiero salir corriendo. Y... a poder ser, un poquito de ilusión. Ya sabéis que soy especialista en eso de perderla, últimamente hasta me da miedo: es como ganar continuamente, pero no conseguir nada. Por desgracia, nunca es siempre la primera vez.  Ah, y si podéis, también haced que nunca deje de sentir mucho y muy fuerte, ni siquiera cuando lo deseé con todas mis fuerzas. Creo que no necesito nada más. Seguramente, no he sido lo suficientemente buena. He roto demasiado, he pensado poco y he follado más de lo que se considera correcto, pero siempre he sido fiel a mi misma. Espero que con eso os baste. Yo, por lo menos, creo que me lo merezco.

3 de enero de 2014

Hola, 2014.

Comencé el 2013 saltando al vacío para perderme entre sus piernas, y no me arrepiento. No me arrepiento aunque las cosas salieran mal, porque aprendí que el dolor existe en muchos formatos, y algunos llevan el nombre de otras personas. Fui incapaz de querer suficiente, o suficientemente bien,
y esto sólo se entiende cuando se vive de cerca. Quise mucho, mejor y peor, de manera desbordada,  caótica, como casi siempre, dejándome llevar, visitando precipicios en su cama, en la mía y en el suelo. Encontré malas compañías y me acerqué aún a sabiendas de que quizás estaba errando . Tampoco me arrepiento, no quiero nunca pertenecer a ese grupo de cobardes que dictan consejos desde las gradas. Vomité palabras, que es casi como decir, respiré. Me sentí vulnerable, desprotegida. Como quien es observado por dentro y se asusta y huye. Repercusiones de estar emocionalmente expuesto. Descubrí que, cuando estás demasiado arriba, sólo puedes caer. Y caí. Me ausenté, casi sin querer, como necesitando espacio para relacionarme conmigo misma, cortando mis relaciones con el resto. Me hice añicos, sangré por dentro y por fuera, sentí. Ví más cine que nunca, leí más que nunca. Me empapé de pensamientos de mentes desconocidas porque no conozco mejor forma de aprender. Que le jodan a todos los programas universitarios del mundo. Vida también es leer a Palahniuk una tarde de domingo. Corrí, me eché de menos y perdí la consciencia en más de una ocasión. Sufrí, mucho, demasiado. Quise resultar indiferente a los demás para poder hacer y deshacer a mi antojo. Pasé frío y no hubo abrigos, ni chaquetas, ni clavos a los que aferrarse. No supe agarrar las manos que me tendían y me dejé hundir hasta pisar fondo para coger impulso y salir a la superficie sola, como más me gusta hacerlo. Aprendí que, lo más bonito que nadie te puede decir es "Tú matarás monstruos por ti", pero no dejé de matarlos por el resto porque, a fin de cuentas, salvar a otros es siempre más fácil y menos arriesgado que salvarse a uno mismo. Me enfrenté a gigantes de dos metros, aún sintiéndome hormiga, y sobreviví, que no es como ganar batallas pero tampoco perderlas. Y así, sin darme cuenta, llegó el sol, la calma, los placeres de las noches de verano, el atardecer entre palabras y acordes al aire libre, las sonrisas sinceras, las ganas, el mar. Resucité entre las cenizas con tus manos en mis pechos y deseé congelar la pasión en una imagen, para por si. No querías estar conmigo, pero me besabas. Décimas partes nunca fueron buenas, pero sabían bien. "Conocí" a demasiadas personas, me agobié en más de una ocasión. Concluí que la vida, mi vida, la elijo yo. Y que no importa lo que piense el resto. Da igual que te admiren, que te quieran, que te odien, da igual que no te entiendan siempre y cuando tú sepas qué es lo que quieres hacer, cómo quieres hacerlo y con quién.
Empecé el 2014 ambiciosa, como siempre, queriendo cambiar el mundo aún a sabiendas de que quizás sea imposible, igual de bajita, menos cobarde, más fuerte. Escribiendo aquí, en el mismo sitio en que ya escribía allá por 2009. Remodelado, claro. Más grande, como yo. Pero el mismo sitio que, de alguna manera, se ha convertido en un pequeño hogar al que acudir cuando quiera, cuando el mundo se me quede grande. A este lugar en el que me desnudo algunas noches, algunas tardes y algunas mañanas. Supongo que, por eso, aunque resulte extraño viniendo de mi hoy me gustaría dar las gracias en general, porque de alguna manera los que leéis, los que comentáis, los que me escribís. Los que habéis intentado conocerme, y los que lo habéis hecho. Todos vosotros habéis ido haciendo que siempre termine volviendo a hablaros un poco del caos. Gracias.