28 de abril de 2014

Inevitable.

Bloqueos.
Los conozco, demasiado bien. Eso de no saber qué, cómo, dónde, con quién. Eso de no entender por qué. La incapacidad de identificar un sentimiento, lo de sentirse piedra (y aún así, romperse). Tal vez necesite tiempo para el auto-análisis. Instrucciones para la reconstrucción. Pero, ¿cómo voy a ordenarme si ni siquiera estoy convencida de estar desordenada? Ojalá fuera más sencillo eso de entenderse. Alguien me dijo que no hacía falta tener un destino para viajar, pero a veces sigo echándolo de menos. Ese lacito que cierre la cajita una vez que todo esté dentro, o ese punto y final de la historia que aún no se ha escrito.
A veces dejarse llevar es agotador.
Yo que sé. Hace tiempo que aprendí a entender eso de que todo tiene varios lados. Que te acuchillen te ayuda a entender que la sangre desaparece. El dolor no es más que un estado transitorio. Viajar sin rumbo y con los ojos cerrados. Improvisar. Dejarse sorprender. Pero renunciar a la seguridad de tener una cuerda a la que sujetarse, una cama en la que quedarte a dormir.
Pensar también es a veces agotador.
Y agotarse, inevitable.

1 de abril de 2014

(Maldito Abril)

Caos. 
Es mi palabra favorita del diccionario. 
Caos
Cuatro letras. Empieza por "C". Sonido suave. Puede pronunciarse lento. Profundo. Lento.
Caos. 
Cerrar los ojos, dejarse llevar. 
Caos. 
A veces me acuerdo de aquel día que me dijeron "Insegura, ¿tú?". Se me quedó grabado. Confirmé aquella teoría de que las apariencias engañan. Yo, que no sé de casi nada. Que puedo decir trescientas cosas de mi misma sin llegar a definirme del todo. Mencionar siete teorías diferentes de casi cualquier cosa, sin saber decantarme por una sola. Yo, que pruebo. Para aprender a fallar, pero mejor, para aprender a acertar. Que detesto los horarios pero siempre pongo el despertador. Yo, que no le doy importancia a las fechas pero algunas siempre las recuerdo. Que soy tan de coger manías que hasta detesto algunos meses, aunque no sean personas ni personajes. Maldito abril. Qué poco me gustas. Yo, que soy incapaz de guardar las formas, que no me callo lo que pienso, porque puestos a explotar, mejor hacia fuera. Yo, tan de todos, tan de nadie, tan mía. Sonrío, casi sin querer. Lloro más fuerte cuando intento evitarlo. Me pierdo a veces. Me encuentro siempre. Yo, que tiro los regalos que me hicieron todos los para siempre que no lo fueron más por evitar el dolor que por rabia. O quizás por las dos cosas. 
Caos. 
Yo, que escribo porque quiero, porque me apetece, porque me da la gana, porque necesito hacerlo. Yo, que no sé exactamente lo que quiero decir. 
Quizás quiera hablar de la impotencia que supone querer sin saber demostrarlo. Que te hagan dudar de si quieres o no lo haces. Quizás quiera hablar, de aquel maldito - y catastrófico - abril. De las noches que he pasado pensando en cómo habrían sido las cosas si las cosas hubieran sido de otra manera. 
Bah. 
Como si nunca hubiese dicho aquello de que los condicionales no existen. Como si, en algún momento, hubiera creído en ese maldito tiempo verbal.

Yo, "que nunca sabré a ciencia cierta cuál es mi canción favorita, 
porque siempre parece ser la anterior, o la siguiente, pero nunca
la que estoy escuchando"

Caos.

Quiero que vuelva febrero. Y la magia. Y julio. Y el calor.